El 21 de junio de 2020, los españoles dijeron adiós al confinamiento y empezaron a abrirse al exterior. La fecha puso fin a tres meses de encierro, pero todavía pasarían años hasta que la gente pudiese caminar sin mascarillas y sin miedo al contagio. Para algunos, sin embargo, la pandemia nunca terminó: el virus sigue con ellos y todavía hoy les provoca dolores y molestias con los que conviven a diario.
Se calcula que son dos millones de personas quienes padecen covid persistente, una enfermedad que se caracteriza por la persistencia de los síntomas de la covid tiempo después de pasar por la infección aguda. “Nuestros empleados públicos lo dieron todo y ahora sufren las consecuencias para su salud. Esto no se puede olvidar”, denuncia Encarna Abascal, secretaria nacional de Prevención de Riesgos Laborales de CSIF.
El sindicato ha elaborado una encuesta sobre más de 1.500 personas afectadas por esta enfermedad que genera, según Abascal, un “doble abandono: el laboral y el sanitario”. CSIF denuncia la falta de reconocimiento del covid persistente como accidente de trabajo o enfermedad laboral: más del 60% de los encuestados cree haberse contagiado en su empleo, pero tan solo uno de cada cinco tiene reconocido el origen laboral de su enfermedad.
Sin tratamiento ni reconocimiento
De los entrevistados, el perfil medio es una mujer de 41 a 60 años que trabaja en el sector sanitario, si bien el sindicato recalca que el covid persistente “está muy en otras administraciones públicas”, así como en la empresa privada”.
El 75,3% de los enfermos de covid persistente estuvo de baja médica y un 69% ha solicitado ayuda psicológica, pero tan solo un 7,6% la ha recibido. Más de la mitad de los encuestados no recibe un tratamiento específico y muchos de ellos ni siquiera tienen un diagnóstico por escrito como tal. Ello genera una sensación de incomprensión y discriminación en el 40%.
“Para estos trabajadores, el covid no es algo del pasado, es un presente con el que tienen que convivir cada día”, resalta Abascal. El sindicato ha exigido a las administraciones que incorporen recursos sanitarios específicos para atender a estas personas, así como protocolos de diagnóstico y tratamiento y adaptaciones laborales ágiles. CSIF reclama, además, el reconocimiento del origen laboral de la enfermedad, programas de reincorporación y un fondo de compensación para personas trabajadoras afectadas por exposición laboral.
“Somos invisibles”
Pedro Sánchez-Vicente López, enfermo y miembro de la junta directiva de la Asociación Madrileña de Covid Persistente (AMACOP), se identifica bastante con los resultados mostrados por CSIF. “Yo era comercial y ya no soy capaz de recordar cosas muy básicas. Pierdo el hilo, no leo, no veo series... Se ha acabado el mundo para mí”, lamenta. Sánchez-Vicente afirma que dedica sus días a “pasear perros y porque me llevan, y no soy de los peores”. Pese a todo, el hombre considera que tiene “suerte”, porque debe llevar una cánula nasal para poder respirar mejor. “Cuando entro a algún sitio, me ven y dicen: ‘Algo le pasa’. Pero, ¿y la persona que se peina por las mañanas y se arregla? Tiene un aspecto perfecto, pero está fatal", explica.
Es justo lo que le ocurre a Silvia Amaya, TCAE en una gran residencia de Madrid, que dice sentirse invisible. Pasó el covid durante la pandemia, pero nunca llegó a recuperarse del todo. “A mí se me ha quedado una tosecita, dolores articulares, pero no tengo un diagnóstico”, lamenta, pues los médicos achacan sus patologías a la edad. Amaya cree que “no interesa” hacer estos informes para que no se sepa el número real de afectados. “Estamos todos invisibles”, asegura.
“Estamos todos buscándonos la vida como podemos, para ver de qué manera podemos sacar cuatro días más, esperando que el tiempo nos cure, pero no nos va a curar”, apunta Pedro.