El pasado 18 de enero, España entera quedó sobrecogida por el grave accidente ferroviario ocurrido en la localidad cordobesa de Adamuz, donde dos trenes de alta velocidad colisionaron causando la muerte de 45 personas. La magnitud de la tragedia conmocionó al país y dejó una profunda huella en decenas de familias. De las víctimas mortales, 29 eran naturales de Huelva, circunstancia que ha convertido a esta ciudad en el escenario del primer gran homenaje público en recuerdo de los fallecidos.
Este jueves, 29 de enero, el Palacio de los Deportes Carolina Marín de Huelva acogió la misa funeral por las víctimas del accidente ferroviario de Adamuz. Al acto asistieron los reyes Felipe VI y Letizia, quienes mostraron en todo momento una actitud cercana y visiblemente conmovida, sirviendo de apoyo a los familiares de los fallecidos y heridos que acudieron a rendir homenaje a sus seres queridos.
Tras la finalización de la misa funeral, llegó uno de los momentos más emotivos del homenaje, cuando los representantes de las familias de las víctimas tomaron la palabra. En nombre de las 45 familias intervino Liliana Sáenz, que estuvo acompañada en todo momento por su hermano Fidel. Con serenidad y entereza, comenzó su intervención agradeciendo a la diócesis de Huelva la celebración del funeral y dedicó palabras de gratitud a todos los presentes: dio las gracias “a los que acompañáis por amor, por compasión, por empatía, hasta los que lo hacéis por agenda. Gracias al pueblo de Adamuz”, expresó, manteniendo la calma mientras recordaba también la labor de los voluntarios y de los cuerpos de seguridad que atendieron a los heridos tras el accidente.
Los detalles que pasaron desapercibidos en la misa funeral de Adamuz
Al referirse al nombre de Adamuz, Liliana no pudo contener las lágrimas, subrayando que ese pueblo quedará para siempre ligado a sus recuerdos. “Nos sentimos unidos para siempre. Sin pensar en las consecuencias, no dudaron en sumirse al caos de los hierros retorcidos”, afirmó. A continuación, añadió: “Luego, nos acompañaron en nuestro lamento. Pusieron a nuestra disposición el sustento y el cobijo, el cariño, la entrega y su deseo de hacer que ese duro momento, doliera un poco menos”. Sus palabras emocionaron profundamente a los asistentes, que escuchaban en silencio el testimonio del esfuerzo y la solidaridad mostrados tras la tragedia.
La representante de las víctimas explicó que, aunque el dolor va dando paso al paso del tiempo, los recuerdos permanecen. En su intervención, evocó especialmente a su madre y recordó que las personas que viajaban en aquellos vagones eran mucho más que una cifra. También habló de todo lo que han perdido las familias, subrayando que son 45 hogares que darían cualquier cosa por cambiar lo sucedido, por un último beso o una llamada más. Finalmente, aseguró que lucharán para que una tragedia similar no vuelva a repetirse.
Tras sus palabras, el público se puso en pie y rompió en aplausos, muchos de los asistentes con lágrimas en los ojos, recordando a sus propios familiares. Concluida la liturgia, los reyes se acercaron a los familiares para saludarlos uno a uno, escuchando sus historias, abrazándolos y transmitiéndoles sus condolencias de forma cercana y sincera.
Felipe VI y la reina Letizia hicieron una breve pausa para despedirse de las autoridades, que abandonaron el recinto, pero decidieron permanecer más tiempo junto a los familiares. Saludaron a los 336 asistentes, dedicándoles varios minutos sin prisas, con la intención de no dejar a nadie sin atención y marcharse los últimos del pabellón. Uno de los instantes más emotivos se produjo cuando los padres de la princesa Leonor se detuvieron a conversar con tres niños. Ambos se agacharon para hablar con ellos, interesándose por sus historias y escuchándolos con atención.
Uno de los menores entregó una carta al monarca, quien la guardó cuidadosamente en su chaqueta. El gesto fue recibido con aplausos por parte del público, que agradeció la cercanía mostrada por los reyes. Letizia se quedó conversando durante varios minutos con una de las familiares, mientras el Felipe VI decidió esperar para continuar juntos el recorrido, sin dejar de atender a quienes deseaban compartir su testimonio. Aunque en algunos momentos los saludos se vieron interrumpidos por vítores desde las gradas, ambos procuraron no distraerse y seguir ofreciendo consuelo y apoyo a las familias en un momento marcado por el dolor y el recuerdo.