Manuel Carrasco volvió a sacar su corazón y sincerarse como nunca gracias a la nueva temporada de Lo de Évole. Lejos de limitarse a repasar éxitos o cifras, el cantante onubense aprovechó la conversación con Jordi Évole para mirar atrás y detenerse, con una honestidad poco habitual, en uno de los capítulos que marcaron su vida para siempre: su paso por Operación Triunfo.
Han pasado más de dos décadas desde que aquel joven de Isla Cristina, que se ganaba la vida como podía y soñaba con cantar, entró en la Academia del concurso musical que revolucionó la televisión española. Hoy, convertido en uno de los artistas más sólidos del panorama español, Carrasco reconocía este pasado domingo que aquella experiencia fue tan decisiva como compleja. “Un salvavidas en medio de un océano que me estaba ahogando”, admitió, pero también una sacudida emocional para la que nadie estaba preparado.
En la entrevista, grabada en Londres, el cantante recordó el miedo con el que afrontó el casting. No era ambición lo que le movía, sino la sensación de que, sin un golpe de suerte así, jamás se atrevería a dar el salto definitivo a la música: “Si no era por eso sabía que no me atrevería. Pasando la frontera de allí me iba a dar mucho miedo”. Y, aunque Carrasco quedó segundo en aquella edición, el éxito fue inmediato, y con él la incertidumbre.
El artista reconoció que nadie sale indemne de un fenómeno de ese calibre. La fama repentina, los conciertos multitudinarios y la atención constante generaron una realidad difícil de asimilar. “Yo creo que nadie que sale de un programa así sale bien del todo. Nadie está preparado para un cambio así“, reflexionó, con la distancia que dan los años.
“La mitad de los derechos de las canciones no son míos“
Uno de los puntos más delicados de su relato tiene que ver con las condiciones profesionales que siguieron al concurso: “Sabiendo lo que ya sé no volvería a OT”. Carrasco explicó que firmó un contrato largo, de varios años, que cumplió íntegramente, en parte porque las ventas acompañaban y en parte porque no se sentía con la fuerza suficiente para protestar: “Yo creo que fui el único que cumplió ese contrato. Quizás a mí me iba bien y porque no me quejaba. Te estoy dando esto, no te quejes. Todos mis primeros discos, todas mis primeras canciones, siendo el autor completo, la mitad de los derechos de las canciones no son míos“.
El contraste entre el fenómeno televisivo y la realidad posterior fue, quizá, el golpe más duro. Tras cantar ante miles de personas en la gira conjunta del programa, su primer concierto en solitario reunió apenas a unos 300 asistentes: “En casa contaba que estaba bien, qué iba a decir, si en principio yo parecía que estaba viviendo una vida idílica. Guardo una tristeza en algún rincón de aquellos primeros años, de no saber muy bien dónde estaba ni cómo enfrentarme a todo lo que me estaba pasando“.
Y es que, el onubense reconoció que hubo un momento en el que decidió pelear por su carrera: “Y cuando te quejas saliendo de un programa así, te conviertes en alguien incómodo. Yo era incómodo, pero rentable”; de hecho, admitió que estuvo a punto de tirar la toalla: “Ahí aprendí que no iba a pasar por el aro. Llegó un momento en que pensé: ‘Me voy a mi casa a pintar’”.