La música disco como antídoto contra el aislamiento es la idea que Madonna pone en el centro de su entrevista con Vogue, publicada con motivo de la portada de julio de 2026 y del lanzamiento de Confessions II el 3 de julio.
Madonna dijo que su nueva música de baile es un antídoto contra el aislamiento porque busca crear comunidad y conexión en una época en la que, según explicó a Vogue, los teléfonos inteligentes dan una ilusión de cercanía, pero no sustituyen el contacto real. Para la artista, la pista de baile ofrece una experiencia compartida que libera el cuerpo y la mente y abre paso a una conciencia más profunda.
En esa conversación con Vogue, la cantante presenta Confessions II como su 15º álbum y como la secuela, 20 años después, de Confessions on a Dance Floor. El proyecto marca además su reencuentro creativo con Stuart Price, que ya había trabajado en aquel disco y en el Celebration Tour como director musical.
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“Por unos años quise trabajar con otras personas, hacer otras experiencias, pero luego nos reencontramos para mi Celebration Tour, del que Stuart era director musical, y ahí recordamos cuánto nos gustaba trabajar juntos, cuánto estábamos conectados no solo a nivel sonoro, sino también intelectual y emocional”, dijo Madonna desde su casa de Londres.
“Al principio no sabía si haría un nuevo Confessions, pero en el estudio se recreó enseguida nuestra sintonía casi telepática, que nos empujó a seguir. Y cuando decidí mudarme de Nueva York a Londres, donde vive él, lo interpreté como la señal de querer llevarlo hasta el fondo”, explicó.
Confessions II como respuesta al aislamiento
La tesis central del álbum, según la propia artista, gira alrededor de la conciencia, la libertad y la comunidad. En su diálogo con Vogue, Madonna rechaza la idea del baile como un gesto vacío y lo define como una experiencia de conexión: “Es un álbum que habla de conciencia y de libertad. Bailar no es un acto sin sentido, sino que permite crear un sentido de comunidad y de conexión”, afirmó.
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“Hoy, con los teléfonos inteligentes, ya no entramos realmente en contacto, aunque nos hagamos la ilusión de que sí”, añadió.
La cantante describió además la pista de baile como un espacio con dimensión casi ceremonial: “Cada pista de baile es un lugar ritual en el que liberas el cuerpo y la mente; la ansiedad se va y tienes la posibilidad quizá de llegar a un estado de conciencia más profundo”.
Madonna añadió que esa relación con la danza sigue presente en su vida cotidiana: “Claro que bailo, lo hago por trabajo, pero también en la cocina, después de cenar, con mis hijos”.
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La comunidad de la pista de baile frente a los algoritmos
El disco también mira a los orígenes de su carrera y a la cultura de club de Nueva York. Uno de los temas se titula Danceteria, en alusión al club donde, recordó, comenzó a abrirse camino y conoció a personas decisivas en su trayectoria.
“Ahí conocí a Martin Burgoyne y Debi Mazar, que se convirtieron en mis mejores amigos. Pero también a Mark Kamins, el primero en poner mi demo de Everybody, que me consiguió mi primer contrato discográfico”, recordó.
A partir de ese recuerdo, Madonna criticó al presente de la industria musical: “Antes estabas rodeada de pintores, músicos, bailarines, artistas, todos concentrados en un mismo lugar, y trabajaban con una cierta pureza. Valoro mucho esa experiencia, hoy no creo que muchos la vivan”.
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“Hoy, para tener un contrato discográfico, se piensa en cuántos seguidores tienes. Por eso en Bring Your Love digo ‘Don’t try to distract me with numbers’, porque yo empecé sin pensar en las listas ni en las reproducciones en plataformas”, señaló.
La artista también retomó esa idea en I Feel So Free, donde canta “That’s why I like to go dancing / Safety in numbers”: “Es el concepto opuesto; en este caso el número te da seguridad, mucha gente entre la que no te sientes juzgada, entre la que puedes esconderte”.
Ese impulso de desaparecer por momentos, dijo, también forma parte de su proceso creativo. “Al 100%. Últimamente es difícil porque trabajo en el álbum y en todo lo que gira a su alrededor, pero a veces me gusta tomarme pausas, desaparecer un poco”.
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“Solo así puedes alimentar tu imaginación. Necesito calma, conectarme con la naturaleza, mis hijos, mis caballos”, agregó.
La comunidad queer y las referencias personales
La dimensión comunitaria del álbum aparece también en su vínculo con la comunidad LGBTQIA+, a la que Madonna definió como un apoyo constante desde sus inicios: “Siempre fue mi primera aliada, desde mi profesor de danza en Michigan, que creyó en mí y me llevó a un club donde descubrí que se podía ser uno mismo libremente y sin prejuicios”.
La artista ligó esa relación a la crisis del sida y a una idea de reciprocidad: “Para mí, las personas queer siempre estuvieron ahí, y cuando estalló la pandemia de sida me dije que era mi turno apoyarlas a mi vez, y todavía lo hago frente a cada obstáculo de la sociedad. Quiero protegerlas como ellas siempre me protegieron a mí”.
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En la parte más íntima de la conversación, la cantante abordó el tono introspectivo de varios pasajes del álbum, entre ellos Fragile, dedicada a su hermano Christopher, fallecido en 2024.
Al final, dejó una respuesta menos ligada al lanzamiento y más a su vida privada. “Creo que pocos están realmente interesados en mi espiritualidad. Es algo que mantengo muy privado, porque es precioso para mí. Pero es lo que me ayuda a poner todo en perspectiva, y sin eso no sé cómo habría llegado hasta aquí”, dijo.