“La tranquilidad es lo que más se busca”, dijo un niño de 12 años frente a las cámaras de Aragón TV. Aquella frase, pronunciada con naturalidad durante una entrevista veraniega en las piscinas municipales de Fuentecerrada (Teruel), parecía inofensiva. Sin embargo, lo que vino después la convirtió en un fenómeno viral que acabaría persiguiéndole durante años.
El comentario que continuaba la intervención —“Llegas a otras piscinas de aquí de Teruel y está todo lleno de panchitos, cubanos y todo eso”— fue difundido en redes sociales, donde se transformó en meme. A partir de ahí, la vida de aquel niño cambió por completo.
Álvaro Muñoz tenía entonces 12 años cuando acudió con otros niños a la inauguración de la piscina, grabada por la televisión autonómica. Mientras jugaba en el agua, una reportera le preguntó por el ambiente del lugar. Su respuesta quedó registrada sin que nadie pudiera prever su alcance. “Fueron unos amigos de mis padres los que dijeron la frase el día anterior y yo la repetí como un loro”, recuerda en la entrevista con El Español.
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Tras más de una década de exposición, Álvaro ha encontrado una forma de estabilidad lejos del ruido que lo ha perseguido durante media vida. Tal y como ha relatado en El Español, el próximo mes de septiembre se presentará a las pruebas de acceso a la universidad para mayores de 25 años con el objetivo de estudiar Teología e ingresar como seminarista en la diócesis de Teruel. “Quiero ser sacerdote”, ha declarado, a lo que ha añadido: “La fe me salvó”.
Cuando un meme lo cambió todo
El joven también ha relatado el impacto que sufrió durante años. “Estuve durante cinco años seguidos yendo día a día al juzgado de menores para poder declarar. Para mí, ni muchísimo menos hacía falta montar tanto pifostio. Estuvo mal, sí, pero yo solo era un niño y era gilipollas”, ha afirmado en la misma entrevista. Llegó a ser denunciado hasta en 17 ocasiones por racismo, aunque todas las causas fueron finalmente ganadas por él.
El acoso no se limitó a internet. En una ocasión, según ha relatado, fue agredido físicamente: “Me acorralaron en un callejón cuando estaba llegando a casa, me dieron un golpe en el pecho hasta hundírmelo, dejándome sin apenas poder respirar, y me dejaron el ojo izquierdo morado”.
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A día de hoy, mantiene actividad en redes sociales, donde comparte oraciones y retransmite el rezo del rosario en directo. Sin embargo, incluso en ese espacio continúa recibiendo insultos y ataques. Aun así, afirma haber aprendido a relativizarlo: “¿Para qué voy a gastar mi tiempo en cuatro gilipollas cuando hay gente que de verdad quiere seguir a Jesús?”, ha llegado a decir ante el citado medio.
El vídeo que lo convirtió en meme sigue circulando más de una década después en redes sociales, especialmente con la llegada del verano. Sin embargo, para Álvaro Muñoz, aquella intervención terminó convirtiéndose en un episodio que ha marcado profundamente su vida. Hoy ha encontrado un nuevo rumbo, alejado del ruido de internet, en el que la fe ocupa un papel central y le sirve como apoyo para reconstruir su vida tras años de acoso.