Mary Ann Ashford, de 45 años, se convirtió en la última mujer en ser ahorcada en público en el condado de Devon, en Inglaterra. Fue ejecutada frente a la prisión del condado en Exeter ante una multitud de entre 15.000 y 20.000 personas a las 8:00 de la mañana del miércoles 28 de marzo de 1866 por el asesinato por envenenamiento con arsénico de su esposo. Según contó el diario The Sheffield and Rotherham Independent el 29 de marzo de 1866, el motivo del crimen era “poder entregarse a una pasión culposa por uno de sus trabajadores”, con quien Mary Ann supuestamente mantenía una relación amorosa desde hacía al menos dos años.
Durante el ahorcamiento público, la muerte de Mary Ann se alargó durante varios minutos. El verdugo tuvo que tirar de sus piernas para terminar con su sufrimiento, de acuerdo con uno de los relatos de la prensa de la época. La ejecución fue tan desastrosa que puso a la opinión pública en contra de estos procesos, y dio pie al conocido abolicionista William Ewart a promover el fin de las ejecuciones públicas poco más de dos años después. ¿Y por qué recordamos todo esto? Porque, ahora, un perro ha vuelto a reavivar el caso.
Lo ha contado el diario británico The Guardian: Stanley, el labrador protagonista de este suceso, cavaba una y otra vez un hoyo en el mismo lugar del jardín de la casa de su dueño, Paul Phillips, en Devon. Finalmente desenterró una botella azul de vidrio en la que todavía podía leerse la inscripción: “No llevarse”. La investigación de Phillips sobre la historia del lugar le llevó al caso de Mary Ann Ashford.
Según ha contado a The Guardian, la botella hallada por Stanley puede ser la misma que utilizó Mary Ann para cometer el crimen: “Busqué en internet y apareció la horca de Mary Ann. No puedo decir por qué fue enterrada aquí, y una botella como esta habría sido muy útil para distintas cosas, pero ¿qué posible razón tendrían para enterrarla? Podría haber sido la botella que ella usó”. “Creemos que vivimos al lado de la propiedad en la que residieron William y Mary Ann Ashford en 1865. Creo que el joven con el que ella tenía un romance trabajaba en la panadería local, y solía haber una al final del camino, frente a la propiedad”, ha añadido.
Un juicio rápido y una ejecución lenta
El juicio de Mary Ann Ashford, celebrado el 16 de marzo de 1866, se recuerda no solo por la rapidez del veredicto, sino por el trágico desarrollo de la ejecución. La demora en la muerte de Mary Ann impactó a la opinión pública y contribuyó a la abolición de las ejecuciones públicas en Gran Bretaña.
Phillips expresó su asombro por la relevancia histórica del objeto: “Es fascinante haber encontrado en mi jardín un pedacito de historia de una mujer que fue fundamental para el fin del castigo corporal hace 160 años”. Para Phillips, el descubrimiento de Stanley es mucho más que una simple curiosidad: representa un vínculo directo con el pasado y con la transformación de la justicia en Inglaterra.