La Unión Europea ha perdido casi 300.000 millones de euros en Producto Interior Bruto (PIB) y más de 200.000 millones en oportunidades de exportación al no haber puesto en marcha el acuerdo comercial con Mercosur desde 2021. Son datos que ha dado este viernes el comisario de Comercio y Seguridad Económica, Maros Sefcovic, en rueda de prensa tras una reunión en Nicosia (Chipre) .
Las negociaciones entre la Bruselas y Mercosur concluyeron formalmente en 2019, pero el proceso de ratificación se ha visto obstaculizado por una serie de dificultades políticas, ambientales y sectoriales. La preocupación de varios Estados miembros de la UE, especialmente Francia, Irlanda, Austria y Polonia, por el impacto del acuerdo en el sector agrícola europeo y la posible competencia desleal de productos sudamericanos ha sido uno de los mayores impedimentos. Organizaciones de productores y sindicatos han presionado para frenar el acuerdo, argumentando que las normativas laborales y ambientales de Sudamérica son menos estrictas y podrían afectar la competitividad local.
A estas reticencias se suman las objeciones ambientales, centradas en la deforestación en la Amazonia y el cumplimiento de los compromisos del Acuerdo de París. Según un análisis de Greenly, gobiernos europeos y organizaciones medioambientales han advertido que la ratificación podría favorecer el incremento de exportaciones agrícolas y, en consecuencia, la destrucción de bosques y el aumento de las emisiones de carbono. La Comisión Europea ha planteado anexos ambientales adicionales, pero muchos consideran que carecen de mecanismos vinculantes
El propio comisario Sefcovic ha enfatizado la urgencia de acelerar los procedimientos internos para ratificar los tratados comerciales una vez finalizadas las negociaciones. “Este es solo un ejemplo de que en el mundo actual no podemos perder el tiempo”, ha manifestado el funcionario. En este sentido, ha advertido que prolongar la entrada en vigor puede dejar a las empresas europeas en situación de desventaja global, ya que “cuando las empresas están listas para empezar a invertir y exportar, no podemos decirles que tendrán que esperar más de dos años”. Para el comisario, la demora de más de dos años resulta incompatible con la dinámica del comercio internacional.
Siguientes pasos para ratificar el acuerdo
El proceso de ratificación del acuerdo en la UE presenta complejidades institucionales. Tras la traducción del texto a los idiomas oficiales, el tratado debe recibir el visto bueno del Consejo de la UE. Cualquier minoría de bloqueo puede frenar el avance. Además, los aspectos que afectan competencias nacionales requieren ratificación unánime por parte de los parlamentos de los 27 Estados miembros, lo que añade incertidumbre y dilata los plazos.
En Sudamérica, la situación tampoco ha sido sencilla. Brasil y Argentina, integrantes clave de Mercosur, han enfrentado presiones internas por parte de sectores agrícolas y comunidades indígenas, preocupados ante el posible impacto social y ambiental del acuerdo, según mencionó Greenly. Las divisiones políticas y la falta de consenso han dificultado la priorización de la ratificación definitiva.
El comisario Sefcovic ha reclamado acortar los tiempos burocráticos europeos a “más o menos dentro de un año” desde la conclusión de las negociaciones. Planteó que “todos tenemos que acortarlos lo máximo posible para tener un marco temporal razonable”, ya que las condiciones económicas pueden transformarse de manera considerable en uno o dos años.
La urgencia en la ratificación del acuerdo con Mercosur forma parte de una política comunitaria más amplia, que abarca otros tratados estratégicos. Sefcovic ha mencionado explícitamente pactos firmados o en etapas avanzadas de negociación, como el cerrado con India y los diálogos con Indonesia, Australia y Emiratos Árabes Unidos. Los retrasos sistemáticos comprometen tanto la posición geoeconómica de la Unión Europea como la competitividad de sus empresas frente a rivales internacionales que avanzan en la firma de sus propios acuerdos-
En medio de la exposición de cifras, Sefcovic ha recordado que, cuando concluyen las negociaciones, las condiciones que motivaron el acuerdo pueden haber cambiado radicalmente tras uno o dos años de retraso. La falta de transparencia y la percepción de insuficiente consulta a organizaciones sociales, sindicatos y comunidades afectadas han generado campañas de rechazo tanto en Europa como en Sudamérica, con más de dos millones de ciudadanos europeos firmando peticiones en contra del tratado.