Entre 1990 y 1993 se emitía en Telecinco La quinta marcha, programa musical dentro de la franja matinal. Aunque entre sus presentadoras principales se encontraba Penélope Cruz, esta terminó dedicándose en cuerpo y alma al cine. Por ello, fue sustituida por Natalia Estrada, quien años más tarde se convertiría en una estrella de la televisión italiana. Ahora, hace tiempo que decidió dejar el mundo de la televisión y el espectáculo para dedicarse a una actividad más campestre.
Natalia tras las cámaras
A la temprana edad de 18 años, Natalia Estrada dejaría Gijón, su tierra natal, para mudarse a Madrid y aprovechar una oportunidad de oro: sustituir a Penélope Cruz en el que estaba siendo uno de los programas más vistos de la televisión española. Gracias a esto, la actriz y presentadora adquirió mucho éxito. Sin embargo, este duró poco, pues unos años más tarde decidió alejarse de todo este mundillo.
En 1994 Natalia se casó con el italiano Giorgio Mastrota, junto al que se instaló en Milán. Allí, comenzó una nueva carrera como actriz y presentadora de la televisión italiana. Allí condujo espacios como Discoring, Il Quizzone o Campioni di ballo.
En el año 2002 volvió a España para presentar el concurso Armas de seducción en Telemadrid y Canal Sur. Poco después, hacia el 2006, formó parte del concurso de monólogos El club de Flo, de La Sexta. Este sería su último proyecto dentro de la pequeña pantalla. Desde entonces, su paradero ha sido muy diferente a lo que nos tenía acostumbrados.
En contacto con la naturaleza
Un día, Natalia Estrada decidió que era hora de decirle adiós al mundo de las pantallas y volver a sus raíces campestres. Y así, sin pestañear, abrió un negocio junto al que actualmente es su marido: Andrea ‘Drew’ Mischianti. Se trata de un centro de equitación llamado “Ranch Academy”, un proyecto que está teniendo mucho éxito en la zona donde viven. Hace un tiempo, la ex actriz y presentadora le contaba al periódico italiano Corriere della Sera lo feliz que está con su nuevo estilo de vida.
“Me conquistó el mundo de los caballos, de la ganadería y el trabajo de vaqueros. Me levanto cada día a las cinco y media de la mañana. Vivimos en el campo y criamos ganado a la antigua usanza”, contaba Natalia. De hecho, su amor hacia el arte de cuidar a los caballos y domarlos para sus diferentes actividades, las cuales se pueden ver en su página web.
Tal es su amor por este arte que ella y su marido publicaron un libro titulado Horsepower, en el que cuentan sus aventuras por el mundo a través de fotografías.
Cómo surgió esta pasión
A Natalia Estrada le gustan los italianos, como hemos podido comprobar tras mantener a día de hoy su segunda relación con uno. Tras finalizar su historia de amor junto a Giorgio Mastrota, “el Rey de las Teletiendas”, se casó con Andrea ‘Drew’ Mischianti. Este cautivador italiano es un instructor de Equitación estadounidense y campeón de Lazo, al que Natalia acudió para tomar algunas clases sobre esta disciplina.
Desde ese momento, surgió el amor, no solo de pareja, sino de Natalia hacia los caballos y sus diferentes vertientes. La pareja creó su rancho y también ha viajado por todo el mundo impartiendo clases y acudiendo a competiciones.
Además, la asturiana volvió a su tierra natal para disfrutar de la que a día de hoy es su pasión. Y es que, en 2024 viajó a Gijón para impartir un curso intensivo en el Chas (Club Hípico Astur). “Cumplí mi sueño de volver a Gijón con los caballos, y demostrar también que se puede cambiar de vida, pasar de página y dedicarse a otra cosa que aparentemente es muy diferente, pero que tiene que ver mucho con el baile y mis raíces en Asturias”, le contó a La Nueva España en una entrevista.
A pesar de darse cuenta al tiempo de iniciar su carrera como actriz y presentadora, Natalia ya sentía devoción hacia estos animales cuando era pequeña. Según contó durante su última visita a Gijón: “mi abuelo era con el que iba a ver al Concurso Internacional de Saltos de niña”. Para llegar a ser una absoluta profesional de la equitación, la asturiana ha tenido que dedicarle muchísimo tiempo y desde que comenzó, no ha habido un solo día que no se haya subido a un caballo.