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Cómo beber vino en verano y disfrutarlo más que nunca: “Muchos piensan que añadir sal a la cubitera con hielo es un truco de abuela, pero tiene una explicación”

Manuela Cinquegrani, sumiller y productora de vinos naturales, desvela a ‘Infobae’ sus consejos para disfrutar de una copa de blanco y tinto incluso en los días más calurosos del año

Manuela Cinquegrani, sumiller y productora de vinos naturales (Cedidas)

Como las bicicletas, los vinos también son para el verano. En épocas de altas temperaturas, son muchos los que renuncian a la copa, optando por bebidas que, en principio, prometen más frescura. Cervezas, refrescos o incluso mezclas que rebajan el propio vino, como sangrías y tintos de verano, hacen su aparición en nuestras mesas, dejando las bodegas relegadas a un segundo plano. Pero, en realidad, nada nos impide disfrutar de un buen vino cuando los termómetros sobrepasan los 30 ºC.

Así lo defienden sumilleres como Manuela Cinquegrani, una joven chilena dedicada a la producción de vinos naturales y copropietaria de La Cofra, un espacio dedicado al vino natural en Barcelona. El vino es su pasión y, por lo tanto, lo disfruta llueva o truene. También en los días más calurosos del año, cuando la sumiller se esmera especialmente en cuidar la temperatura de conservación y de servicio de sus botellas. La forma más eficaz para enfriarlas, dice, “sigue siendo una cubitera con agua, hielo y un buen puñado de sal”, sin caer en extravagancias ni trucos raros.

Cuando se trata de elegir unos u otros, Manuela nos recomienda atrevernos con los tintos, dejando de lado los prejuicios. “Más que mirar el color de los vinos, me fijo en la sensación que dejan”, explica la sumiller a Infobae. Así, incluso un tinto puede ser perfecto en agosto. ¿Por qué no? “Lo importante es que refresque por cómo está hecho, no solo por la temperatura a la que lo sirves”. Consejos de experta para quienes no quieren renunciar a una copa de vino ni siquiera a pleno sol.

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Pregunta: ¿Qué características debe cumplir un vino para convertirse en una buena elección en los meses más calurosos?

Respuesta: En verano me apetecen vinos que den ganas de volver a servir otra copa. Más que mirar el color, me fijo en la sensación que dejan: que tengan buena acidez, que sean fluidos, que no cansen y que no estén marcados por el alcohol. Incluso un tinto puede ser perfecto en agosto si tiene esa energía. Lo importante es que refresque por cómo está hecho, no solo por la temperatura a la que lo sirves.

P: Estamos en pleno agosto y llegamos a casa con un vino blanco, un espumoso y un tinto recién comprados. ¿Dónde guardamos cada uno de ellos si queremos disfrutarlos al día siguiente?

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R: Si es para el día siguiente, el blanco y el espumoso van directos a la nevera. No esperaría al último momento, porque enfriarlos poco a poco siempre da un mejor resultado que intentar pegarles un bajón de temperatura de golpe. Con el tinto depende mucho de dónde estés. Si la casa está fresca, basta con dejarlo en un lugar oscuro, sin sol y lejos de cualquier fuente de calor. Pero si es agosto y el salón parece una sauna, no tengo ningún problema en meterlo también en la nevera. Hay un miedo bastante extendido a enfriar los tintos, pero en realidad lo que peor les sienta es pasar horas a 28 o 30 grados. Prefiero sacarlo unos 20 o 30 minutos antes de servirlo para que se temple un poco y listo.

“Hay un miedo extendido a enfriar los tintos, pero lo que peor les sienta es pasar horas a 28 o 30 grados”
Manuela Cinquegrani es sumiller y productora de vinos naturales en Terra Alta (Cedida)

P: ¿Y si es en unas pocas horas? ¿Cómo podemos enfriar rápidamente una botella de vino sin estropearla?

R: La forma más eficaz sigue siendo una cubitera con agua, hielo y un buen puñado de sal. Mucha gente piensa que la sal es un truco de abuela, pero tiene una explicación física: hace que el agua alcance temperaturas más bajas y la botella se enfría mucho más rápido y de manera uniforme. En veinte minutos suele estar lista.

P: Descorchamos la botella y servimos la primera copa. ¿Cómo conservamos la temperatura durante la velada?

R: Soy bastante práctica; la botella vuelve a la cubitera entre copa y copa. No pasa nada por hacerlo. De hecho, prefiero eso a beber un vino que empezó perfecto y acaba tibio. Muchas veces nos obsesionamos con servirlo a la temperatura ideal y luego lo dejamos media hora sobre la mesa, perdiendo toda la gracia.

Manuela es copropietaria de La Cofra, un espacio de catas dedicado al vino natural en Barcelona (Cedida)

P: ¿Hielo en la copa, sacrilegio o buena idea?

R: No me escandaliza. Si alguien disfruta más un vino con un cubito de hielo, adelante. Otra cosa es que yo lo haga habitualmente, porque el hielo diluye el vino y cambia su equilibrio. Antes de llegar a ese punto, prefiero servir menos cantidad y mantener la botella bien fría. Pero el vino está para disfrutarlo.

“Si alguien disfruta más un vino con un cubito de hielo, adelante. El vino está para disfrutarlo”

P: ¿La manera en la que cogemos una copa, por el tallo o por el cáliz, afecta al disfrute del vino?

R: Sí, aunque tampoco hace falta vivirlo con rigidez. Sujetarla por el tallo ayuda a que el vino mantenga su temperatura durante más tiempo, sobre todo en blancos y espumosos. Si coges el cáliz un momento, no pasa absolutamente nada, pero si te quedas un rato con la copa en la mano, el calor acaba notándose, especialmente cuando hace treinta y tantos grados.

P: ¿Cuáles son tus maneras preferidas de aligerar un vino sin estropear su sabor? ¿Tintos de verano, rebujitos…?

R: Me gusta pensar que no hay que demonizar esas mezclas. Forman parte de la cultura de muchos sitios y, si están bien hechas, pueden ser buenísimas. Dicho esto, cuando quiero algo más ligero, suelo buscar directamente un vino que ya tenga ese perfil, en lugar de transformarlo. Hay un montón de vinos con poca extracción y muy bebibles que funcionan casi como una bebida de verano por sí solos. Para mí, esa es la mejor forma de aligerar un vino: elegir desde el principio uno que no necesite disfrazarse.