¿Gritar en el gimnasio sirve para algo? Una bióloga responde

Un grito puede ser más que una simple expresión de esfuerzo: según la ciencia, potencia la fuerza física durante el entrenamiento. Este impulso, lejos de ser solo ruido, activa el sistema nervioso y libera adrenalina

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¿Gritar en el gimnasio sirve para algo? Una bióloga responde (VisualesIA Scribnews)

“Entrenar forma parte de mi día a día”, cuenta Carolina, bióloga y divulgadora de contenido en redes, en una publicación reciente de su perfil de TikTok, @unacordobessa. “Lo que también significa estar escuchando durante una hora berríos como si estuviese en un partitorio. Y la verdad, entre tú y yo, esto me da un poquito de vergüenza ajena”, confiesa. “Pero ¿y si lo de chillar como si no hubiese un mañana realmente sirve para algo?” plantea entonces.

El grito como potenciador de la fuerza física

Gritar mientras se realiza un esfuerzo físico puede incrementar de forma significativa la fuerza máxima sostenida. Un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Waseda y la Universidad de Tokio en 2022, demostró que gritar incrementa hasta un 30% la fuerza voluntaria durante el esfuerzo físico.

El trabajo, liderado por Yudai Takarada y Daichi Nozaki, reclutó a 16 estudiantes universitarios japoneses, hombres diestros y sin experiencia previa en entrenamiento de fuerza, quienes realizaron pruebas de agarre manual en dos condiciones: con y sin gritos intermitentes durante esfuerzos sostenidos de dos minutos.

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El experimento incluyó la aplicación de estimulación magnética transcraneal sobre la corteza motora primaria, con medición simultánea de la fuerza, el tamaño de la pupila y la actividad eléctrica muscular mediante dispositivos calibrados. Los periodos de agarre máximo, breves y prolongados, se alternaron con episodios controlados de grito.

Gritar durante el esfuerzo físico puede aumentar la fuerza de agarre hasta en un 30% (IStock)

El “modo lucha o huida”

“Nuestros músculos casi nunca trabajan al cien por cien de su capacidad real”, explica Carolina en su video. “Esto se debe a que el sistema nervioso les pone frenos de seguridad para evitar las roturas y los desgarros. Pero cuando gritamos fuerte, se libera un montón de adrenalina, lo que hace que se active el ‘modo lucha o huida’ en nuestro cuerpo”.

El ‘modo lucha o huida’ es un conjunto de respuestas automáticas del organismo ante una amenaza. Estas reacciones organizan tanto el cuerpo como la mente para responder de manera inmediata a un peligro, y forman parte de la respuesta de estrés agudo. Cuando una persona percibe una situación amenazante, el sistema nervioso activa este mecanismo, priorizando la acción como estrategia de protección física y psicológica.

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Los resultados del estudio señalaron que gritar durante el esfuerzo aumentó la fuerza de agarre hasta en un 30% en condiciones de fatiga, cifra que supera el 15% observado en trabajos previos con esfuerzos breves. Además, el grito acortó la duración del denominado “periodo silencioso” del músculo, un intervalo de inactividad asociado a la inhibición cortical motora tras la estimulación cerebral. Según los autores, este efecto se debe a una reducción de la inhibición cortical motora, provocada por el estímulo excitatorio adicional que produce el grito en el sistema motor. Carolina lo explica así: “Momentáneamente estos frenos musculares desaparecen".

“Pero escucha”, matiza la bióloga, “el efecto depende del contexto, el estado mental y el nivel de activación previo. No nos vayamos a pensar que nos vamos a convertir en Hulk por mucho gritar. Así que lo de que chilléis un poquito en el gimnasio os lo compro, pero lo de que gritéis como si estuviésemos en un concierto gutural, pasa es que no”, concluye la bióloga.