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Cómo han ayudado los eclipses solares a la ciencia, según un físico: “Más de un siglo después, sigue siendo la ley que gobierna el universo”

El seguimiento de los eclipses totales de sol comenzó cuando Edmond Halley logró predecir por primera vez uno gracias a la Ley de Gravedad de Newton, reemplazada años más tarde por una teoría de Einstein al quedar, paradójicamente, obsoleta

El Superodenador de La Palma anticipa cómo será la corona solar del eclipse total del próximo 12 de agosto (MICIU)

El eclipse solar total es uno de los fenómenos más fascinantes para el ojo humano, sobre todo porque, paradójicamente, no es nada recomendable mirarlo directamente. La curiosidad que surge en esos pocos segundos de oscuridad ha hecho que, tanto españoles como extranjeros, se hayan desplazado hasta la franja de sombra en la que se podrá vivir plenamente este fenómeno el próximo 12 de agosto.

Además, esta es la primera oportunidad de miles de españoles para verlo por primera vez, ya que el último eclipse solar total que se pudo presenciar dentro de las fronteras españolas tuvo lugar en 1959 en las islas Canarias, lo que aumenta la expectación. Aunque ya todos somos casi expertos en todo lo que tiene que ver con este evento astronómico, lo cierto es que detrás de este fenómeno se esconden bastantes historias y curiosidades que muy pocos conocen.

Ante esta situación, José Edelstein, físico teórico argentino y profesor en la Universidad de Santiago de Compostela, ha compartido algunos de los datos más interesantes de los eclipses con Infobae y ha explicado cómo su estudio ha contribuido a los avances científicos. Según el experto, uno de los más recordados es el eclipse solar de 1919, pues permitió que el nombre de Albert Einstein se hiciera mundialmente reconocido al confirmar la ley de la relatividad.

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Jose Edelstein, físico teórico, habla sobre las claves de los eclipses solares (Cedida)

Y es que esta es la teoría que, “hasta el día de hoy, más de un siglo después, sigue siendo la que gobierna el universo en gran escala”, remarca el físico. Hasta ese momento, era la gravedad de Newton la que ofrecía explicaciones satisfactorias para los movimientos dentro del sistema solar. No obstante, “cuando uno mira el universo en gran escala, su tamaño, su evolución en el tiempo, falla de forma tremenda”, sostiene el experto. En pocas palabras, “no predicen nada de lo que observamos de la historia del universo, del Big Bang, la expansión, y mucho de lo que es la ciencia de hoy”.

La primera vez que se pidió ayuda ciudadana

Aunque el eclipse de 1919 ha sido uno de los más determinantes para el avance científico, antes hay que preguntarse otra cosa: ¿en qué momento se supo que estos fenómenos podrían contribuir a la ciencia? Edelstein explica que “cuando Newton escribió la Ley de Gravitación Universal, se produjo la primera predicción de un eclipse”, lo que supuso un gran paso para la física. A pesar de que “había predicciones de eclipses antiguas, la primera vez que se pudo predecir como ahora estamos acostumbrados la hizo Edmond Halley con esta ley”, añade el investigador.

Una vez marcó una fecha en el calendario, 3 de mayo de 1715, solicitó a la población local que transmitiera si lograba verlo, sentando las bases de la ciencia ciudadana. “Fue la primera vez que se le pidió a la población de tales lugares que estuviera atenta y que, por favor, lo registrara si lo ve o no lo ve para confirmar la predicción”, afirma el físico.

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El mapa mundial ilustra la trayectoria del eclipse solar de 1919 y los puntos de observación en Sobral, Brasil, y la Isla de Príncipe, África, fundamentales para las pruebas de la teoría de Einstein. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Después de este hallazgo llegó uno mucho más impresionante: el de 1919. “La confirmación de que estaba mal [la teoría de Newton] vino inicialmente con una de las predicciones que tiene la relatividad general, que es que la luz, cuando pasa cerca de un cuerpo masivo, la luz cae”, determina.

Así, gracias a la cobertura de unos investigadores británicos que se desplazaron hasta la ciudad de Sobral en Brasil y la isla de Príncipe en el golfo de Guinea, se confirmó que esta “no cae como una manzana, porque la luz siempre va a la velocidad de la luz”. Más bien, lo que sabemos ahora que ocurre es que “en general, cuando la luz pasa cerca de un cuerpo masivo, se desvía un poco y continúa su camino, pero desvía su trayectoria”, relata Edelstein.

Descubrir esto solo fue posible gracias a los eclipses solares totales, que oscurecen el cielo y permiten detectar estrellas cercanas al Sol. “Si el sol se interpone entre las estrellas y mi ojo, la luz se va a desviar. Entonces, voy a ver como si la estrella se hubiera cambiado de lugar. Lo que parece ocurrir es que las estrellas se alejan, como si se agrandaran, como si yo pusiera una lente y agrandara una figura”, explica el físico.

Negativo y positivo del eclipse de Sol de 1919, obtenido por Sir Arthur Eddington en la expedición (Wikimedia Commons, Philosophical Transactions of the Royal Society of London)

De esta expedición guardamos hoy una de las primeras fotografías a un eclipse: “Fue muy complicado, una aventura casi épica, pero se logró observar que las estrellas se alejan del Sol, como predice la teoría de la relatividad general”. El impacto de estas imágenes lo cambió todo para Albert Einstein. “No es ninguna exageración decir que Einstein ese día, cuando se anunció ese resultado al mundo, pasó a ser la persona que todos conocemos y de no poder salir a la calle, de que lo pare la gente en la calle”, determina Edelstein.

Es más, “hasta el día anterior era un físico muy relevante, muy importante y lo iban a llevar al Premio Nobel poco después. Pero ¿quién conoce un premio Nobel?”, reflexiona el físico.

Otros avances clave para la ciencia

Más allá de la relatividad, los eclipses solares han propiciado otros hallazgos científicos de gran relevancia. El 18 de agosto de 1868 “por un eclipse se descubrió el helio”, avanza Jose Edelstein. Este es el segundo elemento de la tabla periódica y es “muy sencillo”. Sin embargo, también es “el segundo más abundante del universo” y no fuimos capaces de verlo antes. En palabras del experto: “No se descubrió en la Tierra, sino inicialmente en el cielo”, destaca.

Este hallazgo se debe a la investigación del astrónomo francés Pierre Janssen, tras observar la corona solar amarilla con un espectroscopio en la India. No obstante, no fue Janssen el que bautizó al elemento, sino que fue el inglés Norman Lockyer quien se dio cuenta de que era un elemento nuevo y lo llamó helio por el dios griego del sol.

Por otro lado, los eclipses también permitieron avanzar en el estudio de la radiactividad y de las partículas que llegan a la Tierra desde el espacio. “En 1912 se descubrió que, si uno tomaba medidores de radiactividad en la Tierra, en cualquier lugar, medían radiactividad”, explica Eldestein.

En ese instante, “la gente estaba convencida de que eran las piedras, que era la tierra a través de piedras, que es cierto, hay piedras radiactivas”, relató el físico. Pero experimentos realizados en diferentes altitudes, incluso durante eclipses, demostraron que la radiactividad aumentaba lejos del suelo, lo que llevó a identificar el origen cósmico de parte de esa radiación.

De este modo, “en 1912, un señor llamado Victor Hess, en un eclipse de Sol, justamente observó que no era el Sol el culpable, porque el Sol estaba tapado por la Luna”, aclara el físico. Y es que “si el Sol está tirando partículas de algún tipo, en el eclipse la Luna me la está tapando y, sin embargo, yo sigo midiendo la misma radiactividad”, agrega.

Jose Edelstein, físico teórico, habla sobre las claves de los eclipses solares (Cedida)

¿Hay algún frente abierto en la ciencia que pueda investigarse este 12 de agosto?

Aunque en el siglo XX los eclipses han sido momentos críticos de los que extraer información útil, “hoy, quizá no sea tan aprovechable”, opina el experto. Al final, “mucho de lo que hemos hablado ya lleva décadas o incluso más de un siglo”. A pesar de ello, el físico subraya que se mantienen líneas de investigación activas, especialmente en el análisis de la atmósfera terrestre y el comportamiento de los animales durante el fenómeno.

Del mismo modo que los biólogos pueden estar estudiando “comportamiento animal en el momento del eclipse”. El interés aguarda en los cambios de conducta que se presentan en distintas especies cuando la luz y la temperatura varían de forma abrupta. “Un animal ante el cambio se asusta. Entonces, en cuanto empieza a ver una luz rara, la temperatura empieza a cambiar y no era lo que ocurre habitualmente; los animales se buscan esconder o tienen comportamientos que son muy magnificados comparados con el de un ser humano”, indica Edelstein.

De hecho, numerosas organizaciones se han organizado para continuar con estas líneas de estudio este 12 de agosto. Por una parte, la Federación de Asociaciones Astronómicas de España (FAAE) ha lanzado un globo sonda desde Palencia que “recogerá datos del Sol que nunca antes se habían obtenido”, ha expresado el responsable de AstroParedes, Alberto Andrés, para EFE. El objeto volará a 38 kilómetros de altura para llegar hasta la estratosfera. Mientras que el proyecto ECOECLIPSE colocará 300 grabadoras en distintos puntos de la franja para obtener el sonido de aves y murciélagos durante el eclipse total de sol y comprobar cómo les afecta.

Al final, como indica Edelstein, la ciencia ha viajado “con barcos a la mitad del Pacífico, a la Antártida, para observar eclipses uno tras otro”. Y este no va a ser una excepción. Para el experto, “toda esta ciencia es muy bonita. Hay miles de historias espectaculares”. Y es que estos eventos no solo han servido a la ciencia, sino que “han parado guerras, han servido a Colón para evitar que lo enjuiciaran, han permitido medir problemas complejos en la navegación”, añade.