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La odisea de volver a España tras emigrar: “La vida seguía y yo quería estar cerca de mi familia y amigos”

El 75% de los jóvenes españoles residentes en el extranjero tiene la intención de regresar, pero “volver es bastante más complejo que irse”

La cordobesa Sandra Navas, quien emigró de España con 24 años y regresó tras ocho años viviendo en el extranjero. (Imagen Cedida)

Corría el año 2011 y España estaba sumida en una profunda crisis económica. Para la cordobesa Sandra Navas, de 24 años y diplomada en Audición y Lenguaje, el horizonte profesional en su tierra era gris y sentía que el mercado laboral la asfixiaba. “Necesitaba aire fresco y apostar por crecer fuera”, recuerda. Dejó su empleo en la Asociación Síndrome de Down de Córdoba, metió su vida en una maleta y se marchó a Inglaterra. Lo que no sabía era que ese viaje de ida duraría ocho años y la llevaría a encadenar residencias en tres países: Reino Unido, Polonia y Holanda.

La historia de Sandra no es un caso aislado. De hecho, el estudio Trayectorias del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones demuestra que la emigración juvenil tiende a consolidarse a largo plazo: un 24,6% de los jóvenes nacidos en España lleva fuera de tres a cinco años, mientras que el 24,1% acumula ya entre seis y diez años en el extranjero. Es precisamente al superar esta barrera temporal cuando el arraigo y el deseo de emprender el camino de vuelta empiezan a ganar fuerza.

Con el objetivo de dar respuesta a esta realidad, nació la plataforma Volvemos. Su director, Diego Ruiz del Árbol, quien lleva una década ayudando a los emigrantes a regresar a España, matiza que la radiografía del retornado ha evolucionado: “El patrón genérico actual es una persona de entre 40 y 45 años que ha pasado de cinco a diez años fuera, normalmente en Reino Unido, Alemania, Francia o Estados Unidos. Les va bien a nivel profesional y ganan dinero, pero quieren volver por motivos puramente personales”.

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“Me estaba perdiendo demasiadas cosas”

Para Sandra, el “clic” que le hizo querer regresar ocurrió a finales de 2019, tras ocho años fuera. Profesionalmente, había crecido al formarse en Recursos Humanos, ADE y gestión de proyectos, saltando con éxito del sector financiero al filantrópico. Sin embargo, sentía que su etapa internacional ya había cumplido un ciclo. “Me estaba perdiendo demasiadas cosas de mis amigos y de mi familia; la vida seguía aquí y yo quería estar cerca”, subraya. Además, sentía que había recorrido el continente, pero apenas conocía su propio país.

Los extranjeros en España viven muchos choques culturales cada día.

Esa necesidad vital de volver a las raíces no es un impulso individual. De hecho, según refleja el mismo informe, el 75% de los jóvenes españoles residentes en el extranjero tiene la intención de regresar a España. Sandra personifica a ese amplio porcentaje de la juventud en el exterior que, a pesar de haber logrado la estabilidad fuera, decide regresar.

“Volver es bastante más complejo que irse”, advierte Ruiz del Árbol desde su propia experiencia como retornado tras una década en Berlín. El experto compara los momentos vitales de la migración: “Cuando te vas con 27 años, como hice yo, la vida es más sencilla: no tienes propiedades, ni pareja, ni hijos; dejas el trabajo y te marchas. Pero al regresar, la mochila pesa mucho más”.

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Es en ese viaje de vuelta donde surgen los verdaderos obstáculos. Según detalla Ruiz del Árbol, los emigrantes a menudo se enfrentan a realidades complejas como familias multiculturales, casas compradas en el extranjero, trámites de extranjería o densas gestiones fiscales. Encontrarse desamparado ante este escenario cuando quiso planificar su propio regreso de Alemania fue, precisamente, el detonante que le impulsó a fundar la plataforma Volvemos.

Por su parte, Sandra empezó a rastrear recursos en internet hasta que descubrió esta red de apoyo: “Me fascinó que existieran. Me sentí muy arropada en todo momento”. Con esa guía, regresó a España en diciembre de 2019 con una confianza ciega, convencida de que su currículum haría que encontrar trabajo en casa fuera “pan comido”. Sin embargo, apenas dos meses después de su aterrizaje, el mundo entero se detuvo por la pandemia.

Choque cultural inverso: extraños en su propia casa

Aunque en lo laboral triunfó —lleva seis años en la misma compañía—, su verdadero desafío fue invisible y psicológico: el choque cultural inverso. Nada más aterrizar en Madrid, la cordobesa sintió esa desubicación: “Al principio te sientes rara. Mis amigos usaban expresiones de moda y yo pensaba: ¿Por qué hablan así?”, relata con humor, admitiendo que se sentía “descolgada de la actualidad diaria del país”.

Su adaptación a la estricta organización holandesa hizo que el regreso a las costumbres españolas la descolocara. En los Países Bajos, cualquier cita se planeaba con semanas de antelación: “Aquí vuelves y te dicen: ‘¿Nos tomamos una caña en media hora?’”, relata. También le sorprendía que la gente sonriera tanto por la calle y, sobre todo, que el volumen general fuera tan alto. Incluso volver a escuchar español a todas horas en su entorno se le hacía una experiencia “extrañísima”.

Esta sensación tiene una explicación. “El choque cultural inverso ocurre porque, inconscientemente, el emigrante piensa que regresa exactamente al mismo lugar que dejó”, detalla Ruiz del Árbol. “Piensa que el bar de la esquina seguirá abierto y que sus amigos harán lo mismo. Al pisar tierra, se da cuenta de que ese lugar ya no existe, que su entorno ha madurado diez años y que él mismo se ha ‘aculturado’ al país de adopción. Ya no eres un nativo allí, pero en tu origen eres un extraño”.

La cordobesa Sandra Navas, quien emigró de España con 24 años y regresó tras ocho años viviendo en el extranjero. (Imagen Cedida)

Casi tres millones de españoles fuera de España

Pese a las barreras iniciales, Sandra se adaptó rápido y el teletrabajo le permitió mudarse de Madrid a su Córdoba natal. “Volver fue un acierto total, no me volvería a ir”, afirma. Su consejo para quienes dudan en salir es que “lo hagan sin miedo por lo que aporta”; y para los que desean regresar, lo tiene claro: “Que no dejen de perseguirlo, porque qué bonito es traer lo aprendido fuera y nutrir a tu tierra”.

La experiencia de Sandra ha tenido un final feliz, pero desde Volvemos recuerdan que el éxito del retorno sigue dependiendo del esfuerzo y la resistencia individual, debido a la falta de una implicación institucional estable en España: “Aquí las políticas de retorno parecen setas en otoño: aparecen en una comunidad autónoma, se desmontan cuando cambia el equipo de gobierno y se montan en otra”.

“Todavía no se tiene la conciencia de que hay casi tres millones de españoles que viven fuera de España y que son españoles de pleno derecho. Hay que legislar también para ellos”, asegura el director de la plataforma. Mientras esa legislación llega a las instituciones, miles de emigrantes demuestran cada día que el camino de regreso es, ante todo, una valiente reconstrucción de la propia identidad.

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