España se ha erigido en los últimos años como un paraíso de la longevidad. Con una esperanza de vida media que supera los 84 años, según los datos más recientes del Instituto Nacional de Estadística (INE), nuestro país se corona como uno de los países donde llegar a ser centenario ya no es una cosa extraña. Hace solo medio siglo se situaba en los 73,4 años.
A falta de conseguir ese elixir de la inmortalidad, los científicos intentan averiguar qué tienen en común aquellas personas que llegan, e incluso superan, los 100 años. Son ellos quienes consiguen escapar, al menos parcialmente, de algunas de las enfermedades que suelen acompañar al paso del tiempo.
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Ahora, un amplio estudio internacional publicado en JAMA Network ha puesto el foco en una generación que podría guardar una pista importante: los hijos de quienes alcanzaron el siglo de vida. La pregunta que se plantearon los investigadores es sencilla, pero sus implicaciones pueden ser profundas: ¿hasta qué punto puede transmitirse una longevidad extraordinaria de padres a hijos?
La herencia de la longevidad
La investigación, coordinada por el Instituto para la Investigación en Envejecimiento de la Escuela de Medicina Albert Einstein, siguió durante periodos de hasta 29 años a 4.030 personas de Estados Unidos y Reino Unido. Los participantes procedían de tres grandes cohortes: LonGenity, el Estudio Centenario de Nueva Inglaterra y UK Biobank.
Para el estudio, los investigadores compararon a los hijos de centenarios con personas cuyos padres habían fallecido antes de los 85 años. Además de registrar sus enfermedades y causas de muerte, tuvieron en cuenta factores como el tabaquismo, el consumo de alcohol, la actividad física, la dieta, el nivel educativo y otras características sociodemográficas.
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Las diferencias comenzaron a aparecer con claridad al analizar la supervivencia. En el conjunto de las tres cohortes, los hijos de centenarios presentaron un 42% menos de riesgo de morir que el grupo de comparación. El análisis también calculó un retraso de aproximadamente 3,1 años en la edad media de fallecimiento.
Menos enfermedades del corazón, más años de vida
La ventaja no se limitaba a vivir algo más. También parecía traducirse en más años de vida sin algunas de las enfermedades más habituales del envejecimiento. De hecho, el riesgo de desarrollar enfermedad cardiovascular fue un 33% menor entre los descendientes de centenarios, mientras que el de sufrir hipertensión arterial se redujo un 32%.
En este último caso, la diferencia temporal resulta especialmente significativa: los hijos de centenarios desarrollaron hipertensión, de media, 5,21 años más tarde que los controles. En la cohorte británica, además, alrededor del 10% de los descendientes había desarrollado enfermedad cardiovascular, frente a aproximadamente el doble entre los controles.
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Los datos sobre ictus fueron algo menos concluyentes. Las cohortes estadounidenses mostraron una reducción del riesgo entre los hijos de centenarios, pero la diferencia dejó de ser estadísticamente significativa al incorporar los datos del Reino Unido. En cuanto al cáncer, el estudio tampoco encontró diferencias claras entre ambos grupos.
El secreto de los hijos de centenarios
¿Qué puede explicar esta ventaja? Los autores creen que la respuesta podría estar, al menos en parte, en la biología. Las diferencias se mantuvieron después de ajustar los análisis por distintos hábitos y circunstancias de vida, lo que apunta a que la genética y otros mecanismos biológicos podrían contribuir a una mayor resistencia frente al envejecimiento.
Eso no significa que los hijos de centenarios estén protegidos frente a las enfermedades ni que vivir mucho dependa exclusivamente de los genes. El entorno y los hábitos siguen teniendo un papel fundamental. Además, el estudio presenta algunas limitaciones: la mayoría de los participantes eran blancos, parte de los diagnósticos procedía de autoinformes y no fue posible controlar determinados factores de la infancia.
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Aun con estas cautelas, la coincidencia de los resultados en tres cohortes independientes refuerza la importancia del hallazgo. Para los investigadores, los descendientes de personas excepcionalmente longevas constituyen una auténtica ventana hacia los mecanismos que permiten envejecer más despacio y con mejor salud.
Descubrir qué hay detrás de esa ventaja podría tener consecuencias que vayan mucho más allá de las propias familias longevas. Si los científicos consiguen identificar los mecanismos que protegen frente a la hipertensión, las enfermedades cardiovasculares y la muerte prematura, podrían encontrar nuevas estrategias para retrasar el deterioro asociado a la edad. El objetivo final no sería simplemente vivir más, sino conseguir más años de vida saludable.
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