“Madrid quiere tener lo suyo propio”: los chulapos y chulapas resurgen en las fiestas de San Isidro después de años de “un desapego generalizado”

Durante muchos años, las fiestas de San Isidro se han vivido como una fiesta con música en la Pradera, pero las tradiciones que recordamos de nuestra infancia “generalmente no se viven de la misma manera”

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Unas jóvenes vestidas con el traje tradicional de chulapa posan para una fotografía durante las fiestas de San Isidro (REUTERS/Isabel Infantes)

Quien haya paseado por las calles de Madrid esta última semana habrá podido ver los claveles en el pelo, las gorras grises y el chulerío que caracteriza a los madrileños en San Isidro. Aunque el traje regional completo se resiste aún para algunos, el sentimiento de pertenencia está empezando a calar en muchos. “Afortunadamente hemos despertado”, celebra Maty, trabajadora en el amplio almacén de disfraces de la calle Maestro de Victoria 2 y que lleva su nombre. La tienda se encuentra a pocos metros de la plaza del Sol y lleva desde 1943 vendiendo ropa, calzados y complementos de baile y flamenco a los madrileños. Maty ha confirmado a Infobae que este resurgimiento se debe en gran parte al trabajo de las asociaciones de castizos. Y es que, si no hubiera sido por su lucha, muchas tradiciones se podrían haber perdido.

Entonces, ¿por qué Madrid ha dejado de lado sus tradiciones? “Es un fenómeno sociológico y cuando Madrid empieza a perder su esencia, es cuando se vuelve el Madrid industrial”, recuerda Maty. La llegada de nuevas poblaciones durante la Revolución Industrial y la mezcla de orígenes en las familias diluyó el arraigo de las costumbres castizas. “Cuando empieza, tanto a Madrid como a Barcelona llegan muchísimas personas de todas partes de España. Madrileños realmente de padre y madre había muy pocos”, asegura la de la empresa familiar. Por lo que, “si tu padre es de Cuenca y tu madre de Sevilla, les tira lo que es lo suyo, su origen”. Pero, ¿qué pasa cuando sus hijos se hacen mayores en la capital y tienen hijos y nietos? Irremediablemente, las fiestas “nos quedan más lejos y ya no tenemos esa tendencia”, añade Maty.

En pocas palabras: “Los podemos recordar de cuando éramos pequeños. Pero generalmente ya no se vive de la misma manera”. Esto se ha juntado con otro factor muy característico de los ciudadanos de aquella villa. “Los madrileños de por sí aceptamos absolutamente todo. Somos una ciudad completamente acogedora, que nunca ha tenido ningún reparo en adoptar a nadie. Y con ello hemos respetado además las costumbres de todo el mundo, pero a costa un poco de perder las nuestras”, determina la trabajadora de la tienda de disfraces. Sin embargo, parece ser que los últimos años esto se está tornando porque los descendientes de esos trabajadores que llegaban a la capital para buscar una vida mejor, ahora buscan su identidad: “Madrid quiere tener lo suyo propio”, explica Maty.

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La entrada principal de Maty (Infobae)

El ‘disfraz’ de chulapa es “uno de los atuendos más económicos que hay” y uno de los más olvidados

Las ganas de tener algo propio han hecho que los jóvenes se movilicen para reivindicar, como dice Maty, “lo propio”. Algo que se ha podido ver, por ejemplo, con la agrupación de Mazo de Madrid. Esta asociación ha arrancado con fuerza en su primer año y la idea que nace en tres chicas, Ainara, Sandra y Marta, ha convencido a casi 300 jóvenes en la capital. A través de su cuenta de redes sociales (@mazodemadrid) quieren “dar a conocer que nosotros también tenemos una fiesta tradicional, porque se ven muy virales las ferias de Sevilla, Fallas, los Sanfermines, y realmente pocos jóvenes conocen lo que es San Isidro”, explica Adeli, la portavoz de la agrupación a Infobae.

Con su movilización, buscan también “devolver la ilusión a los jóvenes, hacer un hueco para nosotros en la programación de la Pradera. Porque consideramos que falta ese apoyo a los jóvenes, que nos escuchen y también modernizar un poco la moda castiza, siempre respetando los marcos de la tradición”. Uno de los factores que más se ha respaldado es la deconstrucción de la imagen asociada al traje de chulapas y chulapos. “Creo que tiene mucho que ver con un desapego generalizado que ha habido con la tradición. Cuando no lo identificas como propio, creo que se puede llegar a caricaturizar”, opina una ciudadrealeña de 25 años adoptada en la capital, María Alderete (Meri), para Infobae.

Este año, la oriunda de Ciudad Real ha decidido dar un paso más: coserse su propio traje de chulapa y hacerle otro a una amiga. “Fue una excusa para aprender. Además, siempre me ha gustado mucho la fiesta de San Isidro y me pareció un reto divertido”, añade. No obstante, la mayoría de los madrileños no guardan esta idea del traje. De hecho, a pesar de ser “uno de los atuendos más económicos que hay”, como matiza Maty, no suele pasar la barrera del disfraz, a diferencia de lo que ocurre en otras comunidades donde el traje regional es un orgullo.

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Los dos vestidos que ha cosido Meri para este San Isidro (Cedida)

Desde Mazo de Madrid, consideran que esta imagen se mantiene porque “prácticamente es una tradición bastante olvidada. La mitad de los jóvenes no son conscientes ni de lo que es ni lo valoran. Muchos no saben ni qué día es”. Al final, cuando el madrileño se hace mayor, “va desapareciendo” la seña de identidad que intentan enseñar en los colegios. Por eso mismo la asociación busca “unir un poco también a los jóvenes” para que se sumen a esta celebración como se merece. Por su parte, Meri, a pesar de no haber crecido en la capital, tiene familiares y amigas que le han contado que “por lo general, San Isidro era un día en el que te vestían de chulapa para ir al colegio y poco más”. Pero, “si no se transmite la tradición y se te hace parte de ella, es muy difícil sentirla como propia”, explica la de 25 años.

La juventud está cambiando e impulsando la tradición

“En mi DNI ya pone Madrid y la verdad que siento la ciudad como mi verdadera casa”, comenta la ahora madrileña que hace ilustraciones castizas “y todo lo relacionado con la ciudad y sus tradiciones, gente, problemáticas, etc.” bajo el nombre de @alderetetas. Después de dos meses y de pasar por una experiencia “mucho más intensa de lo que yo pensaba”, Meri ha podido salir este 15 de mayo a la Pradera de San Isidro para celebrar uno de los días más festivos de la comunidad.

Según la ilustradora, “es la juventud la que está cambiando el traje para que así sea más representativo de lo que somos”. Meri sostiene que “es una forma de revalorizar la tradición y hacerla nuestra, darle cada una su toque personal", explica. Estos retoques podrían ser determinantes; pero la ciudadrealeña destaca que “hay ciertos elementos del traje que son innegociables. Siempre y cuando no se pierda la identidad del traje, es una forma de preservarlo”.

Uno de los escaparates de Maty (Infobae)

De hecho, hay tiendas como Carmen17 que diseñan trajes a medida y personalizados para que cualquier persona se sienta cómoda. “Los chalecos los bordamos en la espalda para recuperar el emblema castizo que más te apetezca, bien rodeado de claveles”, describen en su web. Meri, en su caso, ha podido ver que “ahora mucha gente innova con el estampado de la tela” e, incluso, también hay mujeres que llevan vestidos de dos piezas. Aunque la innovación puede motivar a alguna a vestirse de chulapa después de muchos años, hay detalles que son innegociables: “Lo básico que no puede faltar en un traje de chulapa es el volante a la altura de la rodilla (aproximadamente), unas mangas bien abullonadas (de farol o jamón) y pasacintas. Más allá de eso, cada una puede interpretar un poco lo que quiera”, afirma Meri.

Tampoco podemos olvidar el clásico “mantón (que no mantoncillo) y los claveles”. No obstante, a partir de aquí hay división: “Bajo mi punto de vista, el pañuelo blanco para la cabeza es lo que le pone el broche de oro al traje, pero no es obligatorio”, añade Meri. En cambio, Maty sostiene que no solo hay que llevar el pañuelo para ser una verdadera chulapa, sino que también hay que ponerse los claveles bien en la cabeza. Aun así, “estoy encantada de que la gente joven tenga ganas de esto y estaría encantada de que esos mantones maravillosos, que hay gente que los tiene en su casa metidos en un cajón porque eran de su abuela, de su tía o de su madre, que salgan a la calle aunque no sean vestidas de madrileñas”, añade la de la tienda de disfraces.

De esta forma, anima a todos a “que se vea que estamos en San Isidro, que llevamos nuestro mantón, nuestras flores y que es nuestra fiesta, que la queremos y que la reivindicamos”. Por su parte, Adeli agrega que “al final Madrid somos un poco todos y también queremos enseñar que tenemos lo nuestro”. Asimismo,desde Mazo de Madrid creen fielmente que “esta moda viene para quedarse sin duda”, porque “si está aquí, ¿por qué no recuperarlo?”, concluye.