Los famosos que usan nombre artístico y no lo sabías: de Candela Peña a Sergio Dalma o Bárbara Rey

Hay una larga lista de personajes públicos que desde el siglo pasado prefirieron separar su vida privada de la artística

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Los famosos que no usan su nombre real. (Montaje Infobae)

María Margarita García, Norberto Juan Ortiz, Pepa Flores o María Antonia Abad son algunos de los nombres que hay detrás de las personas más famosas de España. En el universo del espectáculo, cambiarse el nombre es casi una tradición no escrita. Algunos artistas buscan un nombre más sonoro, otros quieren proteger su intimidad y muchos simplemente encuentran en ese alias una identidad más potente para conquistar al público. Lo curioso es que, en ocasiones, esos nombres artísticos llegan a ser tan populares que olvidamos que detrás existe otra identidad completamente distinta.

En España, el fenómeno ha sido especialmente habitual entre cantantes, actores y rostros televisivos. Desde la música hasta las estrellas de nuestro cine, muchas celebridades construyeron una carrera entera bajo un nombre que nada tiene que ver con el que aparece en su documento oficial. Y aunque algunos casos son ampliamente conocidos, otros siguen sorprendiendo incluso a sus seguidores más fieles.

Sergio Dalma

Porque sí, detrás de muchos nombres míticos del corazón y la cultura popular española se esconden identidades inesperadas. Algunos eligieron homenajear a su tierra, otros apostaron por algo más comercial y unos cuantos simplemente adoptaron un apodo que terminó marcando su destino profesional. Estos son algunos de los ejemplos más llamativos.

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Las estrellas que cambiaron de nombre: de Candela Peña a Rossy De Palma

Encabezando la lista está Candela Peña, una de las actrices más premiadas del panorama nacional; se llama en realidad María del Pilar Peña Sánchez. “Candela” surgió como un apodo familiar que terminó imponiéndose incluso en los créditos cinematográficos.

Hablamos con ella de su papel como concursante en Bailando con las estrellas.

Otro ejemplo icónico en la actuación es el de Rossy de Palma. Su verdadero nombre es Rosa Elena García Echave, aunque el universo artístico creado junto a Pedro Almodóvar convirtió “Rossy de Palma” en un sello absolutamente reconocible dentro y fuera de España. El apellido artístico hace referencia a la isla de Mallorca, donde creció gran parte de su vida.

Norberto Juan Ortiz y Osborne, más conocido como Bertín Osborne, también ha rediseñado su nombre de pila. Bárbara Rey es otro ejemplo claro, pues su nombre de nacimiento es María Margarita García. Su representante lo eligió por ella y escogió el apellido de Fernando Rey acompañado de un nombre menos común que María. También está el caso de Marisol, que se lo escogieron porque no acababa de convencer su nombre de nacimiento, Pepa Flores. Sara Montiel realmente se llama María Antonia Abad Fernández. Su nombre artístico llegó por la mezcla del nombre de pila de su bisabuela y el pueblo toledano de Montiel.

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Bertín Osborne, en una foto de archivo. (Europa Press)

Cantantes que tienen nombre artístico

Si hablamos de leyendas de la música, es imposible olvidar a Rocío Dúrcal. La eterna reina de las rancheras nació como María de los Ángeles de las Heras Ortiz. Su nombre artístico fue elegido en referencia a la localidad de Dúrcal, al señalar un mapa que dictó su apellido de por vida.

El nombre verdadero de Rocío Dúrcal. (EFE/Victoria Valtierra)

Algo parecido ocurrió con Sergio Dalma. El intérprete de Bailar pegados nació como Josep Sergi Capdevila Querol, pero decidió transformar completamente su identidad artística al comenzar su carrera. El resultado fue un nombre más internacional y comercial que terminó acompañándolo durante más de tres décadas de éxito.

En la música actual tenemos a Lola Índigo, que es Miriam Doblas, o Rigoberta Bandini, que es Paula Ribó. En generaciones anteriores está Chenoa, que se llama Laura Corradini Falomir o Alaska, que se puso ese apodo porque no le acababa su nombre de pila, María Olvido Jara, y al escuchar una canción de Lou Reed decidió que ese sería su nombre artístico.

Al final, estos nombres no solo ayudaron a construir carreras de éxito, sino que también crearon personajes públicos capaces de trascender generaciones. Y quizá ahí esté la verdadera magia del espectáculo: lograr que un nombre artístico termine siendo más real para millones de personas que el propio nombre con el que nacieron.