El árbol monumental de 1.500 años situado en la Isla de la Cartuja, en Sevilla, está pidiendo a gritos ayuda. El cactus, conocido como sahuaro o cardón milenario, fue un regalo de México durante la Exposición Universal de 1992; mide 15 metros y pesa 18 toneladas. Sin embargo, su salud se ha deteriorado de forma alarmante en los últimos diez años, debido a que la zona verde donde fue plantado se cubrió con losetas. La advertencia sobre su estado la ha lanzado la Asociación de Defensa del Patrimonio de Andalucía (Adepa), que también ha solicitado la intervención de las autoridades para garantizar la conservación de este símbolo binacional.
Juan Cobano, portavoz de Adepa, ha lamentado que el área haya reducido su espacio verde y se haya encajonado su recorrido con cemento para habilitar un aparcamiento en un edificio actualmente abandonado, dejando un panorama “demasiado triste” para el ejemplar. De esta manera, Cobano ha determinado ante EFE que, debido a estas acciones llevadas a cabo en 2017, el sahuaro “tiene un problema de asfixia de raíces”. A pesar de que sigue en pie, su entorno dista mucho del esplendor original: “Cuando llegó, todo era una plaza verde. Ahora está rodeado de una plaza muy dura de cemento y esta joya se ha arrinconado”, ha señalado el portavoz de Adepa.
Igualmente, la organización ha alertado sobre los daños causados por actos vandálicos. Según información difundida por Antena 3, el cactus ha sido objeto de agresiones con navajas y punzones, con el objetivo de grabar mensajes en su superficie. Por ello, Adepa reclama la instalación de una valla de hierro que lo proteja y la siembra de rosales sevillanos en su base para disuadir futuros ataques. También solicitan la colocación de un cartel informativo que explique la relevancia de este ejemplar, ya que actualmente no existe ninguna señalización que lo identifique o contextualice.
Un tesoro botánico en estado crítico
Gracias a la exportación, el sahuaro de la Cartuja es un caso excepcional dentro del panorama botánico europeo. De acuerdo con Adepa, “se trata de un ejemplar único en Europa” tanto por su antigüedad como por su tamaño y origen. La asociación remarca que el cactus “ha sobrevivido hasta 2026 gracias a que necesita pocos cuidados para vivir”, aprovechando las reservas de agua acumuladas durante el invierno sevillano.
No obstante, advierten que la falta de espacio verde, el cemento que asfixia sus raíces y la ausencia de mantenimiento pueden poner en riesgo la supervivencia del cactus. El deterioro progresivo de este regalo de México revive el debate sobre la conservación de los vestigios botánicos y arquitectónicos heredados de la Expo 92, muchos de los cuales han quedado expuestos al paso del tiempo y a la falta de proyectos de revitalización.
Desde Adepa se insiste en la necesidad de “ampliar el espacio verde en el que está, quitando todo el hormigón que hay a su alrededor” y de mejorar el sistema de tensores que sostienen la estructura, ya que actualmente están ubicados más bajos que en su emplazamiento original. La asociación no comprende por qué en 2017 se optó por cubrir de losetas el entorno del cactus, decisión que consideran perjudicial y reversible por ahora.
El viaje del cactus milenario
El cactus milenario fue elegido entre los más esbeltos del Valle de los Gigantes en Mexicali, Baja California, mucho antes de la Expo del 92. Y es que estuvo a punto de ser trasladado al Ayuntamiento de Mexicali en 1975, aunque entonces la idea se descartó por las dificultades y costes del transporte. Más tarde, se reconsideró su traslado en una operación compleja marcada por polémicas y obstáculos logísticos. La extracción del cactus se realizó el 14 de diciembre de 1991 y se volvió a paralizar temporalmente tras protestas en el Congreso del Estado de Baja California, donde se cuestionó el destino de una planta tan longeva, como narran en Sevilla Secreta.
Los trabajos se reanudaron solo después de que los técnicos garantizaran la viabilidad del proceso. Para el operativo se requirieron tres grúas y una jaula metálica de grandes dimensiones, lo que atrajo la atención de la prensa y de numerosos curiosos en la zona. El cactus fue depositado en un tráiler de treinta ruedas y posteriormente transportado en avión desde el aeropuerto de Hermosillo, Sonora, hasta Miami y de allí a Sevilla. Finalmente, el 23 de marzo de 1992, el ejemplar llegó a la capital andaluza, acompañado accidentalmente por uno de los técnicos, Alfredo Silvestre, quien viajó indocumentado al quedar atrapado en el avión durante el despegue.
Afortunadamente, las autoridades españolas le concedieron un permiso especial al aterrizar. Pero los problemas no se quedaron ahí. Una vez en suelo sevillano, la falta de grúas adecuadas obligó a utilizar maquinaria del propio aeropuerto para descargar el cactus y, tras algunas maniobras adicionales, el ejemplar se instaló junto al Pabellón de México, en una amplia zona verde que fue diseñada por el arquitecto Juan Siles Aguilera. Durante la Expo 92, el cactus se convirtió en uno de los principales atractivos naturales del recinto, congregando a visitantes que buscaban admirar su imponente presencia.