Juan Carlos I quiere pasar a la historia como el rey que consolidó la democracia española. No quiere que se le recuerde por su famosa cacería en Botsuana, ni por su mediático romance con la empresaria Corinna, tampoco por sus problemas con Hacienda y sus cuentas ocultas en el extranjero. Por eso se esperaba con gran expectación el contenido de los archivos secretos que este miércoles desclasificó el Gobierno. ¿Habría algún documento definitivo que desvelara el principal papel del monarca esa larga jornada?, ¿participó activamente en la organización de la asonada?, ¿traicionó a los militares sublevados?, ¿es él el ‘elefante blanco’? Los 153 archivos hechos públicos arrojan algunas novedades, confirman otros hechos ya publicados y, de momento, ‘salvan’ la figura del rey y el legado que él se empeña en proteger. No hay grandes novedades.
La última versión oficial ofrecida por Juan Carlos I se puede leer en las páginas de su biografía, titulada Reconciliación (Planeta) y publicada hace unas semanas. En un capítulo bautizado como Crisis y desencanto el monarca señala que uno de sus principales errores en los meses previos al golpe fue no hacer suficiente caso “a las intrigas que estaban tomando fuerza” y a las amenazas del general Milans del Bosch, que había dicho en una cena con el padre de Juan Carlos I (Don Juan de Borbón), que “antes de jubilarme, voy a sacar los tanques a la calle”. El emérito reconoce que “todos estaban jugando con fuego... y yo me di cuenta demasiado tarde (...), pero yo estaba lejos de imaginar que se estuviera tramando un golpe de Estado”. Juan Carlos I escribe, para que quede constancia para la historia, que esa noche le traicionaron, sobre todo su mentor y amigo el general Alfonso Armada. “Lo quería mucho, y él me traicionó. Convenció a los generales de que hablaba en mi nombre”.
Estas son las claves sobre el papel del rey que desvelan los documentos desclasificados.
Se enteró a las 18.22 horas
Juan Carlos I siempre ha defendido que se enteró del golpe la tarde del 23 de febrero cuando había terminado de jugar un partido de tenis en La Zarzuela. Un documento elaborado por Inteligencia Militar confirma esta versión. A las 18.22 horas, señala el documento titulado como Relato de los sucesos de los días 23 y 24 de febrero, el rey se entera del golpe por la radio. Armada llamó para ir a palacio. “El Rey le responde que no”, refiere el texto, que menciona dos testigos de esa llamada: el secretario general de la Casa del Rey, Sabino Fernández, y el coronel Gómez López. El documento deja claro que el rey ordenó que Armada no debía acudir a La Zarzuela y relata una conversación de Sabino Fernández con el coronel Tejero para que depusiera su actitud: “¿Qué pretendes? Depón tu actitud inmediatamente”.
También que Juan Carlos I llegó a hablar con Milans del Bosch ese tarde noche varias veces. La última fue de madrugada, a las 1.20 horas aproximadamente, el rey mantiene una dura conversación con el general Milans del Bosch. El monarca declara: “Cualquier golpe de Estado no podrá escudarse en el Rey, es contra el Rey”: También añade: “Hoy más que nunca estoy dispuesto a cumplir el juramento a la Bandera. Por ello, muy conscientes y pensando únicamente en España, te ordeno que retires todas las unidades que hayas movido”. Y remata: “Juro que ni abdicaré la Corona, ni abandonaré España. Quien se subleve está dispuesto a provocar y será responsable de ello, una nueva guerra civil”.
Los rumores para salpicar al monarca
Otro de los documentos desclasificados, en este caso uno elaborado por el ministerio del Interior (aunque no tiene fecha), atribuye a los militares golpistas la puesta en marcha de una campaña para involucrar al Juan Carlos I en el 23F. Esta supuesta implicación “responde, por una parte, al deseo de disminuir la responsabilidad penal de los procesados por aquellos hechos y, por otra, a la posibilidad de disponer de un argumento contra la Corona que haga posible un intento similar en el futuro”, señala el texto. El mismo informe enumera entre los rumores que el rey se subió al plan del golpe diseñado por Milans del Bosch y Tejero y que “trató de utilizarlo para consolidar su figura. Para ello empleó a Armada, a quien luego desautorizó (tal vez de previo acuerdo) y el quedó ante los partidos politicos como ‘el salvador de la Constitución y de la democrácia’”. Otro de los argumentos usados entonces para implicar a Juan Carlos I era que la mejor ”prueba de que el Rey conocía los hechos que iban a producirse es que envió a sus hijos a Inglaterra".
“Dejar al Borbón libre”
Otro documento anónimo, fechado en noviembre de 1980, que figura en los archivos del Ministerio del Interior, analiza distintos escenarios ante un posible golpe de estado civil o militar contra Adolfo Suárez. Los planes incluyen distintas salidas para el Gobierno y también para el rey que, en uno de los escenarios, “operaría constitucionalmente” mientras que en otro se contemplan que “se impediría su huida, así como la de ministros (...), subordinando la Corona y la vida de su titular a la aceptación del hecho consumado”. Es decir, no hay ningún análisis previo (ni del Ministerio del Interior ni del Ministerio de Defensa) que acuse directamente al monarca de participar en ningún movimiento que quisiera provocar en esos momentos un cambio de régimen.
Un informe anexo posterior al intento de golpe de Estado analiza la opinión de una facción del Ejército, que señala los riesgos de “dejar al Borbón libre y tratar con él como si fuera un caballero”, cuando ha frustrado por televisión las posibilidades de éxito del golpe de Tejero. “El Rey seguirá adelante con su intento suicida de tener un gobierno con los socialistas, no pudiendo ser considerado ni como un símbolo a respetar. Es, por tanto, un objetivo a abatir y anular”.
Reuniones con los golpistas
De una lectura reposada de los documentos también se puede entrever, que en contra de lo que dice ahora Juan Carlos I en sus memorias autorizadas, el rey conocía de primera mano el malestar de los militares y que algo se estaba tramando. De hecho, un documento del ministerio de Defensa deja claro que sus servicios de inteligencia ya señalaban como un riesgo posible un golpe de Estado dos semanas antes del 23F. Otro documento del CESID (los antiguos servicios secretos), titulado ‘Sobre entrevistas de S.M el Rey con militares implicados en el 23-F’, fechado el 5 de febrero de 1982, señala que “en algunos núcleos cualificados de opinión” se asegura que Juan Carlos I tuvo “algunas entrevistas confidenciales” y “sigilosas” con algunos de los principales perpetradores de la acción.
En concreto, se especifica que “en tales círculos” se asegura que el rey se habría entrevistado de manera confidencial con Milans del Bosch. “Por encima del todo se pretende que la Corona no salga lesionada del proceso” que iba a empezar con el juicio militar por y que, en todo caso, “los intentos en tal sentido no provengan de los principales procesados y de reconocida vocación monárquica”, como era el caso del general que había sacado a los tanques en Valencia. La verdad es que la desclasificación incompleta no aporta apenas información sobre movimientos previos al golpe que esclarezcan qué rol jugó el monarca en la atmósfera conspiranoica que se respiraba entonces.
Hasta el PCE exculpa al rey
Otra comunicación confidencial al secretario general del Partido Comunista, Santiago Carrillo, alerta de la posibilidad de que la extrema derecha imponga su relato y dinamite la democracia. “La extrema derecha quiere implicar a la Monarquía y destrozarla como Institución democrática. (...) Existe un jaque-mate a la Monarquía, planteado por la extrema derecha, un jaque-mate, del que ya no puede volverse atrás”, dice el escrito, que también se suma a la línea de otros documentos que van en la línea de exculpar al monarca en la preparación de golpe y su posterior implicación por parte de elementos subversivos. Los archivos del 23F incluyen notas elaboradas por mandos policiales que recogen el sentir en distintas organizaciones en las horas y días posteriores. Los comunistas, a tenor de esto, defendieron la democracia y la verdad frente a un relato que consideraron pretendía meter al rey en el saco de los golpistas.
La felicitación de EEUU
Los 14 documentos liberados por parte del Ministerio de Asuntos Exteriores tampoco desvelan nada especial sobre el monarca. Solo hacen referencia a cómo reaccionó el Gobierno del republicano Ronald Reagan a lo que estaba ocurriendo en Madrid. El secretario de Estado norteamericano, Alexander Haig, fue el primero que rompió el silencio y felicitó al pueblo español “por haber permanecido fieles al Rey y a la Constitución”. Además, Haig también se puso en contacto con el ministro de Asuntos Exteriores, José Pedro Pérez-Llorca, diciendo que tenía “la mayor admiración por su determinación a la hora de resolver el problema”. En la tarde del 24 de febrero, a las 16:35, el presidente estadounidense, Ronald Reagan, conversó telefónicamente con Juan Carlos I, felicitándole por su “determinación fibre y valiente”.
Otros militares para salvar al rey
Otro documento desclasificado como ‘Índices de Subversión en las fuerzas armadas’, fechado en diciembre de 1981, y perteneciente al Ministerio de Defensa, advierte, meses después del golpe de Estado fallido, que los problemas en las Fuerzas Armadas no se acababan en los detenidos tras el 23F. El texto recuerda que, en general, las fuerzas armadas aceptaron al rey “como uno de los deseos de Franco”; pero que a partir de 1980 esa confianza empezó a decrecer, de lo que culpan “al sensacionalismo de algunos medios de comunicación”. Concluyen que “la figura del rey sufre un deterioro personal y profesional” y que es necesario corregir la situación. Para ello proponen buscar nuevos “líderes militares” que deben cumplir, además de los requisitos obvios de experiencia operativa, valor, y condecoraciones, otros que no parecían tan claros antes del 23F, como carecer de “afinidades políticas” , ser “católicos con evidencias” y saber manejarse con los medios de comunicación.
La sentencia del Supremo
Luego está la verdad judicial, en este caso plasmada en la sentencia del Consejo Supremo de Justicia Militar de 1982, revisada después por el Tribunal Supremo. La justicia condenó a 30 años de cárcel a Tejero y Milans del Bosch y seis años a Armada (pena elevada a 30 antes de ser indultado en 1988 por Felipe González). El fallo relata varios momentos en los que los golpistas emplearon el nombre del rey para justificar el alzamiento, pero consideró como hechos probados que “no era cierto que su majestad apoyara el movimiento”.