La tasa de riesgo de pobreza relativa en España cayó en 2025 al 19,5%, su nivel más bajo desde la crisis de 2008, según la Encuesta de Condiciones de Vida (INE) del Instituto Nacional de Estadística (INE) correspondientes a 2025. El dato consolida una tendencia positiva en los indicadores sociales, pero también deja al descubierto una fractura que se agrava entre los jóvenes: la diferencia cada vez mayor entre quienes consiguen independizarse y quienes permanecen en el hogar familiar.
Según recoge Jorge Galindo, director adjunto de EsadeEcPol, en un análisis difundido por el think tank, la proporción de jóvenes de entre 16 y 34 años en situación de pobreza cayó del 22,2% en 2015 al 17,0% en 2025. Aunque la tendencia general es descendente, la recuperación no ha sido homogénea. La pandemia interrumpió el avance, con un repunte al 20,7% en 2021, y la tasa se ha mantenido estable entre el 17% y el 18% desde 2022.
Sin embargo, Galindo señala la preocupante evolución de una realidad que se está volviendo cada vez más común: el creciente número de jóvenes que ve imposible emanciparse. De hecho, el INE señala que la tasa de menores de 35 años independizados se ha reducido año tras año en la última década. El porcentaje de jóvenes emancipados bajó del 37,5% en 2015 al 27,0% en 2025, lo que significa que casi tres de cada cuatro jóvenes españoles de 16 a 34 años viven con al menos uno de sus padres. Aunque pueda parecer que aquellos que se mantienen sin ayuda financiera de su familia cuentan con economías más robustas, los datos oficiales apuntan a que poder contar con el apoyo financiero de los padres es una de las mejores garantías para correr menor riesgo de pobreza.
Los jóvenes emancipados, cada vez más pobres
En esta publicación, el sociólogo e investigador señala la existencia de una brecha de pobreza entre los jóvenes emancipados y aquellos que viven con sus padres. Aunque en su conjunto los dos grupos han logrado reducir la tasa de pobreza juvenil, esta mejora es la suma de su evolución a ritmos muy diferentes. A lo largo de la última década, la pobreza entre los jóvenes que viven con sus padres ha descendido 6,2 puntos. Entre los emancipados, en cambio, la cifra ha crecido 1,6 puntos. Por lo tanto, los jóvenes independizados han visto aumentar su probabilidad de encontrarse en situación de pobreza mientras que para los que no han abandonado la casa de sus padres se ha hecho menor, ensanchando la distancia entre las tasas de pobreza relativas de los dos colectivos hasta los 17,8 puntos.
Vistas estas diferencias, todo indica que la reducción de la pobreza juvenil agregada responde principalmente a la mejora entre quienes continúan en el hogar familiar. El análisis de EsadeEcPol revela que dos tercios de la reducción total se deben al descenso de la pobreza en este grupo, cuya tasa ha decaído hasta el 12,2% desde el 18,4% registrado diez años antes. Solo una quinta parte obedece al descenso en la proporción de jóvenes emancipados, que mantiene una tasa de pobreza del 30% (casi el triple de la de los que siguen viviendo con sus padres), frente al 28,4% de 2015.
Así, la buena noticia de la reducción de la tasa de pobreza no se corresponde necesariamente con una mejora en las condiciones de vida de los jóvenes emancipados, sino con un aumento del número de trabajadores de nuevas generaciones que no pueden permitirse la emancipación y se mantienen bajo el amparo de la economía familiar.
Estudiar no basta sin ayuda familiar
El incremento en el nivel educativo de la juventud es otro de los aspectos destacados por el artículo, que sin embargo ni tiene el impacto esperado en la tasa de pobreza ni afecta de la misma manera a los dos grupos estudiados. La proporción de jóvenes con educación terciaria, ya sea cursando o completada, ha crecido tanto en los emancipados como en los no emancipados. Entre quienes viven con sus padres, el porcentaje se acerca a dos tercios; entre los emancipados, el número sube hasta rozar el 75%.
La desagregación por nivel educativo muestra que, en 2025, la tasa de pobreza para jóvenes sin educación terciaria es del 15% si viven con sus padres y alcanza el 39,1% en el caso de los emancipados. Entre los emancipados con estudios superiores, la tasa se mantiene entre el 23% y el 25% a lo largo de la década analizada, mientras que los que viven con sus padres y cuentan con estudios terciarios mantienen el menor riesgo de pobreza, que cae desde el 16% en 2015 hasta el 11,3% en 2025.
De estos datos se desprende que la apuesta más segura para mantenerse lejos de la pobreza juvenil es cursar estudios terciarios, pero sobre todo poder depender del apoyo económico familiar. El siguiente grupo con mayor seguridad son los no emancipados sin estudios terciarios, cuyas tasas han estado generalmente por debajo de las de los independizados con formación superior en la última década, aunque en ocasiones las han sobrepasado.
El precio de la vivienda, otro gran condicionante
Las cifras ofrecidas anteriores se han calculado teniendo en cuenta solo los ingresos que entran en el hogar, por lo que dejan fuera diferencias importantes relacionadas con el precio del acceso a la vivienda, una de las principales problemáticas a las que se enfrentan las generaciones más jóvenes. No obstante, existe una manera de estimar el valor económico de vivir en una casa sin pagar un alquiler de mercado. Eso es precisamente el alquiler imputado: una cifra que calcula cuánto costaría esa vivienda si hubiera que alquilarla en condiciones normales. Se aplica tanto a quienes viven en una vivienda en propiedad como a quienes residen en una casa cedida por un familiar o siguen viviendo con sus padres.
Cuando este componente se suma a la renta del hogar, el impacto es claro: la tasa de pobreza baja mucho más entre quienes viven con sus padres (−1,5 puntos) que entre quienes ya están emancipados (−0,4 puntos), según el análisis de Galindo. Este ajuste refuerza la hipótesis de que el hogar familiar actúa como principal red de protección económica frente a la pobreza juvenil.