El Gobierno ha exhibido hasta ahora una defensa casi sin fisuras de Marruecos tras la entrada masiva de 72.000 migrantes a Ceuta. Entre todos los indicios difusos que han ido trascendiendo, el Gobierno llegó a aceptar como certeza que Rabat no tuvo nada que ver ni como causante ni por pasividad. “Marruecos no es ninguna amenaza, sino un socio absolutamente fiable”, afirmó Fernando Grande Marlaska a los pocos días del estallido de la crisis. Sus palabras serían secundadas por el presidente del Gobierno en una entrevista para Cadena Ser: “No hay ni una sola prueba que lo demuestre”, zanjó. Pero días después trascenderían dos informes policiales filtrados a la prensa que señalaron a las autoridades marroquíes como “guías” de la avalancha migratoria. Documentos que han puesto contra las cuerdas la versión oficial y que han hecho estallar la tensión social.
El presidente del Gobierno encaraba este jueves su comparecencia en el Congreso, donde estaba obligado a aclarar esta información. Y pese a todo, Sánchez ha seguido insistiendo en mantener cautela. “Tras haberlos examinado todos, ninguna información iba más allá del aviso rutinario”, afirmó el presidente del Gobierno en su intervención en el Congreso de los Diputados. No obstante, el presidente ha introducido en su discurso detalles que evidencian un cambio en el tono del presidente sobre la monarquía alauí.
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Lo que antes se mostró como certezas, ahora lo fía a las conclusiones que arroje la investigación de las autoridades y la Audiencia Nacional. “Si existieran esas pruebas sólidas, actuaríamos en consecuencia con total contundencia, como exige la situación [...] es evidente que después de lo ocurrido, esa cooperación tiene que ser diferente”.
En privado, fuentes gubernamentales han ido más allá de las palabras del presidente, reconociendo que no se puede esconder que “algo ha fallado”, desde el lado marroquí o español, cuando 72.000 personas logran cruzar de forma repentina en nuestro país. Nos tiene que hacer repensar nuestra estrategia de colaboración”, añadieron.
Como síntoma de esa falta de confianza, el Ministerio del Interior pidió a Frontex la extensión “permanente” de la operación Minerva de Frontex, desplegada en los puertos de Algeciras, Tarifa y Ceuta. Desde Moncloa sostienen que “todavía no hay un plan” para reformular el sistema de control migratorio, aunque anticipan que abordarán esa planificación en las próximas semanas.
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Durante su comparecencia, el presidente del Gobierno ha tenido que aguantar un chaparrón de críticas por parte de la oposición y de sus socios, quienes han seguido afeando la falta de crítica contra Rabat y el hermetismo del Gobierno en su diálogo diplomático. “¿Alguien puede creerse que entrasen 80.000 personas y Marruecos no lo supiese?”, se preguntó el portavoz de Compromís, Alberto Ibáñez.
La polémica sobre la reunión entre Albares y la embajadora marroquí
Durante su intervención, Sánchez ha tratado de demostrar un ejercicio de transparencia, prometiendo que desclasificaría el contenido de los informes del Centro Nacional de Inmigración y Fronteras y del CNI elaborados los días previos para demostrar que “ni la inteligencia, ni las ONGs, ni los think tanks” habían previsto la magnitud de la avalancha migratoria.
Sánchez revelaría además que el Gobierno sí protestó contra las reivindicaciones de los ministros marroquíes de Justicia, Abdellatif Ouahbi, y de Asuntos Islámicos, Ahmed Toufiq, sobre la soberanía o la “liberación” de Ceuta y Melilla.
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“Son declaraciones que, por supuesto, hemos rechazado y por las que convocamos al embajador marroquí el 21 de agosto”, afirmó. Hasta el momento se desconocía que se produjese dicha reunión, un hecho que desde la oposición han aprovechado para alimentar la idea de que el Gobierno trató de ocultarlo por “una precaución por interés personal”. Génova entiende que la decisión de convocar a la embajadora se entiende como un gesto político y que la decisión de ocultarlo evidencia que no quiere enfadar a Marruecos.
Una información publicada por La Razón horas después revelaría que la embajadora marroquí no se encontraba en España aquel día. Fuentes de Exteriores matizarían horas después que la reunión tuvo lugar con el encargado de negocios marroquí (número dos en la Embajada), ante la ausencia de la diplomática, que se encontraba “fuera de España”.
Desde el Ejecutivo se escudan en la necesidad de mantener la prudencia en las relaciones bilaterales, especialmente en un asunto de estas características. Moncloa ha tratado de quitar hierro al asunto señalando que Albares ya lo comunicó en su comparecencia en el Congreso y que Sánchez decidió dar más detalles sobre la cita “porque el PP preguntó por ella”.
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