En el entorno familiar, la diferencia en la forma de expresar las emociones entre hombres y mujeres suele ser motivo de disputa entre los progenitores. El psicólogo Alfonso Navarro, especializado en adolescencia y familia, que también divulga a través de sus redes sociales (@alfonsopsicologia), explica en una de sus últimas publicaciones que “cuando un padre se muestra serio, enfadado o centrado en buscar soluciones, muchas veces se interpreta como frialdad o dureza”. Y esta actitud no siempre se ve con buenos ojos. Pero, “cuando una madre muestra tristeza o angustia, solemos reconocer rápidamente su sufrimiento”, asegura. Esta forma de medir el dolor y la preocupación es un problema tanto de la propia familia como de su entorno más cercano, pero deja claro que esto sucede porque “los padres no expresan las emociones de la misma manera”.
Nararro señala que padres y madres no siempre exteriorizan la angustia o la preocupación de la misma forma. Para el psicólogo, la tristeza en la madre muchas veces activa la empatía automática de los demás, que rápidamente identifican su angustia; pero la reacción más contenida o racional del padre frecuentemente lleva al juicio o la incomprensión. Según Navarro, “muchos hombres han aprendido que tienen que esconder su miedo o su angustia, así que lo que aparece en su lugar es control, enfado, ira o esa necesidad de buscar soluciones prácticas”.
Esta diferencia de patrones suele derivar en la falsa percepción de que el padre es distante, cuando en realidad es posible que esté experimentando la misma ansiedad o miedo que la madre. De hecho, según su experiencia, en al menos una de cada dos intervenciones terapéuticas familiares identifica la falta de validación de estos modos de expresar las emociones negativas.
Cómo evitar discutir por esta forma de externalizar las emociones
El especialista ha insistido en que, para evitar conflictos a raíz de esta forma de expresarse más común en los hombres, pero que también pueden experimentar las mujeres, es fundamental entender “que las emociones pueden expresarse de maneras muy diferentes”. Subraya que las conductas orientadas a la resolución de problemas o una actitud seria no son síntoma de ausencia de sufrimiento. Por el contrario, esas actitudes pueden ser, en muchos casos, la manifestación de un malestar profundo. “Que alguien busque soluciones no significa que no esté sufriendo. A veces significa justo lo contrario”, sostiene Navarro.
Este tipo de discusiones suponen un desgaste para la pareja y es mejor tratar de resolverlo cuanto antes. El psicólogo explica que la clave radica en dejar de identificar la vulnerabilidad exclusivamente con muestras externas de tristeza.
En su publicación, ha alertado de que “si en una familia solo validamos la emoción que se parece a la tristeza, es fácil que algunos miembros se sientan incomprendidos o juzgados”, un fenómeno que, trasladado a la consulta, amenaza la eficacia de los procesos terapéuticos con padres varones. “Si en terapia solo acompañásemos las emociones que son evidentes o que se parecen a la tristeza, lo que ocurriría es que los padres se sentirían juzgados y decidirían no venir“, por ello, considera que es importante integrar esta perspectiva en las sesiones.