El Baile de la Rosa regresó este sábado 21 de marzo a la Salle des Étoiles del Sporting de Montecarlo, reuniendo a invitados de todo el mundo en una noche que ya se ha convertido en una cita ineludible del calendario más exclusivo del principado. La velada, aunque abierta solo a quienes forman parte de la lista de invitados, también ofrece entradas a quienes deseen participar por 1.800 euros, un coste que refleja el valor de la experiencia y la finalidad benéfica del evento: recaudar fondos para la Fundación Princesa Grace, apoyando proyectos dirigidos a personas y niños en situación de vulnerabilidad.
El baile tiene raíces que se remontan a 1954, cuando Grace Kelly promovió la primera gala benéfica con el propósito de generar recursos para su fundación. Desde entonces, la cita se ha convertido en un símbolo del Principado, tanto por su valor solidario como por su capacidad de atraer a las grandes figuras internacionales, consolidando a Mónaco como un punto de encuentro de élites globales. Tras la muerte de Grace Kelly, su hija Carolina de Mónaco asumió la organización del baile, asegurando la continuidad de la tradición y adaptando cada edición a los tiempos de hoy en día.
Cada año, el evento se distingue por una temática única que transforma por completo la sala y ofrece una experiencia sensorial. Mientras que la edición anterior se centró en el “baile del atardecer”, este año la inspiración ha sido la galaxia, con un montaje diseñado para sumergir a los invitados en un viaje espacial. Christian Louboutin ha sido el responsable de la escenografía desde 2022, sucediendo a Karl Lagerfeld, y ha colaborado con Benoît Miniou para crear una experiencia que combina creatividad, técnica y espectáculo.
La presencia de la familia Grimaldi fue uno de los momentos más esperados. El príncipe Alberto II y la princesa Charlène hicieron su entrada tomados del brazo, proyectando complicidad y elegancia. Charlène optó por un vestido gris perla de un solo hombro, con drapeados estratégicos y una capa fluida que añadía movimiento. Microaplicaciones brillantes sobre el cuerpo del vestido aportaron luz y textura, mientras que su peinado bob ondulado y maquillaje luminoso completaron un look elegante y moderno.
Por su parte, Carolina de Mónaco lució un conjunto de vestido negro sencillo con detalles discretos de brillo, acompañado por una chaqueta de lentejuelas plateadas que aportaba protagonismo sin esfuerzo. Complementó el estilismo con sandalias metalizadas, bolso estructurado y un maquillaje natural que armonizaba con la temática futurista de la velada.
Otros invitados destacados fueron Alexandra de Hannover, que escogió un vestido gris fluido con cuerpo satinado y sobrecapa con aplicaciones brillantes; Beatrice Borromeo, con un vestido negro voluminoso de escote asimétrico y detalles florales bordados; y Akiko de Mikasa, que optó por un conjunto de top coral y falda larga estructurada inspirado en la estética de la corte japonesa. Cada estilismo se destacó por la combinación de elegancia clásica y modernidad, en sintonía con la ambientación futurista de la gala.
Una noche ostentosa pero solidaria
El programa de la noche incluyó cena, baile y subasta, aunque el escenario fue el gran protagonista. La Salle des Étoiles se transformó en una nave espacial, con iluminación dinámica, efectos de luz láser y proyecciones que simulaban un recorrido por el cosmos. Más de 950 metros de manteles espejados, 250 lámparas y 78 artistas contribuyeron a crear un ambiente inmersivo y sorprendente para los asistentes.
El espectáculo artístico incluyó actuaciones de Rondò Veneziano, Crazy Horse, Ballet Kalinka, la compañía Dulce Compania, los coreógrafos Céline y Cain Kitsaïs, y Leee John con su grupo Imagination, culminando la velada el DJ Josh Quinton, que mantuvo la pista de baile llena hasta altas horas.
Más allá del lujo y la creatividad, el Baile de la Rosa mantiene su misión solidaria. Los fondos recaudados se destinan íntegramente a la Fundación Princesa Grace, financiando programas para quienes más lo necesitan. La sostenibilidad también fue protagonista: gran parte de la decoración será reutilizada o redistribuida a asociaciones y proyectos, asegurando un aprovechamiento responsable de los materiales.