Somos felices, pero no mucho. Finlandia ha vuelto a coronarse como el país más feliz del mundo por noveno año consecutivo, según el Informe Mundial sobre la Felicidad 2026, elaborado por el Centro de Investigación sobre el Bienestar de la Universidad de Oxford en colaboración con Gallup, la Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible de la ONU y el Consejo Editorial del WHR.
Sin embargo, es el país nórdico el que encabeza de nuevo una clasificación dominada por el norte de Europa, donde la estabilidad institucional, la confianza social y la calidad de vida marcan la diferencia. El país alcanza una puntuación media de 7,76 sobre 10.
España, en cambio, ocupa el número 41 de un listado que forman 147 países y con una puntuación de 6,540 sobre 10. Estos son tres puestos más abajo que en 2025. un año más se queda lejos de su mejor clasificación histórica, alcanzada en 2012, cuando ocupó el puesto 22.
España, en la parte alta de la tabla
Tras Finlandia se sitúan Islandia, Dinamarca y Costa Rica, este último como gran sorpresa al alcanzar el cuarto puesto, el mejor resultado histórico para América Latina. Suecia y Noruega completan los seis primeros puestos. Sin embargo, en el extremo opuesto destaca Afganistan, que continúa ocupando la última posición del ranking. Tiene una puntuación de 1,4 sobre 10. En la penúltima posición se sitúa Sierra Leona, con un 3,25 de nota media, y Malaui, con un 3,28 en antepenúltimo lugar.
El informe mide la felicidad a partir de encuestas en las que los ciudadanos evalúan su propia vida. Para explicar los resultados se tienen en cuenta variables como el nivel de ingresos, la salud, el apoyo social, la libertad para tomar decisiones, la generosidad y la percepción de la corrupción. La clasificación del informe se construye a partir de encuestas aplicadas a aproximadamente 100.000 personas que califican su vida en una escala del 0 al 10.
El propio informe subraya este cambio generacional con claridad. “En Norteamérica y Europa occidental, los jóvenes son hoy mucho menos felices que hace quince años”, advierten los autores en el resumen ejecutivo, que vincula esta tendencia a transformaciones sociales y tecnológicas recientes.
En contraste, en la mayor parte del mundo la evolución ha sido distinta. El estudio señala que “en ocho de las diez regiones globales, los jóvenes presentan mayores niveles de satisfacción vital que en el periodo 2006–2010”, lo que evidencia una brecha creciente entre Occidente y otras áreas del planeta.
Uno de los factores analizados es el uso de redes sociales. Según los datos del informe, la satisfacción con la vida es mayor entre quienes hacen un uso moderado de estas plataformas, mientras que “los niveles de bienestar disminuyen a medida que aumenta el tiempo de uso”, especialmente entre los más jóvenes.
Además, los investigadores matizan que no todas las actividades digitales tienen el mismo impacto: aquellas relacionadas con la comunicación o el aprendizaje se asocian a mayores niveles de bienestar, mientras que el uso intensivo de redes sociales, videojuegos o navegación recreativa se vincula con evaluaciones vitales más bajas.
Pese a ello, el informe insiste en que el bienestar depende de múltiples factores. Variables como el apoyo social o el sentimiento de pertenencia siguen teniendo un peso determinante en la percepción de la felicidad, incluso por encima de los hábitos digitales.