La tasa de desempleo de los trabajadores de entre 15 y 24 años se sitúa en el 15,1% en la zona euro, más del doble que la tasa general, mientras el mercado laboral del bloque mejora para el resto de la población activa. El Banco Central Europeo ha publicado recientemente un análisis que examina por qué los jóvenes se están quedando atrás y, sobre todo, qué papel puede estar teniendo la inteligencia artificial —la gran supuesta amenaza— en ese proceso.
El informe, incluido en el Boletín Económico número 5/2026 del BCE, deja clara la magnitud de la brecha. Entre el primer trimestre de 2023 y el mismo período de 2026, la tasa de paro de la zona del euro para el conjunto de trabajadores bajó 0,3 puntos porcentuales, hasta el 6,3%. La tasa juvenil, en cambio, subió hasta el 15,1%, 0,6 puntos por encima de su media de 2023. La ratio entre ambas cifras pasó de 2,1 a 2,4, lo que significa que un joven tiene hoy 2,4 veces más probabilidades de estar desempleado que un adulto.
La distancia no se explica solo por el desempleo. La población activa juvenil creció apenas un 0,5% en ese período, frente al 2,6% del conjunto de la población activa. La tasa de actividad de los jóvenes —es decir, los que buscan trabajo o lo tienen— cayó 0,8 puntos porcentuales, cuando la del resto aumentó en una magnitud similar. En otras palabras: muchos jóvenes han dejado directamente de buscar empleo.
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¿Por qué les afecta más?
Una parte de la respuesta es estructural y bien conocida. El BCE recuerda en su análisis que los trabajadores jóvenes “tienden a ser los primeros en ser despedidos en fases recesivas debido a su menor antigüedad en el puesto y a la mayor incidencia de los contratos de duración determinada y de otras formas de empleo precario”. Cuando la economía frena, los jóvenes acusan el golpe antes y con más intensidad que cualquier otro grupo de edad.
Y la economía de la zona del euro lleva frenando desde 2023. El PIB del bloque no experimentó cambios en el primer trimestre de 2026. La demanda de mano de obra lleva trimestres descendiendo. En ese contexto, la creación de empleo juvenil pasó de ser vigorosa a mediados de 2023 a tornarse negativa en los últimos trimestres. El BCE considera que parte de esta caída es un proceso de reequilibrio normal tras un período de contratación inusualmente intensa en los años posteriores a la pandemia. Pero hay algo más que el ciclo económico.
La huella de la IA en los sectores del conocimiento
El análisis del BCE pone el foco en los sectores que, en principio, deberían ser los más atractivos para los jóvenes con mayor formación: las tecnologías de la información y la comunicación (TIC), los servicios financieros y los servicios profesionales. Son precisamente los sectores más expuestos a la automatización de tareas cognitivas, y los datos muestran caídas del empleo juvenil que van más allá de lo que explicaría la debilidad económica general.
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Entre el primer trimestre de 2023 y el mismo período de 2026, el empleo de los trabajadores jóvenes cayó un 18,6% en las TIC, un 5,3% en los servicios profesionales y un 3,1% en los servicios financieros. El BCE aplica la llamada ley de Okun —una herramienta estadística que relaciona el empleo con el crecimiento económico— para separar lo que se explica por el ciclo de lo que no. En el caso de las TIC, los resultados apuntan a “una moderación que se extiende más allá de la evolución cíclica actual”. Dicho de otro modo: incluso descontando que el sector tecnológico atraviesa un mal momento, la caída del empleo juvenil en las TIC es más pronunciada de lo que los datos económicos justifican.
Es ahí donde entra la pregunta sobre la IA. El BCE la formula sin rodeos en su boletín: “Una hipótesis que se plantea con frecuencia es que los avances en la IA están acabando con puestos de trabajo que servían de entrada al mercado laboral, limitando las oportunidades de empleo de los trabajadores jóvenes”.
Lo que dicen los estudios, y lo que aún no se sabe
Varios estudios recientes apuntan en esa dirección. Investigaciones de Brynjolfsson, Chandar y Chen (2025), de Dominski y Lee (2025) y de Massenkoff y McCrory (2026) aportan evidencia compatible con un impacto adverso de la IA generativa sobre el empleo juvenil en Estados Unidos. Otra investigación, de Lambert y Schindler (2026), atribuye la menor contratación al inicio de la carrera profesional al aumento del trabajo a distancia más que a la IA.
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El BCE, con la prudencia que se espera de la institución, no zanja el debate. “La evidencia empírica aún no permite atribuir este patrón específicamente a la IA generativa o al trabajo en remoto”, concluye el informe. Lo que sí advierte es que el fenómeno requiere seguimiento: “Es necesario seguir de cerca estos desarrollos a medida que la IA generativa vaya madurando y sus efectos en el mercado laboral se vayan haciendo más evidentes”.
La paradoja es que los propios jóvenes europeos con mayor nivel educativo no ven la IA como una amenaza, al menos en las encuestas. Los datos del BCE muestran que tienden a valorar de forma mayoritariamente positiva su impacto en sus perspectivas laborales. Y las empresas que invierten en IA declaran un mayor crecimiento del empleo.
Pero esa valoración optimista choca con otra realidad: en la encuesta del BCE sobre expectativas de los consumidores de octubre de 2025, el 23% más de jóvenes universitarios sin empleo considera que ahora es un mal momento para buscar trabajo, frente a los que consideran que es un buen momento. Su queja principal no eran los salarios ni la situación económica general, sino la escasez de oportunidades laborales adecuadas.
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El sector industrial también muestra señales de deterioro del empleo juvenil que van más allá de lo cíclico, según el análisis estadístico del BCE. La imagen que emerge es la de un mercado laboral que se reorganiza a una velocidad que los jóvenes, especialmente los más cualificados, tienen dificultades para seguir.