Kylian Mbappé es la tranquilidad personificada mientras los focos no dejan de apuntarle. La estrella del PSG está en el centro de todas las miradas por las dudas que suscita su futuro, que cada vez parece más alejado de la capital francesa. Las dimensiones del culebrón ya superan con creces su edición del verano pasado, cuando todo se resolvió bastante rápido y sin la tensión que caracteriza al caso este 2023. Cada bando tiene muy claras sus pretensiones y nada hace indicar que vaya a haber un punto de encuentro.
Por un lado, la gerencia del conjunto parisino, que quiere vender a Mbappé a toda costa antes o después y que se niega a dejar salir gratis al futbolista. Por otro, el propio interesado, que, hay que reiterarlo, ni se inmuta a la espera de acontecimientos: no va a prolongar su vínculo con el PSG más allá de 2024 y, si las circunstancias son propicias, no le importará quedarse hasta el próximo verano y salir entonces, seguramente al Real Madrid. Eso sí, la llegada al conjunto blanco todavía puede adelantarse, porque la hostilidad que le transmite su actual club crece por momentos.
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El mensaje de los rectores del campeón francés no puede ser más clarividente: o Mbappé se marcha o puede enfrentarse al más absoluto ostracismo. La pretensión del PSG es tensar la cuerda al máximo para que su hasta ahora jugador franquicia tire la toalla y abandone la entidad. Es lo que se buscó tanto apartándole de la gira de pretemporada por Japón y Corea del Sur como poniéndole a entrenar con los descartados. Con ellos va a continuar, por lo que no jugará hasta nueva orden. De hecho, desde la organización se jactan de que no temblará el pulso si tienen que dejar en la grada a la perla de Bondy durante toda la temporada. Una amenaza sin fundamento si se tiene en cuenta la legislación gala.
Mbappé, respaldado por la ley
Si termina el mercado de fichajes y Mbappé no se ha ido, el PSG está obligado por la Carta Profesional de Jugadores, firmada por Liga, Federación y Sindicato de Jugadores en Francia, a volver a incluirle en la dinámica del primer equipo. Es el artículo 507 de este documento el que impide apartar por motivos extradeportivos (no querer renovar) al hombre del momento en el mercado de fichajes del fútbol.
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De hecho, el PSG debería estar al corriente del farol que se está marcando, puesto que ya vivió una situación similar en 2017. Entonces, Hatem Ben Arfa, que quedó sentenciado para el presidente Nasser Al Khelaïfi, acudió al Comité Jurídico de la LFP francesa, que falló a su favor. Cierto es que después no fue convocado en ningún partido (algo que no va en contra de la ley, porque se interpreta como una decisión deportiva), pero sí se le permitió seguir entrenándose y haciendo uso de las instalaciones del PSG.
Por lo tanto, Mbappé tendría todas las de ganar si acude a la justicia, en el caso de que siga en su ciudad y no se le proporcionen las mismas oportunidades que a sus compañeros. Si continúa en la próxima urbe olímpica el 3 de septiembre, el PSG no tendrá más remedio que ceder y ponerle a trabajar con el grupo, al menos sobre el papel. Teniendo en cuenta su trascendencia futbolística, nada hace pensar que Luis Enrique fuese a dejarle sin convocar toda la campaña, como hizo Unai Emery con Ben Arfa.
El Sindicato de Jugadores ya ha dejado muy claro que defenderá a Mbappé en el caso de que siga en el PSG y no se le permita desarrollar su actividad como profesional con normalidad. Un conflicto de tribunales no sería lo más deseable para el crack. Tampoco no poder gozar de un protagonismo considerable en un año con Eurocopa y Juegos Olímpicos. De ahí que gane tanta fuerza el escenario del traspaso, aunque eso supusiese dejar, antes de lo previsto y deseado (en la teoría), tierras parisinas.
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