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Los 427 km de tuberías de menos de 10 centímetros que hay en París y se usaban para mandar cartas: llevan inactivas 42 años y nadie las ha retirado

Fue bajo el mandato de Napoleón III cuando las autoridades francesas, ante la saturación de la red de telegrafía eléctrica, decidieron explorar una alternativa subterránea

Fue bajo el mandato de Napoleón III cuando las autoridades francesas, ante la saturación de la red de telegrafía eléctrica, decidieron explorar una alternativa subterránea. (Imagen ilustrativa Infobae)

Bajo las calles de París duerme, desde hace más de cuatro décadas, uno de los sistemas de comunicación más avanzados de su tiempo: 427 kilómetros de tubos metálicos de 6,5 centímetros de diámetro que nadie, desde el 30 de marzo de 1984, se ha molestado en retirar. Así lo recoge SciencePost, que describe cómo esas tuberías —tendidas en los albañales de la capital francesa— son hoy el último vestigio físico de la poste pneumatique, el correo neumático que durante más de un siglo transportó cartas por toda la ciudad en menos de una hora.

El origen del sistema se remonta al Segundo Imperio. Fue bajo el mandato de Napoleón III cuando las autoridades francesas, ante la saturación de la red de telegrafía eléctrica, decidieron explorar una alternativa subterránea. Los primeros ensayos tuvieron lugar en diciembre de 1866, con una línea de prueba de un kilómetro entre la Bolsa de París y el Grand-Hôtel del Boulevard des Capucines. El principio era tan directo como eficaz: el remitente introducía su carta en una cápsula cilíndrica de metal —diseñada para encajar exactamente en los tubos de 6,5 centímetros— y el aire comprimido la propulsaba bajo el asfalto a una velocidad de entre 24 y 40 kilómetros por hora.

Red de tuberías de París en 1971. (Wikipedia)

La carta llegaba a manos de factores especializados, los llamados tubistes, que la entregaban en destino en un plazo total inferior a hora y media. En una época en que el teléfono era un privilegio de pocos, aquella red representaba una ventaja de velocidad difícil de igualar.

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La expansión del sistema fue constante durante medio siglo. En 1879, el decreto del mariscal Mac-Mahon abrió el servicio al público en general, y las correspondencias transportadas por tubo pasaron a conocerse como los petits bleus —los “azulitos”— por el color del papel en que se escribían. Los círculos empresariales y la burguesía parisina los adoptaron con rapidez como vía para concertar citas en cuestión de minutos. Para 1934, la red alcanzó su máxima extensión: 427 kilómetros de líneas que conectaban 130 oficinas en toda la capital. En su mejor año, 1945, el sistema llegó a gestionar 30 millones de envíos.

Éxito y declive de este sistema

Una parte del éxito de esa infraestructura se debió a una decisión de ingeniería tomada en 1868: integrar los tubos neumáticos dentro de las grandes galerías de alcantarillado que el ingeniero Belgrand acababa de rediseñar. París se convirtió así en la primera ciudad del mundo en superponer, bajo sus calles, una red de aguas residuales y una red de comunicación rápida. Ocho estaciones de aire comprimido —en Breteuil, Forest, Valmy, Pajol y otros puntos— alimentaban el sistema de forma continua.

El declive llegó con la misma lentitud con que había llegado el éxito. Desde los años 1960, el mantenimiento se convirtió en una carga financiera insostenible. En 1966, el 65% de los tubos de 65 milímetros presentaba desgaste severo. En 1970, se registraron 270 atascos de cápsulas que obligaron a enviar operarios a las alcantarillas para recuperarlas a mano. Al mismo tiempo, el precio del envío no dejó de subir: si en 1902 costaba tres veces más que una carta ordinaria, en 1975 la diferencia era de 7,8 veces. El telégrafo, el télex y el fax fueron desplazando al sistema sin remedio.

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París se convirtió así en la primera ciudad del mundo en superponer, bajo sus calles, una red de aguas residuales y una red de comunicación rápida. (Imagen ilustrativa Infobae)

El Ministerio de Correos y Telecomunicaciones (PTT) anunció el cierre para el 30 de marzo de 1984. A las 17:00 horas de ese viernes, el servicio se detuvo. Los tubistes fueron reubicados en Postexpress, un nuevo servicio de reparto urgente de paquetes creado en enero de ese año.

Los tubos, en cambio, se quedaron donde estaban. Retirarlos implicaría excavar bajo una ciudad entera para extraer una infraestructura que no ocupa un espacio que nadie necesita urgentemente. Según recoge SciencePost, el volumen que ocupan los tubos es marginal frente al de las redes de agua, gas y fibra óptica que ya comparten el subsuelo. El coste de la operación no tendría ningún retorno práctico.

Hoy, esos 427 kilómetros de metal —algunos de los cuales llevan bajo tierra desde la década de 1860— conviven con 18 kilómetros de tubería de plástico instalados en los años 1970, cuando parte de la red fue renovada con materiales más modernos. Millones de parisinos pasan cada día sobre ellos sin saberlo.