La adolescencia es una etapa de transformación profunda. Durante estos años, el cerebro atraviesa un intenso proceso de maduración, similar a una gran obra de construcción cuando se sientan las bases de las habilidades para el resto de la vida adulta. De esta forma, cualquier alteración puede marcar consecuencias significativas en el futuro. Así lo ha confirmado un nuevo estudio publicado en revista Neuropsychopharmacology. El informe, liderado por Natasha E. Wade y su equipo del Departamento de Psiquiatría de la Universidad de California, ha revelado que el consumo de cannabis durante este período crítico puede actuar como un freno, limitando significativamente el desarrollo de las habilidades cognitivas de los jóvenes.
Para llevar a cabo este ambicioso análisis, los científicos utilizaron los datos del exhaustivo Estudio sobre el Desarrollo Cognitivo y Cerebral del Adolescente (ABCD), evaluando a una gran cohorte diversa de más de 11.000 jóvenes estadounidenses de entre 9 y 17 años a lo largo del tiempo. Pero lo que hace que este estudio sea tan revelador no es solo la confirmación de que el cannabis afecta al cerebro, sino cómo lo hace exactamente. El equipo ha descubierto un patrón fascinante y a la vez preocupante. Inicialmente, los niños que más tarde iniciaron el consumo de cannabis mostraban una ligera ventaja cognitiva durante la infancia tardía, antes de probar la sustancia. No obstante, a medida que crecían y comenzaban a consumir regularmente, sus trayectorias de desarrollo cambiaron drásticamente.
Así, en lugar de experimentar rápidas mejoras mentales típicas que ocurren naturalmente en la adolescencia, estos jóvenes mostraron un progreso reducido o trayectorias “aplanadas” a lo largo del tiempo. Es decir, mientras sus compañeros que no consumían cannabis veían cómo sus mentes se volvían cada vez más rápidas y agudas con la edad, los consumidores frenaban su ritmo de mejora. Además, las áreas cognitivas afectadas abarcan casi todo el espectro del pensamiento diario: la memoria inmediata y a largo plazo, la velocidad de procesamiento de información, el control inhibitorio (la capacidad de frenar impulsos), el procesamiento visuoespacial, el lenguaje y la memoria de trabajo.
La verdad en el cabello apunta al culpable
Una de las grandes fortalezas de este estudio es cómo los científicos resolvieron un problema clásico en la medicina. Y es que, a menudo, los adolescentes ocultan la información o no recuerdan con precisión cuánto consumen. Por eso los investigadores tenían claro que depender únicamente del relato verbal de los jóvenes en las encuestas podría subestimar el consumo real en un 60%.
Para obtener una verdad indiscutible, el equipo combinó las encuestas tradicionales con pruebas toxicológicas objetivas, incluyendo análisis de orina, fluidos orales, aliento y, de manera muy curiosa, mechones de cabello. Al precer, el cabello es una herramienta poderosa porque puede proporcionar una “ventana” de hasta tres meses sobre el consumo de sustancias de una persona.
Una vez establecidos los parámetros de medición hay que tener en cuenta que la planta del cannabis también es compleja y contiene más de 120 cannabinoides diferentes. Al analizar específicamente los rastros en el cabello de un subgrupo de adolescentes, los investigadores aislaron a los principales protagonistas: el THC (el compuesto psicoactivo que “coloca”) y el CBD (un compuesto promocionado por otros fines). Con esto descubrieron que la exposición reciente al THC estaba directamente relacionada con un peor rendimiento en la memoria episódica con el paso del tiempo, en comparación con aquellos jóvenes que no consumían nada.
Por el contrario, los jóvenes que solo tenían rastros de CBD en su sistema no mostraron diferencias frente a los controles. Esto sugiere que el THC es el principal responsable detrás de este freno en la memoria. De este modo, los investigadores han confirmado que el cerebro en desarrollo es particularmente vulnerable al THC porque interfiere con el sistema endocannabinoide, una red neurológica clave para crear nuevas células cerebrales y moldear la arquitectura mental durante la juventud.
Las consecuencias de este estancamiento cognitivo no son simples estadísticas. Como advierten los investigadores, estas alteraciones del desarrollo pueden traducirse en problemas tangibles para el futuro de los jóvenes. Un rendimiento inferior en la memoria y el aprendizaje rápido puede afectar directamente las calificaciones escolares, reducir las oportunidades universitarias y comprometer habilidades vitales como la conducción de vehículos, un área donde los adolescentes ya de por sí asumen más riesgos.