Europa experimenta una escalada en las operaciones de espionaje ruso, según el último informe de la Agencia de Seguridad Interna de Polonia (ABW), que revela un incremento notable. Esta intensificación implica riesgos directos para la seguridad e integridad de infraestructuras críticas y procesos democráticos, como detalla la ABW en un documento. Polonia es uno de los países que más insiste en la lucha contra el Kremlin por su proximidad geográfica con el país y su rivalidad con Putin.
La Dirección Principal de Inteligencia del Estado Mayor ruso (GRU) y el Servicio Federal de Seguridad (FSB) concentran el grueso de las operaciones, a través de varios grupos especializados. Aunque históricamente el GRU se enfocaba en objetivos militares y el FSB en infraestructuras civiles, en los últimos tiempos ambos organismos ejecutan acciones transversales. A esta estructura se suman los servicios de inteligencia de Bielorrusia, que actúan como aliados directos de Moscú, especialmente en la infiltración de comunidades opositoras y la obtención de información militar.
En el ámbito judicial, solo en Polonia se abrieron 69 investigaciones por espionaje en dos años, cifra que iguala el total acumulado entre 1991 y 2023. Entre los detenidos figuran ciudadanos de Polonia, Ucrania, Bielorrusia y Rusia. En paralelo, el gobierno polaco sostiene que cooperación con aliados de la OTAN y la Unión Europea en ciberdefensa y contrainteligencia se ha intensificado.
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Red de actores rusos y métodos
El repertorio de métodos se ha sofisticado. El reclutamiento digital destaca por el uso de anuncios en redes y plataformas de mensajería para captar agentes ocasionales, a quienes se les ofrecen pagos inmediatos, en su mayoría mediante criptomonedas. Esta práctica dificulta la trazabilidad de los fondos y la aplicación de sanciones, según precisa la ABW. El informe también resalta la tendencia hacia células semiclandestinas compuestas por mercenarios o exmilitares, incluidos antiguos miembros de Wagner. Estas redes permiten ejecutar operaciones de sabotaje complejas y coordinadas.
En el ámbito digital, grupos como APT28 (Fancy Bear) y APT29 (Midnight Blizzard) han intensificado sus ataques contra infraestructuras críticas y sistemas gubernamentales, en ocasiones en coordinación con el grupo bielorruso UNC1151. En 2025, la ABW registró más de 40.000 incidentes informáticos, con un aumento interanual del 18% en ciberataques relevantes. Entre los objetivos recientes figuran plantas de tratamiento de agua, sistemas de energía y medios de comunicación, como el hackeo a la Agencia Antidopaje Polaca (Polada) en 2024, que comprometió datos médicos y personales.
Amenazas híbridas a la seguridad de Europa
La ofensiva abarca más que el ciberespionaje. El informe señala múltiples intentos de sabotaje físico sobre infraestructuras ferroviarias, energéticas y de comunicación, con potencial para causar víctimas. Paralelamente, la infiltración institucional se consolida como un factor estratégico clave para el Kremlin. Los servicios rusos buscan captar personas en posiciones clave de gobiernos, parlamentos y empresas sensibles.
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Las autoridades advierten que la combinación de ciberataques masivos, campañas de desinformación, sabotaje físico y reclutamiento sitúa el espionaje ruso como uno de los principales desafíos a la seguridad europea. Para hacerle frente, la UE opta por reforzar la colaboración internacional y mantener la vigilancia pública ante el riesgo creciente de infiltraciones y desestabilización política en el continente.