El gato doméstico es el responsable del 25% de las extinciones de aves en el mundo

El animal caza por instinto, convirtiéndose en uno de los depredadores más dañinos del planeta

Los hábitos de caza de los gatos. (Freepik)

En los últimos años, la presencia del gato en los hogares europeos ha experimentado un notable crecimiento. Actualmente, el 44 % de las viviendas en la Unión Europea cuenta con al menos un animal de compañía, y los gatos representan una parte considerable de esa cifra, con una estimación de 127 millones. Este fenómeno, impulsado por cambios sociales y especialmente potenciado tras la pandemia del Covid-19, ha traído consigo consecuencias inesperadas para el entorno natural.

A medida que la sociedad se sensibiliza cada vez más con el bienestar animal, también crece la conciencia sobre el impacto que las mascotas pueden tener en el ecosistema. La convivencia entre humanos, mascotas y vida silvestre no siempre resulta armónica: la expansión de los gatos domésticos y asilvestrados ha desencadenado problemas directos en la biodiversidad, especialmente en el caso de las aves. Los expertos subrayan que la preocupación por la conservación se intensifica cuando se detectan caídas en las poblaciones de especies autóctonas, y la influencia de los gatos sobre este fenómeno es cada vez más evidente.

Según estudios internacionales recogidos por The Conversation, el gato doméstico se ha consolidado como uno de los depredadores invasores más dañinos del planeta. Su impacto no se limita a una percepción anecdótica: actualmente, es responsable de aproximadamente el 25 % de las extinciones de aves en todo el mundo. Esta cifra incluye también la desaparición de reptiles y mamíferos, lo que coloca al gato en el centro de un conflicto ambiental de primer orden.

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El impacto de los gatos en la biodiversidad

El gato doméstico, tanto en su versión de mascota como cuando se convierte en asilvestrado, ejerce una presión notable sobre la fauna silvestre. Los datos revelan que este animal, a pesar de formar parte del entorno humano desde hace siglos, ha pasado a ser responsable directo de uno de cada cuatro casos de extinción de aves a nivel global. Esta realidad se agrava en zonas donde los ejemplares asilvestrados compiten por alimento y territorio con especies autóctonas, alterando el equilibrio ecológico y reduciendo las posibilidades de supervivencia de aquellas menos adaptadas a la presencia de depredadores introducidos.

¿Qué piensa tu gato cuando le hablas?

La diferencia entre los gatos domésticos con propietario y los asilvestrados es relevante para entender la profundidad del problema. Los gatos con dueño suelen pasar parte de su tiempo en exteriores, y aun estando bien alimentados, mantienen el instinto cazador que afecta a aves y pequeños mamíferos. Los gatos asilvestrados, en cambio, forman colonias autosuficientes en entornos urbanos y rurales, lo que multiplica la presión sobre la fauna local y genera competencia directa con otras especies salvajes.

En Europa, existe una fuerte resistencia a reconocer a los gatos asilvestrados como especie invasora, a pesar de la magnitud de su impacto. Esta postura limita las herramientas legales disponibles para controlar su proliferación y dificulta la adopción de estrategias coordinadas para proteger a las especies en riesgo. Según el trabajo publicado por Miguel Ángel Gómez-Serrano en The Conversation, la falta de consenso sobre el estatus de los gatos asilvestrados complica aún más la gestión del problema.

Dificultades y retos para la gestión de los gatos

El manejo de las poblaciones de gatos, especialmente los que viven en libertad o en colonias callejeras, representa un reto complejo para las autoridades y la sociedad. En la Unión Europea, los métodos más habituales incluyen la captura, esterilización y retorno (conocido como método CER), que busca reducir el número de gatos de forma ética y socialmente aceptada. Sin embargo, la evidencia científica indica que estos programas, por sí solos, no logran disminuir de manera significativa la población ni el impacto sobre la fauna silvestre a corto plazo.

La gestión con gatos domésticos y asilvestrados es complicada. (Pixabay)

A nivel normativo, la UE cuenta con directivas ambientales que exigen prevenir daños a las especies protegidas, pero la legislación sobre bienestar animal (centrada en animales domésticos) aún está en fase de desarrollo. Esta dualidad ha provocado un vacío legal: mientras la protección de la fauna silvestre depende del marco ambiental, la regulación sobre mascotas y su control se encuentra rezagada. El resultado es una gestión desigual entre los Estados miembros, con enfoques que varían desde la retirada de animales hasta la promoción del método CER.

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