La oclusión de la arteria basilar es una de las formas más graves de ictus isquémico. Aunque representa alrededor del 10 % de los ictus provocados por la obstrucción de una gran arteria, se encuentra entre los que presentan mayores tasas de mortalidad y discapacidad. Ahora, un equipo del Hospital Universitario de Bellvitge ha desarrollado y validado de forma preliminar una nueva herramienta, denominada bTICI, que permite evaluar con mayor precisión qué regiones de la parte posterior del cerebro recuperan el flujo sanguíneo después de una trombectomía mecánica.
El estudio, liderado por el doctor Antonio López-Rueda, neurorradiólogo intervencionista del Servicio de Diagnóstico por la Imagen del Hospital de Bellvitge, se ha publicado en la revista Radiología, de la Sociedad Española de Radiología Médica (SERAM). La trombectomía mecánica permite retirar mediante un catéter el coágulo que bloquea una gran arteria y restablecer el flujo sanguíneo en pacientes en los que está indicada. Para medir la eficacia de la reperfusión, los profesionales sanitarios utilizan desde hace años la escala internacional mTICI.
Sin embargo, esta herramienta fue diseñada para valorar los ictus que afectan a la circulación anterior, principalmente la arteria carótida interna y la arteria cerebral media, y no específicamente los provocados por una oclusión de la arteria basilar. “Las escalas que utilizamos están descritas para la circulación anterior, pero no para la oclusión de la arteria basilar. En la circulación posterior, hablar de reperfusión parcial es demasiado inespecífico y resulta difícil de interpretar”, explica el doctor López-Rueda.
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La principal limitación de la mTICI es que no permite distinguir con suficiente precisión qué estructuras permanecen sin irrigación. “Clínicamente, no es lo mismo dejar sin irrigación una parte del cerebelo que una zona vital como la protuberancia o el mesencéfalo, que forman parte del tronco del encéfalo. La mTICI no distingue con suficiente precisión entre estas estructuras críticas, y eso limita su capacidad para predecir si el paciente tendrá una buena recuperación funcional”, añade.
Diez puntos para valorar las zonas recuperadas
La nueva escala bTICI asigna una puntuación de 0 a 10 según las áreas cerebrales que han recuperado el riego sanguíneo. El sistema otorga distinto peso a cada región: la falta de irrigación adecuada en la protuberancia o el mesencéfalo, estructuras del tronco del encéfalo vinculadas a funciones vitales, supone una penalización de dos puntos. En el caso del tálamo, el lóbulo occipital o el cerebelo, se resta un punto.
“Esta escala permite conocer no solo cuánta irrigación se ha recuperado, sino también en qué zonas del cerebro. Esta diferencia es importante para estimar mejor el pronóstico del paciente”, explica el especialista.
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Para evaluar la herramienta, el equipo analizó retrospectivamente los datos de 98 pacientes tratados en Bellvitge entre 2014 y 2023. Después de tener en cuenta factores como la edad, la gravedad del ictus y el nivel de conciencia, una puntuación bTICI de 7 o más se relacionó con casi diez veces más probabilidades de alcanzar un buen estado funcional a los 90 días. En cambio, el criterio empleado habitualmente por la mTICI para determinar una reperfusión satisfactoria no mostró esta asociación.
Según los investigadores, se trata de la primera escala publicada específicamente diseñada para valorar mediante angiografía la reperfusión de la arteria basilar después de una trombectomía mecánica.
Validación en hospitales de toda España
Los resultados son todavía preliminares. Además, el estudio se realizó en un único centro y de forma retrospectiva, por lo que será necesario confirmar los hallazgos con un número mayor de pacientes antes de incorporar la bTICI de manera generalizada a la práctica clínica.
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Con este objetivo, el equipo del Hospital Universitario de Bellvitge ya ha iniciado una validación multicéntrica en varios hospitales españoles para el que esperan tener resultados a principios de 2027. “Creemos que esta escala tiene potencial para incorporarse a futuros ensayos clínicos y a la práctica clínica habitual”, concluye el doctor López-Rueda.