La epidemia de ébola que estalló hace menos de un menos en la República Democrática del Congo (RDC) y Uganda ha provocado ya la muerte de al menos 101 personas, incluidas en los 550 casos confirmados. Según el último informe difundido por el Instituto Nacional de Salud Pública (INSP) de la RDC, es en la provincia oriental de Ituri donde se acumulan el 94% de los casos.
Las autoridades sanitarias han alertado también que la presencia de grupos armados “sigue limitando el acceso humanitario” en las regiones más afectadas. A las dificultades para ofrecer tratamiento se les suma los ataques recurrentes a los sanitarios por parte de los residentes y el escepticismo entre algunos residentes a recibir medicación.
La cepa detrás del brote corresponde al tipo Bundibugyo, una variante que está ganando terreno a la respuesta sanitaria. Para hacer frente a esta emergencia de salud pública, África ha puesto en marcha toda su maquinaria para conseguir pronto una vacuna que frene el acelerado ritmo de contagio.
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La Universidad de Oxford podría estar encabezando la carrera por el fármaco. Teresa Lambe, jefa de inmunología de vacunas en el Grupo de Vacunas de Oxford, ha afirmado que su equipo está intentando acelerar la producción utilizando las lecciones aprendidas durante la pandemia de coronavirus.
“Los estudios en animales para la vacuna candidata de Oxford ya están en marcha y seguirán avanzando con socios de todo el mundo. Esperamos tener listas las dosis de la vacuna de grado clínico en un plazo de dos a tres meses”, ha expresado Lambe en declaraciones recogidas por Medical Xpress.
Tres equipos para diseñar la vacuna contra el ébola
En la actualidad, existen vacunas y diversos tratamientos para el ébola, aunque su efectividad depende únicamente del tipo de cepa. Para la variante Bundibugyo todavía no se dispone de ninguna terapia, por lo que todos las miradas están puestas en el equipo de Oxford.
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Sin embargo, los ingleses no son los únicos que participan en la carrera por diseñar la vacuna que frene la epidemia que sufre el corazón de África. Una de ellas corre a cargo de la biotecnológica estadounidense Moderna, aunque la opción que la Organización Mundial de la Salud (OMS) considera más prometedora es la vacuna candidata rVSV de dosis única de la Iniciativa Internacional para la Vacuna contra el SIDA (IAVI) y desarrollada por la Universidad de Texas. No obstante, la propia OMS aclara que transcurrirán entre siete y nueve meses antes de que la vacuna esté lista para ensayos en humanos.
“Estamos actuando con urgencia para impulsar a este candidato de forma rápida y responsable”, ha declarado Mark Feinberg, director ejecutivo de IAVI. “Si bien aún queda mucho trabajo por hacer, incluyendo la definición de vías aceleradas para la evaluación clínica y la revisión regulatoria, creemos que es importante agilizar el desarrollo de esta vacuna candidata para explorar su potencial para ayudar a combatir un patógeno para el cual actualmente no existen contramedidas y que está causando un número trágicamente creciente de muertes, enfermedades graves y graves trastornos en una amplia región.”
África “no puede permitirse” caer en más brotes sin vacunas
La Coalición para las Innovaciones en Preparación para Epidemias (CEPI) ha comprometido 62 millones de dólares para acelerar el desarrollo de estas candidatas vacunales experimentales frente a un virus para el que no existe ningún medicamento autorizado. “Con el virus Bundibugyo propagándose rápidamente y sin vacunas autorizadas, cada día cuenta en la carrera contra esta enfermedad mortal”, ha explicado en declaraciones recogidas por Medical Xpress el director ejecutivo de CEPI Richard Hatchett.
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En una comparecencia que tuvo lugar el pasado 28 de mayo, Jean Kaseya, director de Africa CDC, advirtió que Sudán del Sur, Somalia, Ruanda, Kenia, Tanzania, Etiopía, la República del Congo, Burundi, Angola, la República Centroafricana y Zambia están expuestos a un alto riesgo de propagación por los movimientos transfronterizos de población, además de la República Democrática del Congo y Uganda.
En esa misma comparecencia, Kaseya sostuvo que el continente ya “no puede permitirse” seguir respondiendo a brotes recurrentes sin contramedidas médicas y afirmó: “Es la tercera vez que vemos Bundibugyo en África. Si esto estuviera ocurriendo en países occidentales, ya tendrían una vacuna”.