Tu trabajo puede ser satisfactorio, pero molesto a la vez y tus amigos pueden resultarte insoportables en ocasiones. La madurez emocional pasa por admitir que dos o más sentimientos opuestos pueden convivir ante una misma situación, conforme explica psicólogo Pablo Emilio Gutiérrez. A través de su cuenta de TikTok (@pablotupsicologo), el también divulgador ha explicado que no juzgarse por sentir dos cosas contrarias “ayuda a no ser tan determinista” y que una emoción no invalida a las demás.
El planteamiento se apoya en ejemplos cotidianos que rompen la idea de coherencia emocional absoluta. Gutiérrez explica que una persona puede “estar feliz y enamorado de mi pareja y aun así llegar a enojarme y tener una discusión con ella”, o “estar muy contento en un trabajo y sentirme feliz y aun así quejarme de las cosas que no me gustan”.
Qué significa madurez emocional y por qué incluye emociones opuestas
La tesis central, según ha explicado Gutiérrez, es que “una de las señales de madurez emocional es saber que puedes sentir emociones distintas sobre algo al mismo tiempo”. En su explicación, esa capacidad no implica confusión, sino reconocimiento de que la experiencia afectiva no funciona en bloques cerrados.
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El psicólogo sitúa esa idea en el marco del “pensamiento posformal o dialéctico” y cita a Patricia Arlin y Jean Sinnot para defender que “habla de la existencia de contradicciones en la vida y eso incluye sentir dos emociones opuestas sobre algo al mismo tiempo”. La contradicción, en ese esquema, no aparece como fallo personal, sino como parte de la vida.
Gutiérrez añade que esa comprensión resulta vital porque influye “en las decisiones o en las sensaciones que tenemos en la vida” y porque “se ve en el espacio de terapia”. Tras años de experiencia, ha podido comprobar que muchas personas interpretan una emoción concreta como si cancelara todas las demás. Esta visión fija provoca frustración porque omite una emoción real que se trata de ocultar porque resulta molesta. De este modo, no somos capaces de asumir que hay ciertas actitudes o realidades que nos molestan a pesar de que hago nos agrade. Y ni la parte positiva ni la negativa se debe ver opacada.
La emoción no como sentencia, sino como descripción
Esa confusión aparece, según su explicación, cuando se piensa: “Si estoy enojado con mi novia, significa que ya no la amo”. El mismo mecanismo opera, añade, en otras escenas habituales: “Si estoy feliz por una cosa, no me puedo quejar sobre eso. Si estoy triste por algo, no debería sentir felicidad por otras cosas”.
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Para Gutiérrez, el problema de fondo está en convertir el afecto momentáneo en una conclusión definitiva. “Sentimos que la emoción es la conclusión sobre eso que estamos viviendo, cuando en realidad la emoción es una descripción de las cosas”, afirma. En este sentido, insiste en que tratar de dejar fuera aquellas cuestiones negativas con tal de no opacar lo positivo es contraproducente.
“Las cosas en la vida son muchísimo más complicadas, no son esto o aquello, sino muchas veces es esto y aquello”, apostilla.