Durante años, la relación entre Isabel II y su nieto Harry fue vista como uno de los vínculos más entrañables dentro de la familia real británica. Cercanos, cómplices y unidos por un cariño que parecía inquebrantable, pocos podían imaginar que ese lazo terminaría marcado por la desconfianza, la distancia y un profundo desencanto.
Sin embargo, una nueva biografía firmada por el historiador Hugo Vickers, titulada Queen Elizabeth II: A Personal History, arroja luz sobre los últimos años de esta relación y dibuja un escenario muy distinto al que se había proyectado públicamente. Según el autor, la reina terminó profundamente herida por las decisiones y declaraciones de su nieto, especialmente tras su salida de la familia real y su exposición mediática.+
El punto de inflexión, tal y como recoge el libro, fue la explosiva entrevista que Harry y Meghan Markle concedieron a Oprah Winfrey en 2021. A partir de ese momento, algo cambió para siempre. La monarca, según Vickers, pasó de la cercanía a una actitud mucho más cautelosa, casi defensiva.
Uno de los detalles más llamativos que revela la biografía tiene que ver con las llamadas telefónicas entre abuela y nieto. Lejos de la intimidad que cabría esperar, Isabel II habría tomado la decisión de no hablar nunca a solas con Harry. Cada vez que él la llamaba, pedía que su dama de compañía estuviera presente durante la conversación. Un gesto que, más allá de lo protocolario, refleja un nivel de desconfianza poco habitual en una relación familiar tan estrecha.
Pero no solo eso. Según el relato del historiador, la reina optaba por responder de manera escueta, limitándose a monosílabos como “sí” o “no”. Una estrategia que, lejos de la frialdad gratuita, buscaba protegerse en un contexto donde cualquier palabra podía acabar filtrada o reinterpretada en los medios.
Este distanciamiento no fue únicamente una cuestión de prudencia, sino también de dolor. Personas cercanas al entorno real aseguran —según recoge el libro— que el impacto emocional que provocaron las acciones de los duquses de Sussex en la reina fue mucho mayor de lo que se percibió públicamente. Una herida silenciosa que marcó sus últimos años de vida.
Ese malestar también se dejó ver en momentos especialmente significativos. Durante el Jubileo de Platino en 2022, cuando Harry y Meghan viajaron al Reino Unido con su hija Lilibet, la reina accedió a conocer a su bisnieta, pero bajo condiciones muy claras: la reunión no sería privada y no habría fotógrafos. Para Isabel II, era fundamental que ese encuentro permaneciera en el ámbito familiar, sin riesgo de exposición mediática.
Lejos de tratarse de un episodio aislado, la biografía sugiere que las tensiones venían gestándose desde mucho antes. Incluso antes de la boda de Harry con Meghan en 2018, la reina habría mostrado ciertas reservas. Según Vickers, llegó a aconsejar a su nieto que no se precipitara y que esperara un tiempo antes de dar el paso. Un consejo que finalmente no fue seguido.
Además, el libro recoge pequeños episodios que habrían contribuido a deteriorar la relación, como supuestos roces con el personal en residencias reales. Situaciones que, acumuladas, habrían ido desgastando la confianza de la monarca en el que antaño fuera una de sus personas más cercanas.