La vida nocturna pasa factura: los noctámbulos tienen un 16% más de riesgo de sufrir un infarto

Los noctámbulos tienen, en general, una peor calidad de vida que el resto de población

Un joven utilizando su móvil en la noche (Shutterstock)

Parece que en el ADN español estuviera insertada la costumbre de acostarse tarde. El modus operandi de nuestra sociedad también invita a ello: cenas tardías, programas de televisión que empiezan pasadas las diez y media de la noche, un bullente ocio nocturno... Sin embargo, la vida nocturna nos pasa factura en la salud.

Un amplio estudio dirigido por investigadores de Brigham and Women’s Hospital y la Escuela de Medicina de Harvard ha encontrado una relación entre las rutinas nocturnas y un mayor riesgo de ataque cardiaco y accidentes cerebrovasculares. Sus resultados ponen de manifiesto una relación entre los patrones de sueño y la salud cardiovascular.

La investigación, que ha sido publicada en la Journal of the American Heart Association, ha analizado las rutinas de sueño y la salud cardiovascular en una muestra de más de 300.000 adultos de mediana y avanzada edad. En el estudio se ha determinado que las personas que se consideran a sí mismas noctámbulas (más activas física y mentalmente a partir de la tarde y durante la noche) han mostrado, en general, peor salud cardíaca que la media de la población.

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Esta diferencia se manifiesta a través de una mayor probabilidad de sufrir eventos cardiovasculares y de no alcanzar los objetivos de salud recomendados para el bienestar del corazón.

El reloj circadiano, factor clave en los infartos

El principal elemento que explica esta diferencia radica en el ritmo circadiano, el “reloj biológico” que organiza funciones como el sueño, la vigilia, el ritmo cardíaco o la liberación de hormonas durante aproximadamente 24 horas. No existe un único patrón circadiano: mientras algunas personas se adaptan de forma natural a madrugar y ser más activas durante el día, otras presentan su mayor rendimiento en la franja nocturna.

El seguimiento, realizado a través del UK Biobank, ha permitido identificar que aproximadamente el 8 % de los participantes se considera noctámbulo, mientras que en torno a un 25 % se define como madrugador y el resto se sitúa entre ambos extremos. A lo largo de 14 años de observación, el colectivo de noctámbulos ha presentado un riesgo un 16 % superior de registrar un primer infarto de miocardio o un ictus en comparación con la media del grupo estudiado.

Este grupo, y en mayor medida las mujeres, ha obtenido además peores resultados globales al comparar el cumplimiento de los ocho factores de salud cardiovascular establecidos por la Asociación Americana del Corazón: actividad física regular, no consumir tabaco, sueño reparador, alimentación equilibrada, y control de la presión arterial, colesterol, glucosa y peso.

Dr López Rosetti - Dormir Bien

Los hábitos de vida marcan la salud del corazón

Las diferencias observadas apuntan, en buena parte, a la dificultad de los noctámbulos para adaptar sus rutinas a las demandas de un entorno social predominantemente matutino. Este conflicto entre los horarios laborales y el ritmo interno puede traducirse en falta de sueño, consumo de alimentos menos sanos o dificultad para incorporar ejercicio físico diario.

Según declaraciones de Kristen Knutson, experta de la Universidad Northwestern y responsable de una reciente guía de la Asociación Americana del Corazón sobre ritmos circadianos, todo ello provoca que no solo el sueño, sino la propia gestión del metabolismo o la elección de la dieta diaria, se vean afectados.

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