Más de seis millones de personas han visto pasar por su timeline la pelea de dos vecinos en España. Una imagen ha capturado la comunicación entre ambos a través de notas que dejan colgadas en las zonas comunes del edificio. Los ladridos del perro de uno no dejan descansar al otro, según expresa en su mensaje, un problema que parece recurrente. “Tu perro/a no ha parado de ladrar en todo el fin de semana. ¡¡Es insoportable!! Busca una solución. ¡¡Por favor!!”, reclama.
La respuesta no ha sido amigable, pues el propietario parece cansado de escuchar una y otra vez la misma queja de su vecindario (casi tanto como ellos de los ladridos del animal). “Mi perro/a es parte de mi unidad familiar, según la Ley de Protección Animal. Te voy a dar una solución: ¡¡Múdate, por favor!!”, escribe en su cartel, no sin antes dejar claro que no quiere recibir “más notas por debajo de la puerta” de su casa.
Si para algunos puede ser entendible el hartazgo del amo del perro, lo cierto es que la ley no le ampara demasiado en cuanto al ruido que ocasiona. Tampoco la normativa de protección animal, que no menciona en ninguno de sus artículos los ruidos que puedan generar las mascotas. El texto sí insiste en “promover la tenencia y convivencia responsable”.
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¿Qué dice la ley?
La Ley de Protección de los Derechos y el Bienestar Animal sí deja bien claro que los dueños deben “educar y manejar al animal con métodos que no provoquen sufrimiento” y ejercer una “adecuada vigilancia” de la mascota. En todo caso, el dueño “será también responsable de los posibles daños, perjuicios o molestias” que pueda generar su mascota, según establece el artículo 24.3.
Otra normativa relevante en el caso es la Ley 37/2003 del Ruido, que protege la calidad acústica de la población. Son las ordenanzas municipales las encargadas de fijar los horarios de ruido y los límites de decibelios que no se deben sobrepasar. De forma general, los ayuntamientos permiten ruido entre semana desde las 8:00 horas hasta las 21:00 o 22:00 horas. Los fines de semana y días festivos, se reduce y no se permite realizar ruido hasta las 9:30 horas. En cuanto a los decibelios, normalmente no se permite superar los 35-40 decibelios durante el día y los 25-30 durante la noche.
En este particular caso, habría que medir exactamente los decibelios de los ladridos del perro, un trabajo que puede ejercer la policía ante la llamada de los vecinos molestos. En algunos casos, estos sonidos han llegado a superar los 68 decibelios, muy por encima de los límites permitidos. Eso ocasionó que, en el año 2018, un juez sevillano decretase que los ladridos y aullidos de los perros son contaminación acústica.
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¿Qué hago para que mi perro deje de ladrar?
Es normal que un pedro ladre o aúlle, pero no podemos dejar que el ruido sea constante y atronador o podremos meternos en un problema. Un buen adiestramiento suele ser la respuesta ante este tipo de situaciones, según los expertos.
El primer paso estará en entender por qué ladra nuestro animal: puede ser que intente advertirnos de que necesita o quiere algo, que se emocione a la hora de jugar con un perro o que sienta ansiedad porque le has dejado solo en casa, entre otros motivos. Enseñarle a llamar tu atención de otras maneras, intentar calmarlo antes de jugar para reducir la ansiedad o dejar música puesta cuando tienes que marcharte unas horas de casa son algunas herramientas recomendadas ante estos casos.