La saturación de los servicios sanitarios españoles dificulta a muchos acceder al médico cuando lo necesita. Según el último Barómetro Sanitario del CIS, un 24,3% de la población ha tenido problemas para acceder a su médico de familia cuando lo ha necesitado, con un tiempo de espera medio que supera la semana.
La atención hospitalaria no muestra mejores cifras: los pacientes tardan de media 140,21 días para tener una primera consulta con su especialista y alrededor de un mes en realizar las pruebas diagnósticas que necesitan. Las esperas son especialmente largas para las colonoscopias, con una media de 113 días, que dobla a pruebas como el TAC (56 días).
Con un sistema atascado, muchos profesionales piden mejoras en las condiciones laborales que les permitan dar una mejor atención, pero también reclaman a la sociedad que haga un uso responsable de los servicios sanitarios para evitar una mayor saturación. Esta llamada ha hecho que algunos ciudadanos se lo piensen dos veces antes de acudir a las Urgencias de su hospital más cercano, en ocasiones subestimando los síntomas de su cuerpo.
Ignorar estas señales es especialmente peligroso con los más pequeños. Por ello, el pediatra de Urgencias David Andina ha explicado en sus redes sociales las 10 situaciones más frecuentes para acudir al hospital con un niño pequeño. “En muchas ocasiones los padres o cuidadores no lo identifican así”, lamenta.
Fiebre, vómitos y dificultad para respirar
La fiebre suele ser un indicador relevante de que algo no va bien en el cuerpo humano. En niños menores de 2 meses, Andina recomienda acudir a urgencias si la temperatura axilar o rectal supera los 38 grados, especialmente entre los menores de 21 días. “La posibilidad de una infección bacteriana grave en esta franja de edad es mayor y será necesario realizar análisis de sangre y orina”, explica.
En niños algo mayores, se debe acudir al médico cuando la temperatura supera los 40,5 grados (tomada con termómetro axilar). “Por encima de esa temperatura aumenta el riesgo de infección bacteriana, por lo que suele ser necesario realizar una analítica de sangre si no hay un foco tras la exploración”, dice.
Del mismo modo, la fiebre acompañada de cojera puede ser motivo de preocupación. “La cojera tras procesos infecciosos banales es frecuente en niños pequeños y se trata con reposo e ibuprofeno (sinovitis), pero si tiene fiebre y cojera suele precisar una analítica de sangre para descartar una infección osteoarticular que precise antibiótico”, indica el pediatra. También debe acudirse al hospital si la fiebre viene acompañada de manchas rojas en la piel (petequias), pues “pueden ser indicativo de una infección bacteriana grave”.
Otra situación peligrosa es la dificultad para respirar. Esta puede ser difícil de identificar para los padres, pero el especialista da algunas señales que deben despertar las alertas de los tutores: “Se le marcan las costillas y el cuello, respira muy rápido, presenta respiración abdominal, se escuchan ‘pitidos’ al respirar o hace ‘ruido’ al coger aire”.
Asimismo, se debe acudir a Urgencias si se sospecha el menor padece mastoiditis, es decir, infección del hueso mastoideo del cráneo. “La aparición de inflamación y enrojecimiento detrás de la oreja junto con la sensación de despegamiento del pabellón auricular es una complicación de las otitis medias que, de confirmarse, suele exigir ingreso para tratamiento antibiótico intravenoso", explica Andina.
El dolor también puede ser motivo de ir a urgencias. En niños de entre 6-24 meses, la presencia de dolor abdominal cólico intermitente (“llora con fuerza, sin consuelo, encoge las piernas”) puede indicar un trastorno conocido como invaginación, una afección en la que parte del intestino se introduce en otra parte adyacente bloqueando el paso de los alimentos.
Si los niños presentan dolor testicular, se debe acudir siempre a Urgencias “ante la posibilidad de una torsión testicular que precise tratamiento quirúrgico”, añade el doctor Andina, si bien son cuadros más frecuentes en adolescentes.
Por último, el médico pide acudir al hospital “Si un niño presenta decaimiento y pérdida de peso progresiva, come mucho (polifagia), bebe mucho más líquido de lo normal (polidipsia) o hace mucho pis (poliuria), también por la noche (nicturia) y en la cama (enuresis)”, pues pueden ser signos de debut diabético.