A poco de cumplirse un mes de la entrada masiva de personas migrantes en Ceuta, la ciudad autónoma sigue sin recomponerse del impacto de una crisis humanitaria que ha dejado 141 muertos, según la ONG Caminando Fronteras, y un clima de inseguridad entre los ceutíes. Mientras cientos de personas siguen durmiendo en las calles, el Gobierno todavía no ha ofrecido cifras oficiales del número real de migrantes que continúan en la ciudad.
Hace una semana, la ministra de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones y portavoz del Gobierno, Elma Saiz, anunció el despliegue de cuatro dispositivos temporales de atención humanitaria para acoger a cientos de personas que llevaban casi tres semanas durmiendo a la intemperie en las playas y las calles de Ceuta. Estos campamentos, con capacidad para unas 1.800 personas, ofrecen comida, aseo, catres y un lugar para cargar los móviles, pero las condiciones, denuncian asociaciones como la de Elín, todavía son mejorables y son muchos quienes todavía no tienen acceso a un asilo.
Las condiciones de hacinamiento en la ciudad autónoma no solo preocupan a ONGs, también a los sanitarios. Ante la detección de casos de sarna, tuberculosis, varicela o gastroenteritis, el líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, ha reclamado al Ejecutivo central el confinamiento de Ceuta por “riesgo sanitario”. Sin embargo, la ministra de Sanidad, Mónica García, ha recordado que las competencias sanitarias de la ciudad corresponden al gobierno del presidente Juan Jesús Vivas y que la medida tendría un calado “injustificado y totalmente desmesurado”.
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Los expertos en epidemiología también se posicionan en contra del confinamiento de la ciudad en tanto que “no es una medida habitual en el control de enfermedades transmisibles, y menos aún en la sarna o la tuberculosis”. El vicepresidente de la Sociedad Española de Epidemiología (SEE), Pello Latasa, insiste en una entrevista con Infobae en que las personas migrantes que llegan a los países ricos suelen ser “personas jóvenes y sanas que han sobrevivido a unas trayectorias migratorias traumáticas y peligrosas”.
El pasado mes de junio, el Ministerio de Sanidad publicaba el informe Estado de salud y uso del sistema sanitario por la población migrante en España, en el que se revelaba que la población migrante estaba más sana y consumía menos recursos sanitarios que los españoles. Los datos mostraban que la población autóctona presenta mayor prevalencia en 16 de las 21 patologías con mayor impacto en gasto y presión asistencial, además de consumir un 62% más de medicamentos que la africana y cerca de un 50% más que la latinoamericana.
Cuándo podría decretarse el confinamiento en Ceuta
El epidemiólogo matiza que los casos de sarna, tuberculosis o gastroenteritis registradas “entran dentro de lo esperado”. “En situaciones de crisis humanitaria, donde muchas personas tienen carencia de servicios básicos de alojamiento, agua y saneamiento, las patologías más frecuentes son principalmente enfermedades de la piel, respiratorias y digestivas”, cuenta. Por ello, recuerda que “el principal riesgo no está en las personas, sino en las condiciones en las que son obligadas a vivir”. Además, Latasa pone el foco en brindar una protección reforzada a las mujeres y las niñas, un grupo de especial riesgo de sufrir violencia de todo tipo.
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Ante este escenario, Latasa sostiene que el confinamiento se podría plantear para enfermedades en las cuales no hay alternativas eficaces, como diagnósticos, tratamientos o vacunas, como fue el caso del coronavirus. En el caso de Ceuta, “las enfermedades no cumplen estas condiciones y sí que hay tratamientos y alternativas”.
Qué hay tras los casos de sarna y tuberculosis
Para Latasa, “la enfermedad más preocupante es la estigmatización y la discriminación de las personas” alimentadas ambas por la desinformación. En cuanto a la tuberculosis, son tres los casos detectados; uno de ellos ya venía con tratamiento y no era contagioso; el segundo se trataba de una tuberculosis cerebral (tampoco podía infectar); y el tercero “era una persona presente en Ceuta desde antes que estaba sometida a un proceso diagnóstico desde hace tiempo y que ha iniciado tratamiento”, asegura García en un mensaje publicado en X.
Solo la tuberculosis pulmonar tiene la capacidad de contagiar, pero una vez se empieza el tratamiento, a las dos semanas deja de ser infecciosa. Además, el epidemiólogo matiza que, aunque la transmisión sea vía respiratoria, esta requiere que dos personas tengan un contacto muy estrecho, como compartir un espacio cerrado durante seis horas. Por ello, el confinamiento “no es una medida eficaz”.
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De forma similar ocurre con la sarna, puesto que esta enfermedad cutánea se transmite por un contacto estrecho, piel con piel, o por el contacto de las sábanas que haya utilizado la persona infestada. Como con la tuberculosis, “una vez que se trata, deja de ser contagiosa”. El tratamiento consiste en aplicar una pomada sobre la piel y en lavar la ropa y las sábanas. El número de casos detectados a raíz de la crisis en Ceuta es indeterminado. Entre 2021 y 2023, se detectaron 1529 brotes de sarna, con un total de 11301 casos en España; estos datos se recogen en un estudio publicado el año pasado en Eurosurveillance que señalaba que la sarna está mucho más presente de lo esperado.
Vacunar a la población migrante, clave para evitar brotes epidémicos en Ceuta
Este lunes, el Ministerio de Sanidad y las comunidades autónomas han acordado en una reunión de urgencia de la Comisión de Salud Pública el envío de 15.000 dosis de triple vírica (para prevenir el sarampión, la rubéola y la parotiditis), 10.000 de difteria-tétanos, 10.000 de varicela y otras 10.000 de polio a la ciudad autónoma. Aunque García niega que exista una “emergencia de salud pública”, la llegada de estos medicamentos entra dentro del marco de actuación para la prevención y para “garantizar unas condiciones dignas para las personas migrantes”.
La importancia de las vacunas radica, precisamente, en la protección que ofrecen ante patologías fácilmente transmisibles en ámbitos de crisis humanitarias, como es el sarampión. “Por eso se plantea la triple vírica, como también la vacuna de difteria-tétanos, porque en los últimos años ha habido un aumento de casos en varios países africanos”, así como con la polio, puesto que estas personas pueden venir de lugares donde los programas de vacunación no llegan a toda la población.
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El envío de las vacunas no solo cumpliría esta función de preservar la salud de las personas, sino también la de evitar el colapso del sistema sanitario por brotes epidémicos. Más allá de la puesta en marcha de esta vacunación de campaña y de emergencia, “estas personas podrán acceder a atención primaria en servicios sanitarios y actualizar su calendario vacunal”.
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