Dos adolescentes de 16 años encuentran un diamante de 709 quilates en la montaña: valía 6,5 millones de euros pero solo se llevan 67.000

La gran mayoría se lo quedó el estado y el propietario de la mina donde trabajaban

Una persona recoge un diamante en el sueloUna persona recoge un diamante en el suelo. (Freepik)

Koyadu, este de Sierra Leona. Allí, la minería artesanal sostiene a cientos de miles de personas que trabajan en condiciones precarias, a cambio de comida y materiales básicos.

Komba Johnbull y Andrew Saffea, ambos de 16 años, formaban parte de un pequeño grupo de excavadores. Su jornada empezaba antes del amanecer: primero en una granja de nueces de palma, después horas removiendo tierra, grava y agua bajo la lluvia.

El 13 de marzo de 2017, durante una jornada más, Johnbull vio algo distinto bajo el agua. “Vi una piedra bajo el agua corriente… fue puro instinto, pues nunca antes había visto un diamante”, recordó.

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La sacó del barro. La miró durante más de un minuto. Luego avisó a su amigo Saffea: “Tío, esa piedra brilla, ¿qué clase de piedra es?”. Era un diamante de 709 quilates, uno de los mayores del mundo.

La reacción fue inmediata. Nadie en el grupo cobraba salario; dependían del pastor Emmanuel Momoh, propietario de la mina, que les proporcionaba alimentos y apoyo básico.

La decisión

En la región, lo habitual es vender hallazgos así en el mercado negro. Pero esta vez no ocurrió.

Momoh decidió entregarlo al Gobierno de Sierra Leona. La piedra salió del país hacia una subasta internacional y fue adquirida por el joyero británico Laurence Graff por unos 6,5 millones de euros.

El diamante pasó a ser conocido como el “diamante de la paz”, en contraste con los llamados diamantes de sangre que alimentaron la guerra civil del país entre 1991 y 2002.

Un diamante. (Foto: Dominion Diamond Mines)

Reparto del dinero

El acuerdo de distribución de beneficios destinó parte de los ingresos al Estado y al desarrollo local de Koyadu. El pastor Momoh concentró una porción importante y también impulsó proyectos en la zona.

Los excavadores recibieron alrededor de 67.000 euros cada uno. “Pensábamos que íbamos a convertirnos en las personas más ricas del mundo”, resumió Saffea.

En un país donde la renta diaria media ronda los cinco euros, la cifra era enorme. Pero no cubría las expectativas que el hallazgo había despertado.

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El dinero, los intentos y el después

Johnbull compró una casa en Freetown. Saffea apostó por estudiar en el extranjero. Juntos viajaron a Ghana para intentar tramitar una visa para Canadá.

Pagaron cerca de 14.000 euros a intermediarios para cubrir gestión, viaje y estudios. Pero la visa fue rechazada y arte del dinero se diluyó en el proceso.

“Cuando tenía dinero era demasiado joven… compraba ropa y cosas así”, recordaría Johnbull más tarde en la BBC. “Mirando hacia atrás, no me siento bien con eso”.

Saffea acabó trabajando en un establo en el extranjero, donde también dormía. “Cuido caballos en un establo, donde también duermo y como”, explicó. Su objetivo ahora es regresar a casa.

Johnbull volvió a Sierra Leona y trabaja fabricando marcos de ventanas de aluminio en Freetown.

El pastor Momoh se trasladó a la capital tras la venta del diamante y construyó una escuela. Además, destinó alrededor de 1 millón de dólares (unos 900.000 euros) a donaciones y proyectos comunitarios en la aldea.

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