Un estudio revela que los monos juegan de manera similar a los humanos

Al igual que los niños y adultos, algunos primates pueden participar en juegos de “hacer como si”, interpretando escenarios y objetos que solo existen en la mente

El resultado del estudio revela las similitudes del ser humano y el primate. (Martin Surbeck/Universidad de Harvard)

En un laboratorio de observación, el bonobo Kanzi sorprendió a los científicos al demostrar una capacidad que hasta hace poco se consideraba exclusiva de los humanos: jugar a simular situaciones imaginarias. Un estudio reciente mostró que, al igual que los niños y adultos, algunos monos pueden participar en juegos de “hacer como si”, interpretando escenarios y objetos que solo existen en la mente.

El hallazgo se produjo tras una serie de experimentos diseñados para evaluar la habilidad de simular en los bonobos. Los resultados obtenidos con Kanzi, uno de los primates más estudiados del mundo, aportan pruebas de que las diferencias cognitivas entre humanos y otros grandes simios pueden ser menos marcadas de lo que se creía. Los investigadores observaron que Kanzi no solo reconocía la distinción entre lo real y lo imaginario, sino que respondía de forma coherente ante situaciones ficticias planteadas por los científicos.

Este avance obliga a reconsiderar la idea de que la imaginación elaborada es un rasgo exclusivamente humano. Si los bonobos pueden simular, la línea divisoria entre las capacidades cognitivas de nuestra especie y otros primates resulta mucho más tenue, abriendo nuevas preguntas sobre el origen y la evolución de la mente.

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Los resultados y el procedimiento del experimento

El estudio, publicado en una revista científica de alto impacto, se centró en el comportamiento de Kanzi bajo situaciones de juego simbólico. Durante las pruebas, el bonobo fue invitado a participar en escenarios ficticios, como una “merienda imaginaria”, donde debía interactuar con objetos que no estaban presentes físicamente, por ejemplo, simulando beber de una taza vacía o compartir alimentos inexistentes.

Ocurrió en la televisión nipona y el video se popularizó en Twitter.

En estas tareas, Kanzi acertó aproximadamente el 68% de las respuestas relacionadas con situaciones imaginarias, mostrando un nivel de comprensión y consistencia notable para un animal no humano. Los científicos destacaron que el bonobo no solo seguía las reglas del juego, sino que también interpretaba correctamente el contexto, diferenciando cuándo debía actuar según lo real y cuándo según lo imaginario.

Kanzi ya era conocido por sus habilidades cognitivas avanzadas, como comprender el lenguaje humano y comunicarse a través de símbolos. Este nuevo resultado refuerza su posición como uno de los primates más estudiados en la historia de la ciencia y aporta evidencia directa de que los juegos de simulación no son patrimonio exclusivo de nuestra especie.

El cambio de visión del mundo animal

El descubrimiento tiene consecuencias para diversas disciplinas, desde la psicología hasta la biología evolutiva y la neurociencia. Hasta ahora, la capacidad de crear y manipular escenarios simbólicos se consideraba un hito propio de la evolución humana. Sin embargo, los datos obtenidos con Kanzi sugieren que la imaginación compleja podría tener raíces mucho más antiguas, remontándose al ancestro común entre humanos y otros grandes simios.

La imaginación compleja tiene su origen en la antigüedad. (Shutterstock)

Esto implica que habilidades como el pensamiento simbólico, el lenguaje y el razonamiento abstracto no surgieron de manera abrupta ni exclusiva en el linaje humano, sino que pueden haberse desarrollado gradualmente en el transcurso de la evolución. La frontera entre lo que es “humano” y lo que es “animal” se difumina, mostrando que muchas capacidades atribuidas a nuestra especie existen en formas menos elaboradas en otros primates.

A pesar de la fuerza de estos resultados, los propios autores del estudio advierten sobre la necesidad de cautela. La investigación se basa en un número reducido de individuos y podría estar influida por el entrenamiento previo o la interacción frecuente de Kanzi con humanos. Por eso, los científicos proponen ampliar los experimentos a otras especies y contextos, para confirmar si la habilidad de simular es común entre los grandes simios. Mientras tanto, este hallazgo invita a repensar los límites de la imaginación animal y el lugar que ocupamos en la escala evolutiva.

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