La joven española Paola Cañas vive en las islas Maldivas desde hace algo más de dos años. Decidió hacer las maletas tras enamorarse del país asiático durante unas vacaciones y ahora allí tiene una agencia de viajes de buceo, que es una de sus pasiones.
A Infobae España asegura que siente una profunda conexión con el mar y especialmente con los tiburones, de los que ha aprendido mucho gracias a sus continuas inmersiones. Ahora vive en la isla de Fuvahmulah, una de las más alejadas de las Maldivas y que es especialmente característica porque aquí existe la mayor concentración de tiburones tigre del mundo. “Hay más de trescientos ejemplares registrados”.
Pese a que para Paola cada buceo con tiburones es especial, hace aproximadamente un mes vivió una experiencia que le causó una gran conmoción: se encontró por primera vez con un ejemplar vivo al que le habían mutilado las aletas, Finn-263, una hembra juvenil de tiburón tigre que ya es bastante conocida en la zona.
“Le faltan las aletas pectorales, la alerta dorsal y también el lóbulo inferior de la aleta caudal, que es la de la cola”, explica a este medio Paola. “Normalmente cuando esto ocurre no se ven tiburones vivos porque es muy difícil que sobreviva. A mí me causó una sensación... No sé, que si lo pienso ahora me emociono porque es muy fuerte”. La buceadora explica que Finn no suele acercarse apenas a los buceadores.
Éric de la Riva Domínguez, biólogo, etólogo y divulgador de contenidos sobre el mundo animal a través de Faunísticos, señala que casos como el de Finn son “tremendamente raros”. No se refiere a la mutilación de sus aletas, algo que sí es habitual, sino al hecho de que haya sobrevivido tanto tiempo. “Sí que se habían registrado casos de tiburones adultos a los que les faltaba la aleta dorsal y llevaban una vida más o menos normal; también individuos juveniles que habían sufrido el mismo tipo de pesca y habían sobrevivido, pero en su caso fue gracias a las reservas del saco vitelino que tenían después de haber nacido”.
Finn ha sobrevivido a “la pérdida de sangre” y a “la posible infección de las heridas”, y “ha conseguido evitar la muerte tan dolorosa y agónica que sufren la grandísima mayoría de tiburones que padecen esta técnica de pesca”, que se conoce como finning. Es extraño, además, porque “las alertas que le han cortado son las que le permiten tener un nado estable”; así, esta pérdida provoca que ahora para moverse —algo necesario para un tiburón tigre porque es a través del nado como consigue que el agua pase por sus branquias para poder respirar— necesite “un gasto de energía increíble”.
“Para ella, quedarse quieta esperando a que pase algún pececillo del que alimentarse no es una opción. Moriría asfixiada”, explica a Infobae el biólogo. Finn es posible que tampoco pueda reproducirse porque durante la cópula los machos agarran a las hembras de las alertas. “Esto ya de por sí es una grandísima pérdida para la conservación de la especie”, más aún teniendo en cuenta el bajo potencial de reproducción de estos animales.
El ‘finning’: crueldad animal con un fin económico
El finning es una práctica que consiste en la captura de tiburones para cortarles las alertas y, posteriormente, cuando el ejemplar todavía continúa con vida, devolverlos al mar. Así, la gran mayoría mueren por asfixia —ya que algunas especies necesitan moverse continuamente para respirar—, desangrados o como presa de otros animales.
Tal y como señalan tanto Paola como De la Riva, esta práctica tiene una finalidad económica. “Las aletas es la parte del tiburón más cara, la que da más rendimiento. Por lo tanto, llenar el barco de la parte más cara es mucho más rentable para los pescadores que llenarlo con el tiburón entero”, señala el biólogo.
La aleta de tiburón es considerada un producto gastronómico de lujo en muchos mercados, especialmente en los países asiáticos, donde el plato tradicional de la sopa de aleta de tiburón puede alcanzar valores equivalentes a varios cientos de euros por comensal.
En otros muchos países de todo el mundo el finning es ilegal. Desde el 6 de julio de 2013, en la Unión Europea es obligatorio que las flotas pesqueras desembarquen a puerto los tiburones pescados con sus aletas adheridas al cuerpo de forma natural. Es después cuando pueden cortarse y exportarse, pero no antes para evitar que se devuelva el ejemplar vivo al mar.
Esto no impide, sin embargo, que en alta mar se siga practicando el finning de manera furtiva. “Para evitarlo, los barcos de pesca tienen que ser observados de forma independiente, pero en la actualidad la tasa de observadores sigue siendo demasiado baja para prevenirlo con seguridad”, señala en su página web la asociación Océanos de Vida Libre.
El finning no es la única amenaza que enfrentan los tiburones. La sobrepesca en sí, aunque sea realizada de forma legal, ha provocado una merma significativa en las poblaciones de estas especies. De la Riva explicó a Infobae en una entrevista anterior que “cada minuto que pasa se matan doscientos tiburones de media en todo el mundo”. Océanos de Vida Libre cifra las muertes de estos animales por la actividad humana entre 63 y 273 millones anuales.
“No nos debemos olvidar de que uno de los mayores problemas para los tiburones es la sobrepesca que están sufriendo, no solamente por sus aletas, sino también por su carne. Y en esto España tiene una gran parte de culpa”, señala De la Riva.
España es el segundo país a nivel mundial y el primero en Europa en exportación de aletas de tiburón, con Singapur como su principal comprador, según un estudio liderado por el Institut Mediterrani d’Estudis Avançats (IMEDEA) y la Universidad de Santiago de Compostela, y que fue publicado en julio de 2025 en la revista Marina Policy. “Creo que la mayoría de gente de España no sabe ni siquiera que se vende mucho el tiburón, ni que existe el finning, ni que se utilizan sus aletas...”, destaca Paola Cañas, incidiendo en la importancia de que se divulgue sobre esta cuestión para crear conciencia.
Maldivas: de santuario de tiburones a la vuelta de la pesca
La buceadora española residente en Maldivas señala que en dos años nunca había visto un tiburón vivo sin aletas. Sin embargo, poco después de encontrarse con Finn, tuvo una experiencia similar, esta vez con un tiburón oceánico de puntas blancas (Carcharhinus longimanus), que está en peligro crítico de extinción, el nivel de amenaza más elevado antes de su desaparición en estado salvaje.
Este tiburón nada en mar abierto y es difícil de encontrar. “Vimos unos cuantos y a uno de ellos también le faltaba una aleta. Qué fuerte que en dos años nunca he visto ninguno [ningún tiburón vivo con las aletas mutiladas] y ahora de repente en un mes me encuentro con dos”.
En las islas Maldivas, el finning también es ilegal; sin embargo, tal y como señala la ONG Mirayu, dedicada a la investigación y conservación de los tiburones, en los últimos meses se han reportados varios casos de ejemplares mutilados. Esto coincide con la reapertura en noviembre de 2025 de la pesca del tiburón gulper (Centrophorus granulosus), reconocido como en peligro de extinción por la UICN. Desde 2010 Maldivas era considerado un santuario para los tiburones por la prohibición total de su pesca.
“Con esto ha habido un montón de jaleo, sobre todo por parte de los centros y las personas que se dedican al buceo y a la conservación de los tiburones”, señala Paola. “Es un tiburón muy chiquitito que vive en las profundidades y el interés por este tipo está simplemente en obtener su hígado para sacar el aceite que se llama escualeno, que se utiliza para cosméticos y en farmacéutica”.
La reapertura de la pesca del tiburón gulper no solo supone una amenaza para esta especie en concreto, explica la española. “¿Qué pasa si abres la pesca de un tiburón en concreto que está a muchísima profundidad? Pues que por el camino te llevas ‘accidentalmente’ otros tipos de tiburón, que muchos están en peligro”. Tal y como señala, en los anzuelos utilizados para esta pesca “puede caer cualquier cosa”.
“Supuestamente si, cuando una vez lo recogen ven que es una especie que no tienen que pescar, lo sueltan. Lo que pasa es que muchos de ellos, para cuando lo saquen, ya pueden haber muerto, según a donde le haya llegado el anzuelo o si otro depredador al estar ahí atrapado y herido se lo come”, denuncia Paola. “El finning está prohibido, pero mágicamente está habiendo casos después de eso [la reapertura de la pesca]”.
Las consecuencias de la desaparición de los tiburones
La desaparición de los tiburones, que puede convertirse en una realidad dado el ritmo de reducción en sus poblaciones, supondría serias consecuencias para los océanos. “Podríamos pensar que perder a los tiburones no sería un problema. Podríamos pensar que sin tiburones los mares serían lugares más seguros”, señala De la Riva, consciente de que estos animales cuentan con un gran estigma por parte de la sociedad fundamentalmente debido a la industria cinematográfica.
Sin embargo, considerar que la desaparición de los tiburones sería algo positivo es “un terrible error”: “Los tiburones son uno de los grandes depredadores de los océanos y, como tal, controlan que toda la red trófica esté en equilibrio”. Para ejemplificar su importancia, el biólogo utiliza como ejemplo la tarea fundamental de un agricultor en su huerto: “Va eliminando las malas hierbas, los ejemplares que tienen enfermedades, y esto ayuda a que todo el huerto prospere. Si eliminamos a los agricultores, las malas hierbas crecen, las enfermedades se propagan por todo el huerto y es mucho menos productivo”.
Trasladado al caso de los tiburones, si estos desapareciesen, el biólogo explica que “el mar sería mucho menos productivo y tendríamos mucha menos pesca”. “Por lo tanto, la pérdida de tiburones no es un problema ajeno a nosotros, sino es un problema que nos afecta directamente”.
Por su parte, Paola Cañas, atendiendo al hecho de que múltiples sectores verían con recelo la prohibición de pescar tiburones por su aporte económico, sugiere que una alternativa sería cuidarlos y conservarlos para “fomentar el turismo y el buceo con tiburones en el Mediterráneo”, una industria que señala que daría un gran beneficio monetario, como observa que ocurre en Maldivas.
De la Riva, por su parte, incide en la necesidad de dar a conocer la importancia en los ecosistemas de los tiburones, así como los problemas que enfrentan con respecto a la sobrepesca. “Muchos de los gobiernos, grupos y empresas que se han comprometido con eliminar el finning lo han hecho debido a la presión social, que ayuda a la conservación”.
Como individuos, el biólogo destaca la importancia de rechazar el consumo de productos relacionados con el tiburón, especialmente si son de especies protegidas. No solo la aleta, sino también los suplementos alimenticios o su carne, algo que destaca que supone un problema porque muchas veces “estamos comiendo tiburón sin saberlo”. Señala, por ejemplo, la pintarroja (Scyliorhinus canicula), el cazón (Galeorhinus galeus) —que cuenta con una tasa de crecimiento muy baja, lo que dificulta enormemente recuperar poblaciones— o la tintorera (Prionace glauca), que se encuentra en peligro crítico de extinción en el Mediterráneo.
“Un océano con tiburones es un océano sano”, defienden desde la asociación Océanos de Vida Libre. “No te preocupes si ves tiburones en el mar, preocúpate si no los ves”.