Los datos y experiencias detrás del auge de la FP frente a la Universidad: “La empresa me quería contratar incluso antes de tener oficialmente el título”

‘Infobae’ recoge las voces de expertos y egresados de Formación Profesional que defienden que esta vía después del bachillerato es una opción tan válida (o incluso más) como una carrera universitaria

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La primera jornada de la PAU en Sevilla, a 2 de junio de 2026. (Rocío Ruz/Europa Press)

La Prueba de Acceso a la Universidad (PAU) ha terminado, igual que el Bachillerato. ¿Y ahora qué? Es la pregunta que se hacen miles de estudiantes a lo largo y ancho de España. Han sido más de 300.000 los que se han presentado a estos exámenes que decidirán su futuro (o no).

Ante ellos se abren ahora decenas de posibilidades. En España, con el despliegue de la educación privada, cada vez hay más universidades y grados entre los que elegir, que se suman a los de la pública. De forma paralela, han crecido las cifras de estudiantes que optan por la Formación Profesional, que con el paso de los años ha incrementado su oferta de titulaciones, aunque en este caso desde la educación pública.

Son demasiadas opciones, más de las que nunca hayan tenido los españoles. Sin embargo, pese a tener solo entre 17 y 18 años, existen estudiantes que lo tienen muy claro. Pero también hay muchos que se sienten perdidos. Los plazos para matricularse, que ya están abiertos en la mayoría de centros, corren en contra de estos. Entonces, ¿carrera universitaria o Formación Profesional?

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Infobae ha conversado con personas que barajaron estas alternativas y con expertos en educación para guiar a los estudiantes que aún no lo tienen claro. En este panorama, destaca un cambio muy visible en los últimos años: la Formación Profesional, denostada durante años, es una opción cada vez más atractiva.

Según el Barómetro de la FP de CaixaBank Dualiza publicado en enero, el 68,7% de la población afirma tener una percepción positiva de estos estudios. Antonio Mondaca Soto, uno de los investigadores detrás del estudio, explica a Infobae que el cambio de mentalidad ha llegado de la mano de los datos y los relatos de los estudiantes. El principal argumento es que la FP se presenta de forma paralela a la universidad como un trampolín más directo al mundo laboral, por su adaptación a las necesidades de las empresas.

Imágenes de la primera jornada de la Prueba de Acceso a la Universidad (PAU) de 2026 en Sevilla. (Rocío Ruz/Europa Press)

Una vía más rápida para desarrollar una vocación

Guillermo González-Cruz Soler, orientador educativo del Colegio CEU San Pablo Valencia, también ha podido comprobar que los ciclos de FP han adquirido mayor prestigio y demanda en los últimos años. “Son ciclos muy especializados, de alto nivel, y muchas veces constituyen el paso intermedio hacia un grado universitario”, señala el experto a Infobae. Explica que estos programas ofrecen una formación más práctica y concreta, lo que resulta especialmente atractivo para los estudiantes que tienen muy claro el ámbito profesional al que desean dedicarse.

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Para quienes optan por la universidad, el recorrido suele ser más generalista y prolongado. El orientador observa que los alumnos que eligen esta vía acostumbran a tener más dudas o inquietudes intelectuales diversas. Estos jóvenes suelen proyectarse a futuro y visualizan su desarrollo profesional tras varios años de estudios superiores, al contrario de los que optan por la FP. “El alumno universitario que piensa en carreras como Medicina o Derecho se plantea estar durante años formándose, sin tener la profesión completamente clara”, indica.

Al contrario, aquellos que eligen la Formación Profesional acostumbran a tener una decisión más definida y rápida. Según la experiencia de González-Cruz, suelen mostrar mayor claridad sobre la profesión que desean ejercer y buscan una incorporación más ágil al mercado laboral. “Los ciclos ahora cada vez están más solicitados porque muchas empresas y el mundo actual necesitan gente muy aplicada, técnica, que sepa trabajar”, añade.

Ahora bien, el orientador tiene claro -y así se lo hace saber a sus alumnos en su etapa final del instituto- que ambas opciones son buenas. “Nunca me gusta minimizar una opción por delante de la otra”.

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Estudios a medida del mercado laboral

El investigador de CaixaBank Dualiza recuerda que, a diferencia de los grados universitarios, la FP dura solo dos años y se ha amoldado a las particularidades del mercado laboral. “A través de sus 26 familias profesionales y sus más de 100 ciclos, se adapta de mejor manera a los puestos de trabajo”, señala. A esto se suma que las propias empresas tienen un rol activo en el proceso de formación, especialmente en el formato dual, lo que se traduce en tasas de inserción mucho más altas, “cercanas todas al 80% al primer año”.

La FP también democratiza la educación superior y la reparte por todo el territorio nacional. Por un lado, es mucho más barata. En España, hay 49 universidades públicas que, pese a esta propiedad, tienen unos costes elevados. La suma del precio de la matrícula y de las asignaturas se sitúa en torno a los 1.500 euros al año en el mejor de los casos. Además, la tasa de las materias se multiplica si se suspenden y hay que repetirlas. Y no todas las familias se pueden costear enviar a sus hijos a las ciudades en las que se encuentran las facultades y hacer frente al pago de una residencia, al alquiler de habitaciones y demás gastos. En la FP solo se pagan tasas mínimas, por lo que se considera prácticamente gratuita.

Por otro lado, y en la misma línea, los ciclos de FP se imparten en institutos de ciudades medianas e incluso en pueblos. Los estudiantes pueden acudir a pie, en coche o autobús sin añadir más gastos. Pero más allá de cuestiones económicas, un gran factor a favor de la FP es que sus estudiantes pueden vivir y trabajar donde se han criado.

Encontrar trabajo sin hacer las maletas

Según el informe Estadísticas de Formación Profesional del Sistema Educativo - Edición 2025, publicado por el Ministerio de Educación, Formación Profesional y Deportes, en el curso 2023-2024 (el último con datos) la FP Superior presencial se impartió en 2.853 centros repartidos por toda España. Este reparto permite que el talento se quede en el territorio y que los titulados encuentren oportunidades laborales en su entorno más cercano.

Esta ventaja le permitió a Concha, de 26 años, quedarse cerca de su familia, de su pareja y de su ciudad natal. Eligió la FP tras su paso por Bachillerato. “Cuando terminé Primero de Bachillerato, incluso al empezar, tenía claro que no iba a hacer una carrera, porque en ese momento no me llamaba mucho la atención. Y además, la FP estaba cogiendo cada vez más fuerza y todo el mundo hablaba bien de ella. Todo el mundo decía que se enfoca mucho en la práctica para que luego en la empresa te sea todo más fácil, como que dejan a un lado la parte teórica y se centran más en la práctica, en lo que busca la empresa”, cuenta. Pero, en su círculo cercano, no todos entendieron su decisión, porque tenía una nota media de ocho. “Me decían ‘si te sacas buenas notas, aprovecha y hazte una carrera’, pero no era lo que yo quería”.

En un primer momento, estudió Administración de Empresas, pero no le salió bien. “Fue un desastre, porque cuando iba a empezar las prácticas, empezó la pandemia”, recuerda. Decidió entonces cambiar de rumbo y apostar por la informática. “Siempre me ha gustado trastear con los móviles o con los ordenadores y decidí que era el camino. Además, en clase son todo ejercicios prácticos y los exámenes también eran casos prácticos, no era nada teórico”. Esa orientación práctica tuvo consecuencias directas en su acceso al empleo: “La empresa me quería contratar incluso antes de tener oficialmente el título. Mi profesor les dijo que no podía ser, que hasta que no terminara no podían hacerme el contrato, porque a lo mejor suspendes esto. Pero en cuanto tuve el título, me incorporé. Llevo cuatro años trabajando”.

Un estudiante repasa los apuntes antes de la PAU. (Europa Press)

“Tener la carrera puede suponer ascender o mejorar el sueldo”

Sin embargo, Concha también señala los límites del modelo: “Veo dos trabas: el sueldo y lo despacio que se asciende. Es un horario de ocho a seis [horas] por el sueldo mínimo y en cuatro años sigues teniendo el rol de siguiente paso al junior, se sube muy despacio y con poco dinero”. Ahora se plantea estudiar una carrera universitaria: “Creo que tener el título de la carrera puede suponer ascender o mejorar el sueldo. En Bachillerato no me llamaba nada la atención, lo tenía claro. Ahora creo que me puede abrir puertas”.

La fácil incorporación de Concha no es anecdótica. No toda la inserción laboral es igual en la FP y tampoco todos los salarios son iguales. En general, la tasa media de afiliación a la Seguridad Social se sitúa en el 51,1% de los estudiantes el primer año, sube al 58,4% el segundo y alcanza el 63,5% el tercero. Ahora bien, por materias, superan el 70% en el tercer año Informática y Comunicaciones, con el 76,8%; Fabricación Mecánica, con el 74,5%; Instalación y Mantenimiento, con el 74,2%; y Transporte y Mantenimiento de Vehículos, con el 72,3%. Las tasas más bajas corresponden a Imagen y Sonido, con el 54,1%; Sanidad, con el 54,9%; y Artes Gráficas, con el 60,9%.

Germán, de 22 años, decidió estudiar aquello que le apasionaba y que, además, tenía una de las mayores tasas de empleabilidad: mecánica. Cuenta a Infobae que, justo al acabar las prácticas hace dos años, le ofrecieron un contrato fijo, y luego otro y otro. Actualmente trabaja en el sector de las energías renovables en Ferrol. No le faltan ofertas y está contento. “La formación profesional es para personas que quieren empezar a trabajar más pronto. Son dos años, un grado superior, y te da una cercanía con los profesores, porque la clase es más reducida, y con una formación específica de un puesto de trabajo que no te da una universidad”, explica. Destaca especialmente el papel de las prácticas: “Te metes de lleno en la empresa y, si tienes actitud, una empresa que se está gastando dinero en formarte casi siempre te va a acabar contratando. A mí me confirmaron que me iba a quedar la semana antes de acabar las prácticas”.

Para Germán, la FP es acción inmediata en su sector: “Es muy difícil que, conforme termines un grado superior, no encuentres trabajo. Pero es muy fácil que, conforme termines una carrera, no lo encuentres. Si eres una persona que quiere empezar ya, ir creciendo poco a poco, una formación profesional te abre muchísimas más puertas. Pero si prefieres mirar a largo plazo y ascender mucho más en el futuro, una carrera universitaria puede ofrecer más recorrido”. Ahora se encuentra en la misma situación que Concha: “Es muy fácil que un ingeniero suba de puesto, pero es muy difícil que un técnico o técnico superior lo haga”. Ninguno de ellos, sin embargo, tiene cerradas las puertas de la universidad, y de entrar en ella, lo haría con experiencia, conocimientos y habilidades.