La transición energética y la instalación de renovables en España avanzan a muy buen ritmo, pero el sistema eléctrico no se está modernizando a la misma velocidad. Con decenas de gigavatios de energía solar y eólica instalados en los últimos años, la red genera cada vez más electricidad en momentos en que la demanda es baja y, al mismo tiempo, no siempre puede garantizar suministro cuando el viento no sopla o el cielo no está despejado.
La solución pasa por el almacenamiento a gran escala, y una de las tecnologías más maduras para lograrlo son las centrales hidroeléctricas reversibles, capaces de actuar como enormes baterías al bombear agua hacia un embalse superior en horas de excedente y turbinarla después cuando el sistema la necesita. Y ese es precisamente el papel que aspira a desempeñar Aguayo II, el proyecto de Repsol en Cantabria que hace pocos meses recibió un gran respaldo individual del último reparto de fondos europeos para infraestructuras energéticas.
180 millones europeos
La Comisión Europea seleccionó el pasado mes de enero el proyecto Aguayo II como el principal beneficiario del nuevo paquete de ayudas del mecanismo Conecta Europa (CEF, por sus siglas en inglés), con una asignación de 180 millones de euros. El reparto total de esa convocatoria alcanzó casi 650 millones de euros distribuidos entre 14 estructuras energéticas transfronterizas que la UE considera estratégicas para su seguridad de suministro y la integración de renovables.
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El organismo comunitario justificó el respaldo en las características técnicas del diseño elegido por Repsol, especificando que se trata de una instalación completamente subterránea que no requiere ampliar los embalses existentes ni crear nuevas láminas de agua. Para Bruselas, esto convierte a Aguayo II en un modelo de almacenamiento que suma capacidad al sistema sin añadir impacto ambiental adicional, un argumento que pesa cada vez más en la evaluación de proyectos de infraestructura energética.
Y, además del respaldo financiero, Aguayo II figura en la lista de Proyectos de Interés Común y de Interés Mutuo (PCI/PMI) de la UE, una catalogación que facilita los trámites administrativos, abre el acceso a financiación preferente y refuerza la posición del proyecto ante las autoridades nacionales. Así, el espaldarazo de Bruselas debe leerse como un acelerador para una iniciativa que lleva años en tramitación.
¿Qué es y qué hará Aguayo II?
La central que se quiere ampliar existe desde hace varias décadas. La instalación de San Miguel de Aguayo, en el interior de Cantabria, ya opera como central hidroeléctrica reversible, con capacidad para bombear agua entre el embalse de Alsa y el embalse superior de Mediajo. Lo que Repsol plantea es una expansión, añadiendo 1.000 MW de nueva potencia para llevar la capacidad total hasta 1.400 MW mediante cuatro grupos reversibles de 250 MW cada uno.
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En términos de almacenamiento, el proyecto prevé una capacidad diaria de 6 GWh, lo que sitúa a Aguayo II entre los desarrollos de bombeo reversible de mayor envergadura previstos en nuestro país. La compañía cifra la producción anual en 2.000 GWh, con una equivalencia de abastecimiento para más de 800.000 hogares.
Sin embargo, cabe destacar que una central de bombeo no genera energía neta, sino que su función es desplazar la energía en el tiempo. Aprovecha los excedentes de generación renovable, cuando la luz es barata y abundante, para bombear agua al embalse superior, y la turbina después, cuando la demanda sube y el sistema necesita potencia firme. Es, en esencia, un mecanismo de flexibilidad que hace más eficiente el conjunto de la red.
Una inversión de 900 millones
Repsol sitúa el coste total del proyecto en unos 900 millones de euros, lo que lo convierte en una de las mayores apuestas de inversión privada en Cantabria de las últimas décadas. La compañía asocia esa cifra a un efecto de arrastre sobre la economía local y regional, con más de 1.000 puestos de trabajo previstos durante la fase de construcción, además del impacto sobre la cadena de suministro industrial.
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El calendario de ejecución apunta a una puesta en marcha hacia finales de 2030. La obra civil es subterránea, los equipos reversibles son de alta especialización y los plazos de tramitación en infraestructuras energéticas de esta escala raramente se acortan.
Además, Aguayo II no es una iniciativa reciente. En 2021, el Boletín Oficial del Estado (BOE) ya publicó la solicitud de autorización administrativa previa para la ampliación de la central y su infraestructura de evacuación. La selección europea de enero no marca el inicio del proceso, sino un punto de inflexión que le da nuevo impulso político y financiero. El siguiente paso será materializar ese respaldo en obra real: cerrar los acuerdos de subvención con Bruselas, obtener las autorizaciones administrativas pendientes y activar la contratación industrial.