El aislamiento geográfico, la poca competencia inicial y las condiciones ambientales particulares provocan que las islas sean una especie de “laboratorios naturales”: las especies que habitan en ellas han evolucionado de formas distintas a las de las zonas continentales.
Sin embargo, en los territorios insulares se está llevando a cabo un proceso que está poniendo en peligro esta biodiversidad única. Las islas concentran cerca del 75 % de las extinciones globales registradas por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, lo que está provocando que los taxones en estas zonas sean cada vez más homogéneos y parecidos a los del continente.
Esta es una de las conclusiones principales de un reciente estudio publicado en la revista científica Science Advances. La investigación está liderada por el doctor Thomas J. Matthews, de la Universidad de Birmingham, y cuenta con la participación de varias entidades españolas, como el Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF), la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), el Museo de Ciencias Naturales de Granollers, la Universidad de La Laguna, el Centro de Investigación en Biodiversidad y Cambio Global de la Universidad Autónoma de Madrid y el Centro Tecnológico BETA (UVic-UCC).
PUBLICIDAD
Son precisamente las actividades humanas las que están modificando los ecosistemas insulares desde hace miles de años y están motivando estas extinciones. Esto se debe a la llegada de especies invasoras, la tala de bosques para abrir zonas de cultivo o urbanizar o la introducción de animales domésticos o asociados a la actividad humana, como las ratas, los gatos, las cabras y los cerdos.
“Muchas especies insulares evolucionaron durante millones de años sin grandes depredadores, con lo que suelen ser muy confiadas; por lo tanto, son especialmente vulnerables a nuevos depredadores, que acaban desplazándolas”, explica Natàlia Martínez-Rubio, investigadora del CREAF.
Especies extintas y amenazadas en Baleares y Canarias
Este proceso de extinciones se lleva produciendo desde hace mucho tiempo en los archipiélagos españoles. Hace 5.000 años habitó en las islas Baleares el miotragus (Myotragus balearicus), un bóvido endémico que acabó desapareciendo por la caza de los primeros habitantes y la introducción de nuevas especies. Así, de su existencia solo queda rastro en los fósiles.
PUBLICIDAD
El del miotragus no es un caso aislado. También en las Baleares habitó la lechuza gigante (Tyto balearica), una especie endémica de pájaro que se extinguió hace siglos. “Su desaparición se asocia a la llegada de los humanos”, señala Martínez Rubio.
En la actualidad, estamos asistiendo en tiempo real a esta progresiva extinción de especies, pues son muchas las que habitan en los archipiélagos españoles que se encuentran amenazadas. Es el caso de los lagartos gigantes de las islas Canarias (Gallotia), cuyas poblaciones están afectadas por la serpiente real de California (Lampropeltis californiae). También la paloma rabiche (Columba junoniae), endémica del bosque de laurisilva canario, se encuentra catalogado como “casi amenazado” por la pérdida de hábitat y la depredación por parte de gatos y ratas.
En las islas Baleares, la lagartija de las Pitiusas (Podarcis pityusensis), endémica de Ibiza, Formentera y sus islotes, está amenazada por la culebra de herradura (Hemorrhois hippocrepis), que llegó a Ibiza hace ya más de 20 años supuestamente escondida en olivos importados de la Península y desde entonces ha pasado a ocupar más del 90 % del territorio de esta isla.
PUBLICIDAD
Este proceso ha provocado que ya se hayan producido extinciones de poblaciones con coloraciones únicas de decenas de islotes cercanos, como Santa Eulària o s’Ora. Así lo determinó el equipo de investigadores liderado por Oriol Lapiedra, del CREAF, que publicó en el mes de mayo un estudio en la revista Ecology.
“Cuando desaparece una especie insular, también desaparecen las funciones ecológicas que ejercía”, destaca Lapiedra. De hecho, la lagartija de las Pitiusas tiene una función dispersora de semillas, polinizadora y controladora de plagas de insectos como los crustáceos isópodos. Así, los ecosistemas se vuelven menos funcionales.
También las plantas, que “suelen ser las grandes olvidadas” —según explica Sandra Nogué, investigadora ERC de la UAB y del CREAF, así como coautora del estudio de Science Advances—, sufren estas extinciones en los territorios insulares: “Gracias al polen fósil, se ha conocido que dos especies vegetales desaparecieron antes incluso de ser estudiadas científicamente, como una especie de roble (Quercus) y un carpe (Carpinus) que habitaban en la isla de Tenerife”.
PUBLICIDAD
En otras partes del mundo, este problema ha adquirido una enorme magnitud. Los autores de la investigación indican que ya se han producido pérdidas extremas en la isla de Navidad, en el océano Índico, donde han desaparecido cerca del 80 % de los mamíferos y lagartos endémicos; la isla de Rodrigues, también en el Índico, donde se ha extinguido el 100 % de los reptiles nativos, y Hawái, donde el 70 % de las aves terrestres se han perdido.
La importancia de los fósiles y el polen antiguo
Gran parte del conocimiento científico que se tiene sobre este aspecto se basa en las especies que aún perviven en la Tierra. Esto genera una “visión parcial y sesgada de cómo eran realmente estos ecosistemas”, señala Ferran Sayol, investigador del Centro Tecnológico BETA (UVic-UCC). “Es decir, las teorías científicas podrían estar incompletas si no se incorporan las alteraciones humanas históricas”.
Por este motivo, es importante combinar fósiles, polen antiguo, ADN antiguo, colecciones de museos y registros históricos, así como mejorar las bases de datos globales de biodiversidad. “La historia de las islas es fundamental para comprender cómo han evolucionado las especies, entender qué ocurre cuando desaparecen y, en última instancia, contribuir a conservar su futuro”, defiende Matthews.
PUBLICIDAD