De las amenazas en internet al acoso en la puerta de casa: cómo aumenta el odio hacia mujeres de izquierdas que apoyan el feminismo

Las denuncias de Ione Belarra, Irene Montero, Rita Maestre o Cristina Fallarás muestran que las mujeres con presencia pública son blanco de ataques que trascienden el ámbito digital, con amenazas y actos de intimidación en la vida real

La violencia digital es una de las formas de abuso que más se está intensificando contra las mujeres, especialmente con quienes tienen visibilidad pública como políticas, periodistas o activistas. Este tipo de agresión utiliza distintas plataformas y redes sociales para acosar, intimidar y desalentar la participación de las mujeres en debates públicos y, aunque muchas veces se le resta importancia frente a otras formas de violencia machista, sus efectos trascienden el mundo digital.

Así lo demuestran las campañas de descrédito, publicaciones de datos personales o amenazas graves que han denunciado políticas como la secretaria general de Podemos, Ione Belarra, la exministra Irene Montero, la portavoz de Más Madrid en el Ayuntamiento de la capital, Rita Maestre, o las periodistas Cristina Fallarás y Sarah Santaolalla. En el caso de Belarra, este mismo miércoles la Policía Nacional detuvo a dos hombres en Toledo y Xirivella (Valencia) como presuntos autores de las amenazas y el ciberacoso que denunció sufrir en su cuenta de Instagram.

Esta realidad también queda reflejada en estudios como el que recientemente ha publicado el Ministerio de Igualdad, que destaca que las mujeres con perfiles públicos son las principales destinatarias de la violencia digital, especialmente a través de ataques sexistas enfocados en su apariencia física más que en sus opiniones o argumentos. El informe también revela que el 80% de las jóvenes en España ha experimentado algún episodio de violencia digital y que siete de cada diez denuncias recibidas en canales especializados corresponden a agresiones en el entorno virtual.

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Silvia Díaz Fernández, investigadora del CSIC, señala a Infobae que este tipo de violencia puede darse de manera individual, cuando una persona menosprecia, ridiculiza o sexualiza de forma vejatoria a una mujer, o a través de ataques coordinados desde comunidades o plataformas que organizan acciones masivas. Según la experta en violencia contra las mujeres y antifeminismo, estos ataques grupales tienen un mayor alcance e impacto, ya que “generan una gran cantidad de mensajes de odio” en redes sociales.

La periodista Sarah Santaolalla (segunda por la izquierda), ha denunciado en sus redes haber sido “agredida físicamente" por Vito Quiles. (Ricardo Rubio / Europa Press)

Troleo, ‘doxing’, ‘deepfakes’ y amenazas de muerte

Dentro de esas formas de hostigamiento virtual se encuentra el “troleo de género” (gendertrolling), una práctica que consiste en sabotear o secuestrar conversaciones públicas lideradas por mujeres, desplazando el debate hacia lo absurdo para ridiculizarlas y restar legitimidad a sus mensajes. Otra forma grave de violencia digital es el doxing, que se refiere a la publicación de información personal de mujeres en redes sociales, exponiéndolas a riesgos fuera del entorno virtual, como le ha ocurrido a Rita Maestre, que ha denunciado acoso en su propio domicilio después de que alguien difundiera su dirección en internet en anuncios anónimos que ofrecen servicios sexuales.

“Los hombres que han acudido a la casa de Rita Maestre saben perfectamente adónde van, no es que les hayan engañado. Se trata de una forma de intimidación física”, afirma Díaz Fernández. “La violencia digital rara vez se limita al entorno virtual: trasciende y afecta la vida cotidiana de la víctima y su interacción social. El nivel de hostigamiento que genera es enorme”, añade la especialista.

También se consideran violencia digital los deepfakes, que son vídeos o imágenes manipulados con inteligencia artificial para que parezcan reales y así desacreditar, intimidar o dañar. Entre las formas más graves de este abuso se encuentran las amenazas de muerte, que buscan infundir miedo y silenciar voces, generando un clima de hostilidad que afecta tanto a la seguridad personal de la víctima como su participación en la vida pública, como le ha sucedido a Irene Montero. La exministra ha denunciado amenazas de muerte por parte de un grupo neonazi y ha pedido protección al Ministerio de Interior.

La portavoz de Más Madrid en el Ayuntamiento de Madrid, Rita Maestre. (Matias Chiofalo / Europa Press)

Obligada a mudarse por el acoso

A las denuncias de Montero y Maestre se suman las de Cristina Fallarás, quien afirma haber sufrido acoso en su domicilio tras la visita reiterada de personas que acudieron a su casa para hostigarla. Fallarás ha relatado que, debido a esta situación, se ha visto obligada a cambiar de vivienda en varias ocasiones.

Por su parte, la periodista Sarah Santaolalla denunció que el agitador ultra Vito Quiles la “agredió físicamente” al salir de un acto en el Senado. La comunicadora, además, ha abandonado esta misma semana En boca de todos, el programa de televisión donde colaboraba, debido a las “situaciones machistas, negacionistas e inhumanas” que ha vivido.

Defender el feminismo

Estos casos evidencian que el odio se intensifica cuando se trata de mujeres de izquierdas o progresistas que “defienden en su discurso derechos de igualdad o feminismo”. “Los ataques no son los mismos cuando una mujer expone contenido feminista o vinculado a la izquierda. El nivel de odio aumenta si el feminismo forma parte de su agenda pública”, afirma Díaz Fernández. La investigadora señala que los grupos organizados de la llamada manosfera, comunidades y foros en internet donde hombres difunden mensajes antifeministas y misóginos, desempeñan un papel central en estos ataques. “Plataformas como Telegram facilitan la coordinación de acciones masivas gracias al anonimato que proporcionan”, añade.

Durante la manifestación del Día de la Mujer, una joven explica las razones de la protesta: "Nos están violando y no pasa nada, nos agreden sexualmente desde las instituciones y la justicia sigue siendo patriarcal".

En España, esa manosfera, según el mencionado informe sobre violencia digital del Ministerio de Igualdad, está formada por los llamados “hombres que siguen su propio camino” (MGTOW, por sus siglas en inglés), los “incels” (célibes involuntarios), Forocoches o influencers antifeministas, entre otros.

El objetivo es “disciplinar” y “amedrentar” a las mujeres

Las consecuencias de todas estas violencias digitales son tanto personales como colectivas, afirma la investigadora. “Las víctimas experimentan ansiedad, miedo y malestar y, más allá del daño individual, estos ataques buscan disciplinar y amedrentar a todas las mujeres, enviando el mensaje de que ciertos espacios públicos son exclusivos para hombres”, explica. “Estos ataques son una forma de marcar una línea de comportamiento. Si te sales de lo que esperan de ti, y esa línea siempre se está moviendo, te exponen a la corrección pública constante”.

Esto provoca que muchas mujeres terminen apartándose de los espacios públicos, no solo por el miedo a que la violencia digital se traslade al plano físico, sino también por la presión que se ejerce sobre su entorno familiar. Muchas madres reciben ataques dirigidos a sus hijos, lo que introduce un componente de violencia vicaria porque, aunque los agresores no sean padres de esos menores, utilizan a la familia para generar aún más temor y forzar la retirada de las mujeres de la vida pública.

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