Hace 200.000 años, Europa estaba dominada por los neandertales. Históricamente han sido considerados como seres más atrasados que Homo sapiens, pero las investigaciones de los últimos años muestran una realidad distinta que revelan su avanzada humanidad. Importantes yacimientos como la cueva de Shanidar (Irak) permiten indagar sobre el alma y el sentimiento metafísico neandertal.
Ahora, un nuevo estudio apunta a que los neandertales tendrían nociones básicas de medicina. Una investigación conjunta de la Universidad de Colonia (Alemania) y la Universidad de Oxford (Reino Unido) ha descubierto que los neandertales preparaban una sustancia viscosa a partir de corteza de abedul con fines medicinales.
El alquitrán de abedul no solo poseía propiedades antibacterianas, sino que también se utilizaba como adhesivo para unir puntas de lanza, lo que se conoce como enmangue. Estudios recientes apuntan a que en esta época del Pleistoceno ya cazaban en grupo, tal y como los Homo sapiens.
Los resultados de la investigación, publicada en la revista PLOS One, revelan una faceta desconocida de las habilidades prácticas y sanitarias de los neandertales. Los expertos han confirmado mediante pruebas biológicas que el alquitrán de abedul creado exhibe actividad antibacteriana significativa frente a Staphylococcus aureus, una bacteria asociada a infecciones cutáneas y de heridas.
El estudio detalla que solo 0,2 gramos de alquitrán son capaces de cubrir hasta 100 centímetros cuadrados de piel, lo que pone en relieve la eficacia potencial del recurso empleado por esta especie humana extinta. Este dato diferencia la funcionalidad práctica de la sustancia en contextos de tratamiento de heridas y enfermedades dérmicas.
Una crema antibacteriana de la Prehistoria
Hasta ahora, se había documentado la función del alquitrán de abedul principalmente como adhesivo y como un primitivo sellador de agua en Europa durante el Pleistoceno. También existen evidencias que acreditan un conocimiento en prácticas medicinales y en el uso de plantas por parte de los neandertales, lo que llevó al equipo dirigido por Tjaark Siemssen, de la Universidad de Colonia y la Universidad de Oxford, a profundizar en el posible empleo terapéutico de la sustancia.
Para reproducir la elaboración prehistórica, los científicos recopilaron corteza de dos especies de abedul documentadas en el periodo tardío del Pleistoceno. Utilizaron tres técnicas para extraer el alquitrán. La primera, basada en la tradición de la nación Mi’kmaq de Nueva Escocia, consistió en calentar corteza en un recipiente de lata, método utilizado por generaciones en la farmacia tradicional de este pueblo indígena. Las otras dos técnicas buscan reconstruir procesos plausiblemente empleados por los propios neandertales: una se basa en la destilación seca de la corteza en ausencia de oxígeno, quemándola en un hoyo subterráneo cerrado; la segunda, en quemar la corteza junto a una superficie dura, como una piedra, donde se recolecta el alquitrán que se condensa.
Todas las variantes generaron compuestos con capacidad antibacteriana, aunque con distintas intensidades. El análisis constató que, si bien el alquitrán no fue tan eficaz como el antibiótico gentamicina, sí mostró efectos positivos frente al Staphylococcus aureus, aunque ningún impacto contra la bacteria Escherichia coli.
“Nuestros hallazgos muestran que podría merecer la pena examinar antibióticos dirigidos procedentes de contextos etnográficos –o, como en este caso, de contextos prehistóricos– con mayor profundidad”, concluye Tjaark Siemssen, primer autor del estudio, en declaraciones recogidas por ScienceAlert.