
En Morella, un municipio situado al norte de la provincia de Castellón, la gastronomía local sorprende con una singular versión de uno de los platos más clásicos de la cocina española: las croquetas. Las que se hacen en los bares y restaurantes de Morella no son croquetas comunes, sino las conocidas como croquetas morellanas, una especialidad que destaca por su singular forma triangular o de media luna y que se origina del aprovechamiento de la carne del cocido tradicional.
La elaboración de esta receta tradicional es un proceso sencillo que se ha transmitido de generación en generación. “Es una tapa que se hace en todos los restaurantes del pueblo pero también es muy típico hacerlas en casa”, explica Raquel Adell, responsable de marketing de la empresa Croquellanas, a Infobae España. Ellos se encargan de comercializar a gran escala este tradicional producto, unas croquetas que nacieron siguiendo la receta clásica y que ellos han versionado con diversos rellenos.
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“Con estas cosas, como es tradición, cada uno las hace de una forma”, explica Raquel sobre esta receta morellana. La fórmula básica de esta elaboración consiste elaborar un relleno de carne, acompañado por una bechamel más ligera de lo habitual, con una oblea humedecida, ya sea con agua o con huevo. Luego, esta oblea se dobla, creando una forma triangular o de media luna, y se reboza en huevo y pan rallado. Finalmente, se fríen en aceite como una croqueta normal.
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La croqueta morellana nace en realidad a partir de otra de las delicias típicas de Els Ports de Morella, la sopa morellana o potaje. Para esta receta es necesario elaborar un caldo a base de diferentes carnes, carnes con cuyas sobras se elabora la croqueta de Morella. Como ocurre con las clásicas, se trata de una receta de aprovechamiento que le da una segunda vida a estas carnes de cerdo, ternera y pavo.
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Aunque visualmente recuerdan a las empanadillas, para los habitantes de Morella, estas delicias tienen personalidad propia. “Está a medio camino, porque tiene características de croqueta y de empanadilla, pero es una cosa diferente”, asegura la representante de Croquellanas.
Esta compañía, que comenzó su proyecto en 2007, nació con la idea de elaborar las recetas típicas de la zona de manera artesanal para que los sabores típicos de la zona pudieran llegar lo más lejos posible. ”De esta forma, desde Morella la podíamos vender a Benicarló, a Peñíscola, a Castellón, pues este producto tradicional de Morella lo conocía ya muchísima gente. Morella es un pueblo superturístico y muchísima gente subía exclusivamente a probar esto”, explica Raquel Adell.
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Sin duda, la mejor forma de degustarlas es pasearse por los restaurantes morellanos, en los cuales las tradiciones gastronómicas se mantienen vivas y se presentan con orgullo a propios y visitantes. Además de este plato, que enamora dentro y fuera del pueblo castellonés, en los bares y tabernas de Morella se pueden disfrutar las delicias de la tierra como la carne de cordero, los embutidos, los potajes o los flaons, su dulce estrella: un postre en forma de empanadilla de media luna rellena de requesón, almendra, azúcar y canela.
Morella, un pueblo amurallado ideal para el turismo rural
A solo dos horas de trayecto en coche desde la ciudad de Valencia, o una hora y media desde Castellón, este pueblo castellonense tiene cerca de 2.500 habitantes que cada día se levantan resguardados por una de las fortalezas más imponentes del Mediterráneo.
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Morella es un pueblo para todo tipo de viajeros, desde los que quieren recorrer cada rincón de la serranía, hasta los que simplemente desean descansar y relajarse paseando por las callejuelas. Además, este pueblo medieval amurallado se encuentra en la lista de los pueblos más bonitos de España, un reconocimiento que pone en valor la belleza de sus calles y monumentos.
Antes de cruzar sus murallas, desde la lejanía, ya se puede apreciar uno de sus mayores atractivos: el castillo, situado en la parte alta de la localidad. El castillo se construyó entre los siglos XIII y XIV, sobre una roca natural que ya había estado habitada por civilizaciones anteriores, según los restos que se encontraron en la zona, pertenecientes al Neolítico o la Edad de Bronce.
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Otros atractivos históricos que también atraen a muchos de los turistas que pasan por el pueblo son el Convento de San Francisco, la Iglesia arciprestal Santa María la Mayor (uno de los templos más bellos del Mediterráneo por su arquitectura gótica), y las Torres de San Miguel (fueron construidas en el s. XIV y son el acceso principal al pueblo).
Eso sí, para disfrutar de su belleza no hace falta acudir a ningún monumento, ya que el paisaje que lo rodea y las vistas de las calles inclinadas son suficientes. Las fachadas están muy bien conservadas y siguen una tonalidad ocre que hace del otoño una muy buena época para visitar el pueblo.
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Como explica Raquel, el turismo es una de las actividades más importantes en Morella, un pueblo que recibe visitantes durante prácticamente todo el año. De hecho, Morella fue incluido en la lista de los mejores pueblos turísticos de 2021 elaborada por la Organización Mundial del Turismo, un listado que incluye a aquellas localidades que están comprometidas en hacer del turismo un aspecto clave de su desarrollo y prosperidad.
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