Irene de Grecia, hermana pequeña de la reina Sofía, ha fallecido este jueves 15 de enero a los 83 años, tras varios años haciendo frente a una delicada enfermedad cognitiva. La princesa del país heleno, que vivía junto a la reina emérita en el Palacio de la Zarzuela, ha sido uno de los grandes apoyos de nuestra realeza en nuestro país.
Casa Real ha emitido un comunicado a los medios en el que afirman que la tía de Felipe VI ha fallecido a las 11:40 de esta mañana en Madrid. La última semana, la salud de la princesa Irene de Grecia se había deteriorado de forma notable. Tal como ha notificado la Casa Real, doña Sofía ha suspendido todos sus compromisos públicos en los últimos días para permanecer junto a su hermana en sus horas finales. Enferma desde hacía años por un deterioro cognitivo, la hija menor de los reyes Pablo y Federica de Grecia presentaba un estado físico cada vez más delicado.
Discreta, espiritual y profundamente apegada a sus seres queridos, la princesa Irene ha sobresalido siempre por su perfil alejado de los focos habituales de la realeza europea. Tal como ha explicado la Casa Real en su comunicado, más allá de su título, Irene desempeñó un papel esencial en el ámbito privado, siendo un referente cercano para sus familiares. Nunca contrajo matrimonio ni tuvo descendencia propia, pero fue una figura fundamental para sus sobrinos españoles, quienes la apodaban con cariño ‘tía Pecu’, en alusión a su personalidad singular.
La vida de Irene de Grecia
A lo largo de su vida, la princesa ha mantenido una relación muy estrecha con sus hermanos, en particular con doña Sofía y el ya fallecido rey Constantino de Grecia. Tras acompañar a su madre, la reina Federica, por diferentes países, Irene de Grecia eligió Madrid como residencia definitiva, donde ha permanecido junto a la reina Sofía, su confidente y mano derecha. Ambas compartieron intereses y aficiones, como la arqueología, campo en el que trabajaron codo con codo e incluso llegaron a escribir en equipo dos libros sobre sus descubrimientos.
Dedicada a causas solidarias, Irene de Grecia llevó una vida discreta y sencilla, volcada en actividades culturales y humanitarias. Su afición por la música la llevó a formarse como concertista de piano con la reconocida Gina Bachauer. Además, sentía pasión por la espiritualidad, la cultura hindú, la ufología y la arqueología, disciplinas que marcaron sus intereses a lo largo de las décadas.
Nacida en Ciudad del Cabo (Sudáfrica) el 11 de mayo de 1942, Irene fue la menor de los vástagos de Pablo y Federica de Grecia. Su primera infancia se desarrolló entre distintos países, desde Sudáfrica hasta Egipto, hasta que la familia regresó a Grecia en 1946. Aquella etapa, signada por los desplazamientos y la sensación de desarraigo, supuso una experiencia compleja pero enriquecedora, tal como se relata en el libro Irene de Grecia: la princesa rebelde, de Eva Celada, donde la propia princesa recordaba cómo supo “ver el lado positivo a todo” y adaptarse a circunstancias adversas.