Margarita Robles afirmó este lunes que España mantiene cerrado el espacio aéreo a todos los aviones que participan en la guerra de Irán desde el mismo día que anunció que Estados Unidos no puede hacer uso de las bases de Rota y Morón de la Frontera con este fin. Antes, el presidente, Pedro Sánchez, había rechazado de plano el conflicto al considerarlo “ilegal”. En ese momento estaba bastante solo en el contexto europeo, pero semanas después ya no es así. Italia es un ejemplo.
Este martes, este país, que ya afirmó en boca de su primera ministra que esta contienda no es la suya y que no será “cómplice” de una acción “al margen del derecho internacional”, ha vetado la base siciliana de Sigonella como lugar de partida o tránsito de vuelos implicados.
Esto ocurre desde hace unos días, informa Corriere della Sera, pero se mantenía en secreto. Cuenta que fue el jefe del Estado Mayor, Luciano Portolano, quien llamó al ministro de Defensa, Guido Crosetto, para consensuar la decisión, que asumen afectará a las relaciones entre Italia y Estados Unidos, tal como ha ocurrido en España, aunque a día de hoy solo en el plano dialéctico.
Dio cuenta Portolano de que varios bombarderos estadounidenses contemplaban aterrizar en Gigonella y de ahí partir a Oriente Medio, pero que nadie había solicitado autorización ni consultado con la cúpula militar italiana. El plan, señala el Corriere, se notificó con los aviones ya en pleno vuelo y aproximándose.
“Una decisión significativa y correcta”
La oposición ha acogido con agrado esta postura, concediéndole al rival político que es “significativa y correcta” -ha dicho Anthony Barbagallo, del Partido Demócrata-, si bien considera que ”sigue siendo una situación sumamente opaca y preocupante", criticando que la guerra no pase más por el Parlamento y sean los medios de comunicación los que más luz están aportando sobre las decisiones del ejecutivo de Giorgia Meloni. Considera “necesario y urgente que el gobierno informe a la cámara”, ha zanjado Barbagallo. Por su parte, Giuseppe Conte, líder del Movimiento Cinco Estrellas, limita la decisión a “un deber impuesto por la Constitución” y llama a ir más allá y “también negar el apoyo logístico ofrecido por esas bases”.
La guerra continúa y el desgaste de quienes la apoyan pasa factura, razón por la que en España también la oposición ha acabado haciendo suyo el “no a la guerra” tras haberla acogido con los brazos abiertos en su inicio, priorizando la caída del régimen de Irán, que no había caído.
Las consecuencias económicas se notan desde los primeros días en las gasolineras, pero crecientemente en otros aspectos, siendo el siguiente la alimentación, la cesta de la compra. El precio de la energía es el aspecto más preocupante. La Unión Europea ha sugerido por primera vez, y así lo ha hecho saber en una carta a los ministros del ramo, que los ciudadanos deberían reducir sus desplazamientos, sean en coche o en avión, a fin de ahorrar ante una posible “interrupción prolongada” del suministro si el conflicto se prolonga.