Ángela Fernández, psicóloga: “No hace falta que llegues al límite para tener que tomar decisiones”

Actuar antes de que los problemas se acumulen constituye un acto de autocuidado y amor propio

Una pareja discutiendo. Freepik

Una pareja, una amistad o incluso un trabajo pueden llevarte al límite. Son esos momentos en los que sientes que tus valores han sido sobrepasados, pero te acostumbras o simplemente no te parece lo bastante grave como para alejarte de esa persona o situación que te está haciendo daño. “¿Alguna vez te ha pasado que has necesitado llegar al límite con algo o con alguien para poder soltarlo?”, así comienza la psicóloga Ángela Fernández en uno de sus vídeos recientes.

“Parece que necesitamos que ocurran cosas realmente graves para poder soltar algo, como si el nivel de dolor que sentimos estuviera directamente proporcional con la justificación para dejar un vínculo o una situación”, explica Fernández. Sin embargo, ella aclara que “no es ni tiene por qué ser así”, recordando un sentimiento muy común que muchas personas experimentan.

“Muchas veces pensamos que no basta con que algo no nos encaje, que no cuadre con nuestra forma de ser, nuestras expectativas o nuestros valores. Como si tuviera que ocurrir algo mucho más grande y doloroso para que tengamos permiso de alejarnos”, añade.

Read more!

Este mecanismo de autojustificación provoca que, incluso siendo conscientes de que una situación o relación no es beneficiosa, se tienda a esperar a que ocurra algo “peor” antes de tomar la decisión de dejarla atrás. De este modo, muchas personas permanecen en relaciones o contextos que no aportan bienestar, simplemente porque consideran que aún no ha ocurrido un “evento lo suficientemente grave” como para justificar una acción.

Una pareja enfadada en la cocina. (Freepick)

Fernández explica las consecuencias de esta actitud: “Eso a lo que nos lleva es a aguantar situaciones y vínculos con los que no estamos a gusto, con los que no somos nosotros mismos, y mientras tanto, nos vamos perdiendo por el camino”.

Por ello, aceptar circunstancias que no encajan con nuestros valores termina afectando nuestra relación con nosotros mismos y generando un desgaste emocional profundo. Sin embargo, la psicóloga recuerda que “no tienes que esperar a que todo estalle por los aires para salir del edificio”.

El cerebro se adapta por supervivencia

Parte del problema está en cómo funciona el cerebro. “El cerebro, por pura supervivencia y adaptabilidad, se va a acostumbrar”, explica Fernández. Esta adaptabilidad, tan propia del ser humano, trae un efecto secundario: “Acostumbrarse hace que terminemos tolerando cosas que al principio eran enormes señales de alerta y luego dejan de serlo por pura costumbre”. Lo que inicialmente era una “red flag” o un límite personal puede llegar a normalizarse, dificultando aún más salir de ciertas relaciones o situaciones que no nos benefician.

Pareja hablando. (Imagen ilustrativa Infobae)

Por eso, como concluye Fernández, “no tenemos por qué llegar al límite para soltar un vínculo o una situación de nuestra vida. No esperes a estar roto, apagado, devastado. No necesitas algo extraordinario para justificar tus decisiones de irte de lugares que te hacen sentir mal. Elegirte a ti mismo también es una razón válida”.

En definitiva, reconocer cuándo una situación no es beneficiosa y actuar antes de que los problemas se acumulen constituye un acto de autocuidado y amor propio. No es necesario esperar a la catástrofe, ya que priorizar el bienestar personal es suficiente para dar el paso.

Read more!