Este miércoles la Iglesia católica puede volver a dividirse en dos: la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, congregación católica tradicionalista conocida como los lefebvrianos, nombrará a cuatro obispos por su cuenta, sin el permiso del papa León XIV, y se ganarán la excomunión.
La fraternidad surge en la década de los 70 de la mano del arzobispo francés Marcel Lefebvre en la ciudad suiza de Écône, como rechazo a algunos de los cambios centrales del Concilio Vaticano II, entre ellos el abandono del latín como lengua exclusiva de la misa, el papel de los laicos, el diálogo con otras religiones y la negación de que los judíos fueran responsables de la muerte de Cristo.
La Fraternidad San Pío X ha mantenido el pulso con el Vaticano prácticamente desde su creación. Ya en 1988, los seguidores de monseñor Lefebvre se lanzaron a nombrar sus propios obispos, una acción que fue castigada por Juan Pablo II con la excomunión. Este cisma se saldó en 2009 con el perdón de Benedicto XVI, un intento de facilitar el regreso del grupo a la Iglesia católica y tender puentes con los sectores más conservadores.
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Con el papa Francisco, los lefebvrianos volvieron a distanciarse del Vaticano y este miércoles harán efectiva su separación de la Iglesia. En su sede de Écône, nombrarán a cuatro nuevos obispos.
León XIV ruega que den marcha atrás
El objetivo de los lefebvrianos es dar continuidad a los cuatro primeros obispos nombrados en 1988. De este primer grupo, tan solo quedan dos con vida: el suizo Bernard Fellay y el español Alfonso de Galarreta, ambos ya de avanzada edad.
Actualmente, la fraternidad cuenta con 733 sacerdotes, 264 seminaristas, 145 hermanos y 250 monjas, de los que saldrán los cuatro nuevos obispos: el suizo Pascal Schreiber, el estadounidense Michael Goldade y los franceses Michel Poinsinet de Sivry y Marc Hanappier. La organización ya trata la ceremonia como un acontecimiento histórico y promociona en su página web cajas de vino de edición limitada, gorras y otros recuerdos conmemorativos.
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El actual pontífice, León XIV, ha intentado resolver el conflicto en multitud de ocasiones. El último esfuerzo de acercamiento se produjo en febrero, cuando el Superior general de la Fraternidad, el italiano Davide Pagliarani, se reunió con el prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe de la Santa Sede, el cardenal argentino Víctor Manuel Fernández. Los lefebvrianos ya habían anunciado entonces su intención de ordenar nuevos obispos y el Vaticano les pidió que suspendieran el plan, sin resultado.
Pagliarani dejó formulado el desacuerdo en términos doctrinales. “Ambos sabemos de antemano que no podemos ponernos de acuerdo en el plano doctrinal, en particular en lo que respecta a las orientaciones fundamentales adoptadas tras el Concilio Vaticano II”, dijo.
Este martes, León XIV volvió a dirigirse a los lefebvrianos: "Les ruego y les pido de todo corazón: ¡Den marcha atrás! Les exhorto a considerar atentamente el bien espiritual de los fieles, pues el acto cismático que cometerían les privaría de la recepción lícita y, en algunos casos, incluso válida, de los sacramentos que aman y buscan para su propia santificación“, ha expresado en una carta dirigida a Pagliarani.
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La respuesta de los lefebvrianos no se ha hecho esperar. En su misiva, el Superior general defiende su intención de “recomponer la túnica de Cristo, desgarrada por fuerzas y presiones incompatibles con un espíritu auténticamente católico“ y ruega que se replantee la excomunión, pese al nombramiento de los obispos. ”Lejos de nosotros la idea de separarnos de la Iglesia Romana; al contrario, deseamos servirla mediante medios extraordinarios, como se ayuda a una madre que atraviesa una grave dificultad y necesita una ayuda particular que no todos comprenden“, ha escrito Pagliarani. “Solo le pido que considere la autenticidad de esta intención antes de tomar una decisión sobre la Fraternidad Sacerdotal San Pío X. Aún no es demasiado tarde“, ha concluido.