La caída del FCAS (Futuro Sistema Aéreo de Combate) es una realidad. El proyecto llamado a liderar la defensa aérea europea ha acabado disolviéndose por orden de los gobiernos alemán y francés. La tensión existente entre las empresas participantes (Dassault y Airbus) por hacerse con el control ha terminado con el avión de combate europeo. Este martes, la SEPI exigió a Indra, pata española del proyecto y tercer integrante en discorida, que entregue un análisis de las consecuencias en la industria española de esta pérdida.
El FCAS deja un importante vacío tanto a nivel europeo como español. Para los aliados de la Unión Europea, supone un nuevo obstáculo para avanzar en la autonomía estratégica y defensiva, aunque ya están surgiendo proyectos que levantan la mano como posible sucesor o reemplazo. Para la industria de España, el efecto es relevante, pues Indra, compañía cuyo 28% de su capital es estatal, ha realizado importantes inversiones para este programa.
Yago Rodríguez, director de The Political Room y Cosas Militares, cuenta a Infobae cuál es el primer impacto de esta noticia. “La industria aeronáutica española siempre está en inferioridad de condiciones y siempre va como socio minorista en las coaliciones a las que va”, asegura Yago. El experto explica que, si bien las empresas españolas forman parte de importantes proyectos, todavía está lejos de poder mirar a los ojos a las grandes compañías francesas o alemanas, lo que hace que mantengan más poder de decisión sobre los programas.
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Iván Esteve, experto externo de defensa en la Comisión Europea señala a Infobae que este caso tiene que “hacer replantear cómo se articulan el Instrumento SAFE (Acción por la Seguridad de Europa)”. Este sistema de préstamos, destinado a ayudar a los Estados miembros a invertir y realizar compras conjuntas de defensa, cuenta con un presupuesto de 150.000 millones de euros. A pesar de haber creado una herramienta para facilitar la cooperación, uno de los proyectos más relevantes se ha caído.
Posibles escenarios futuros del FCAS
Existen múltiples escenarios futuros a raíz de esta decisión. Berlín evalúa sumarse al consorcio Roma-Londres-Tokio para el desarrollo del GCAP, el caza de sexta generación denominado “caza del futuro”. Esta decisión sería un giro estratégico en el panorama militar europeo y supondría un revés político para Francia. Friedrich Merz y la primera ministra Giorgia Meloni han mantenido varias conversaciones sobre posibles cooperaciones de defensa.
El GCAP, impulsado por Leonardo, BAE Systems y Mitsubishi, busca crear una plataforma aérea avanzada, combinando aviones, drones y sistemas de combate en red. El proyecto enfrenta el desafío financiero de cubrir más de 7.800 millones de euros pendientes, por lo que la entrada de Alemania resultaría crucial para repartir costos y aumentar la escala de producción.
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Por otro lado, hace unos meses Saab expresó su disposición a colaborar con Airbus y el gobierno alemán en el desarrollo conjunto de un nuevo avión de combate si el proyecto FCAS fracasaba. La empresa sueca planteó como primera etapa el desarrollo de drones, donde tiene una importante experiencia, ya que las aeronaves no tripuladas suecas han cobrado más relevancia.
Guillaume Faury, director ejecutivo de Airbus, aseguró que la compañía está preparada para avanzar sola en el desarrollo de un avión de combate de nueva generación si la cooperación europea no se concreta. Faury sostiene que Airbus cuenta con la capacidad técnica necesaria y contempla escenarios en los que Francia y Alemania impulsen programas independientes tras el bloqueo del FCAS".
Dudas que plantea el avión de combate europeo
El analista de Cosas Militares apunta que, lo normal, sería que “se rescaten partes del programa para intentar sacarlo adelante”. No obstante, cree que, además de la gravedad que suponga paralizar el FCAS, este fracaso es un ejemplo más de las difíciles relaciones en Europa en el ámbito de la defensa. “Es un reflejo de los problemas reales, como el ejército europeo al que tanto se alude”.
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Iván Esteve reconoce que buscar una alternativa es una “decisión difícil”. El especialista explica que cada país cuenta con necesidades distintas, condicionadas por sus fuerzas armadas, sus intereses estratégicos o situación geográfica. Italia y Reino Unido han apostado por una versión con una versión naval, lo que puede ser menos atractivo para Alemania.
Mirando a otras opciones, Esteve señala que “los turcos están haciendo fuerza con el KAAN”, pero, por el momento, lo ve “una apuesta muy lejana”. Tampoco confía en el F-35, el avión estadounidense que España, en un principio, planteó por su capacidad de despegue vertical, pero que acabó por descartar para invertir en la opción europea. “Como en todas las decisiones que lamentablemente toma nuestro estado en materia de defensa, se buscará la opción con más retorno industrial, y no las más idonia”, concluye el analista.